Viajar para contarlo. Una revolución que está tocando nuestras puertas

Para revista Viajeros 32

No me queda ninguna duda, la revolución que estamos viviendo los peruanos empezó cuando Gastón Acurio, el célebre cocinero de la exclusiva lista de San Pellegrino, decidió abrir en 1994 su primer restaurante limeño. Los cuarenta y cinco mil dólares que a duras penas pudo juntar gracias al apoyo de amigos y familiares fueron suficientes para echar a andar el sueño, ese que ingas y mandingas, peruanos de todas las condiciones sociales, hicieron suyo, el de un país a punto de reconciliarse con su historia, sus tradiciones, su estructura más interior. El de un país que está aprendiendo a mirarse a sí mismo, a viajar por sus entrañas…

La cocina peruana se ha vuelto un arma de combate contra las exclusiones y sus fogones, olores y sabores, no hay que ser muy zahorí para advertirlo, han contribuido muchísimo más a transformar la sociedad peruana que todas las aventuras políticas que hemos tenido que soportar en las últimas décadas. Cuarenta mil millones de soles, el 11.2 % de nuestro PBI, se mueven alrededor de la gastronomía peruana; cinco millones de personas, directa o indirectamente, están involucrados en una actividad capaz de generar el doble de dinero que el que produce la minería. Las cifras hablan por sí solas: 120 escuelas de cocina funcionan en el Perú, 50 mil jóvenes se preparan en sus aulas para integrarse a una revolución productiva que nos ha devuelto la esperanza; el 48 % de las turistas que ingresan por el aeropuerto Jorge Chávez lo hacen atraídos por nuestra comida. Lo ha dicho el influyente periodista Jaime Bedoya, Gastón es uno de “los más proactivos, impulsores de la autoestima y la identidad nacional”.

El turismo en la mira
“La clave está en entender que somos una gran nación, con una gran cultura viva” señaló el propio Acurio en el célebre discurso que diera en el 2006 durante la inauguración del año académico en la Universidad del Pacífico. En esa disertación Gastón expuso por primera vez su hoja de ruta, su intención de transformar el destino de un país que empezaba a dejar atrás la agonía de treinta años de terrorismo y crisis económicas. En la perorata que cientos de estudiantes siguieron con atención, llenos de entusiasmo, el creador de Astrid & Gastón confesó su deseo de generar una serie de negocios novedosos alrededor de la cocina peruana y las marcas que ésta fueran generando. “Crearemos, lo dijo, lo tengo grabado, una cadena de hoteles boutique en lugares paradisíacos de nuestro país, con un espíritu peruano latino, donde el diseño, el buen precio, el servicio pero espontáneo y la gran cocina avalada por nuestras marcas serán la clave de su crecimiento y de su internacionalización”.

Gastón ha seguido revitalizando durante los últimos años el sueño del país que todos queremos. Una universidad en los arenales de Ciudad Pachacútec, en Ventanilla, uno de los rincones más pobres de la nueva Lima; la organización de los festivales gastronómicos Mistura, la inauguración de nuevos emprendimientos culinarios a lo largo del mundo, giras de promoción, conferencias, publicaciones de libros, reconocimientos y galardones lo han tenido al filo de la navaja, ocupadísimo en ajetreos de todo tipo y también en ganar para la causa a personalidades tan influyentes como Ferran Adrià, el cocinero catalán del restaurant El Bulli, considerado alguna vez por la revista Time como una de las diez personalidades más innovadoras del planeta. Adrià se ha convertido en un visitante frecuente y en un embajador muy animoso de la marca Perú: “es increíble que en vuestro país los chicos tengan tanto interés en ser cocineros como antes lo tenían por ser futbolistas”, lo dijo el mismo día que apuntó esta otra flor: “Gracias a su cocina el Perú es un fenómeno mundial”.

Sigo la prédica de Gastón desde hace mucho tiempo y como él pienso que las oportunidades para convertir “lo nuestro” en un activo cultural y natural de primer orden sigue siendo una tarea pendiente, un ejercicio para la imaginación y el espíritu emprendedor de los habitantes de una nación privilegiada, con más de diez mil años de historia y todos los climas del planeta. Lo dijo alguna vez el gran José María Arguedas: “No hay país más diverso, más múltiple en variedad terrena y humana; todo los grados de color y de calor, de amor y odio, de urdimbres y sutilezas, de símbolos utilizados e inspiradores. No por gusto, como diría la gente común, se formaron aquí Pachacámac y Pachacútec, Huamán Poma, Cieza y el Inca Garcilaso, Túpac Amaru y Vallejo, Mariátegui y Eguren, la fiesta del Qoyllur R’íti y la del Señor de los Milagros; los yungas de la costa y de la sierra; la agricultura a cuatro mil metros; patos que hablan en lagos de altura donde todos los insectos de Europa se ahogarían; picaflores que llegan hasta el sol para beberle su fuego y llamear sobre las flores del mundo”.

Es imprescindible tomar por asalto ese cielo que se nos está presentando y convertirlo en una constelación de productos, conceptos y marcas que revolucionen el statu quo y asombren al mundo. Como lo dijera Acurio en ese discurso, tenemos que ser los suficientemente hábiles para sacarle provecho a los nuevos tiempos y sembrar nuestro camino de propuestas peruanas en artesanía, diseño, moda, joyería, agricultura y productos orgánicos, música y tantas otras actividades e industrias donde nuestro valor diferencial asombra al mundo.

En esa lógica el turismo debería ser el próximo territorio a conquistar, la próxima batalla por ganar. Se trata de otro concepto, de otra idea-fuerza con capacidad de generar amor propio y conciencia de pertenencia. Eso lo han entendido muy bien los principales capitanes de barco del sector turismo y los funcionarios de Prom Perú, la activa oficina gubernamental de promoción de las exportaciones y el turismo. Gracias al esfuerzo de este tándem y al empeño de miles de emprendedores a lo largo y ancho de nuestro territorio las estadísticas se han disparado favorablemente: este año arribarán a nuestro país 2 millones 800 mil turistas extranjeros y se estima que serán 36 millones los peruanos que realizarán viajes por el interior en el 2013. Hoy por hoy el turismo representa la tercera fuente de divisas, ha logrado superar el millón de empleos a nivel nacional y es un sector que aporta más de 3 mil millones de dólares a la economía peruana. Un boom sin precedentes que estamos empezando a capitalizar.

Un país para viajarlo todo
Las oportunidades para seguir creciendo, de convertir al turismo en un artículo de primera necesidad, son todavía inmensas. Claudia Cornejo, viceministra de Turismo, comentó hace unos días, durante la presentación del Plan Estratégico Nacional de Turismo (PENTUR), que los objetivos trazados para el año del Bicentenario son todavía más promisorios: cinco millones de visitas al año, generación de divisas por US$ 6,852 millones y un millón 274 mil
empleos.

En esa línea de crecimiento se circunscribe la campaña “¿Y Tú que Pones?” que lanzó en octubre pasado el Ministerio de Comercio Exterior y Turismo (MIncetur) para promover el turismo interno y crear una cultura de viajes entre los peruanos. Se trata de una estrategia, lo ha dicho María Soledad Acosta, sub directora de Promoción de Turismo Interno de Prom Perú, “que intenta construir una cultura de viaje que haga posible que los peruanos se planteen en sus tiempos libres la posibilidad de conocer, de viajar, de salir por el Perú”.

Para hablar de esto y de otros temas vinculados a valorar lo nuestro visité a Ernesto Melgar, gerente de Comunicaciones y Marca del Banco de Crédito del Perú (BCP). Sostengo desde hace muchos años que los peruanos somos viajeros por antonomasia, tenemos en nuestro ADN nacional el gen del movimiento perpetuo. Desde las épocas aurorales, desde que descubrimos que la única manera de dominar los extremos del territorio que nos tocó poblar pasaba por controlar sus variados pisos ecológicos, hicimos de los caminos una obstinación. Volver a esa costumbre inveterada debería ser política de Estado. Ernesto, quien se desempeñó hace algunos años como gerente de marketing en Prom Perú, me dio algunas luces: “Si el Estado peruano desarrolla programas serios para generar esta cultura que a la larga traerá bienestar económico y mayor productividad en todos los niveles, logrará el apoyo de todos los sectores de la sociedad”.

Tiene razón, cada vez más la vida moderna le quita a los ciudadanos ese tiempo tan valioso que antes dedicaba a sí mismo. La revolución digital –que hace que llevemos a casa los pendientes de la oficina- y en muchos casos la necesidad de solventar los gastos que la propia modernidad nos pone por delante, ha hecho que olvidemos la importancia que tiene para alcanzar una vida plena la inversión en nosotros y en los nuestros. Un último estudio realizado por Ipsos Perú entre gerentes y sub gerentes menores de 46 años en nuestro país arroja cifras de terror: el 75 % de ellos confiesan haber sacrificado sus relaciones interpersonales con el objetivo de obtener el ansiado éxito profesional. Lo que es peor aún, nuestros profesionales top dedican diez horas diarias a su trabajo y por lo general no logran desconectarse de sus obligaciones laborales durante los fines de semana. “En el consultorio, me lo comentó en su momento el sicoanalista Fabián Ramos, un viajero frecuente, suelo toparme con gente a la que les deben cincuenta, setenta días de vacaciones. No solamente habría que tomar en cuenta el agotamiento que esto conlleva; sino también cuánto abona dicha situación al desarrollo de una pensamiento narcisista que no ayuda a un posicionamiento objetivo al interior de una empresa”.

Son víctimas fáciles del síndrome de la vida ocupada, un problema de desconcentración y pérdida de memoria que los científicos de un instituto de Glasgow, Escocia han “descubierto” y que algunos laboratorios europeos pretenden enfrentar utilizando memantina, un fármaco recetado para tratar el Alzheimer. Este estilo de vida frenético, definido por las múltiples ocupaciones que los hombres y mujeres, desde temprana edad, van adquiriendo fuera del hogar, de la familia, amenaza con destruir los cimientos de la sociedad. Los padres de familia no tienen tiempo para resolver los problemas de sus hijos, estos van creciendo sin el consejo oportuno o la presencia física de quienes están llamados a influir positivamente en sus vidas.

Los viajes pueden servir de eficaz antídoto contra este mal de la vida contemporánea. El mapa del Perú debería convertirse en esa habitación al aire libre que requerimos como colectivo para saldar esas pequeñas cuentas que tenemos pendientes con los nuestros. Un amigo me contó lo positivo que fue ´para él y su hija de trece años encontrarse en una playa del norte para hablar de los problemas de relación que la adolescente tenía con su madre. Cuánto le debo, personalmente, a la Cordillera Blanca, allí pude hablar con mis hijos de veinte y veintidós años de los tiempos por venir y de la alegría inmensa que sentía al verlos sólidos y llenos de planes.

Viajar le ha permitido a Luis Beingolea, funcionario de una importante división de Scotiabank y un convencido de las ventajas del trabajo en equipo, poner en orden sus ideas y organizar de mejor manera su trajín laboral. Hoy Jani, como lo conocen en el banco, es una referencia obligada cuando se trata de planear una nueva salida o planificar las vacaciones que se vienen, su data viajera no tiene pierde y toda su oficina la consulta. Gabriel Álvarez, Gerente General Adjunto de Aranwa Hotels Resorts & Spas me comentó que cuando sale de viaje se inspira y obtiene las ideas que necesita para cumplir con las responsabilidades que tiene en la cadena hotelera.

“Un trabajador contento, es un trabajador comprometido con la empresa; un empleado desmotivado, en cambio, produce un mayor costo, al bajar su productividad”, nos dijo Bruno Giuffra, el conocido analista económico, cuando decidimos conocer sus opiniones. Para él, la necesidad de conciliar la vida familiar y laboral es uno de los grandes retos a los que se enfrenta el mundo empresarial, cada vez más consciente del alto valor del capital humano disponible. Es cierto.

Tareas pendientes
Es necesario volver a las raíces. Antonello Gerbi, un publicista italiano que vivió en el Perú hace más de cincuenta años, escribió en uno de sus libros más leídos lo siguiente, siempre lo cito: “El Perú es un Camino. Otros países pueden resumirse en un símbolo geográfico. Egipto es un valle, el Brasil una selva, la Argentina una pampa, Siberia una estepa, Inglaterra una isla, Panamá un istmo cortado y Suiza un puñado de montañas constelado de hoteles”. Y como quiera que nuestro país es un camino, inagotable, infinito, inabarcable, hay que empezar, de verdad, a recorrerlo. A caminarlo para reconocernos parte de un mismo destino, a andarlo –a pie, en grupo, en familia- para sentirnos parte de una colectividad antigua que fue capaz de crear civilizaciones extraordinarias en el corazón de un paraíso natural.

Gastón Acurio empezó el cambio, no tengo la menor duda y fue claro al señalar en el histórico discurso en la Universidad del Pacífico que “las revoluciones empiezan de arriba hacia abajo, es más fácil conquistar corazones haciendo alta cocina que haciendo sánguches”. Sigamos esa máxima, llenemos las rutas del Perú de pasajeros dispuestos a asir nuestro inmenso patrimonio para utilizarlo de insumo en la construcción de mejores mundos interiores. El viajar nos encuentra con nosotros mismos y nos hace habitantes de un mejor planeta. Los líderes empresariales han entendido antes que otros la tarea, ahora viajan por el Perú y vuelven renovados, solo falta que esa emoción por conocer lo nuestro se traslade a las organizaciones que dirigen y que cada trabajador peruano se siente pasajero de ese mismo camino. Entonces podremos decir que una nueva revolución ha estallado para beneficio de todos.

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Publicado el septiembre 22, 2013 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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