Mi problema con el Dakar

(Chavín, callejón de Conchucos, Ancash) Por supuesto que no voy a negar la satisfacción que me da que Ignacio Nacho Flores, mi alumno en Los Reyes Rojos, haya ganado su serie en el primer día de competiciones del Dakar 2013 o que Juan Pedro Cillóniz, el copiloto del Mono Orlandini, también reirrojino, esté en el ranking de los peruanos con más chance para llegar a la meta y hacernos soñar con cosas mayores. No, por allí no van mis cavilaciones

Lo he dicho un montón de veces: he sido y seré un amante de los rallies, sobre todo de esos que se realizan en espacios tan físicos y bellos como los de Caminos del Inca, una prueba que me emociona desde que era un niño y que para muchos ha sido y seguirá siendo una clase maestra de geografía peruana y provincianismo.

Pero este Dakar versión Sudamérica, y lo digo después de haberlo seguido con pasión mientras se realizaba entre Paris y Dakar, Senegal, despierta en mí sentimientos encontrados que he tratado de expresar públicamente, con miedo al apanado, desde que la carrera de marras aterrizó en el Perú para instalarse en una franja costera rica en recursos naturales y culturales que estamos en la obligación de cuidar. Una zona, entre Pisco y Nazca, compuesta por un mosaico de áreas protegidas de la talla de la Reserva Nacional de Paracas, la Reserva Nacional San Fernando, la Zona Reservada de Laguna de Huacachina y la Zona Arqueológica de las Pampas de Nazca. En esos parajes que están invadiendo los curiosos de toda laya –con sus vehículos 4 x 4- y los aficionados a la adrenalina y los fierros, se encuentran, no hay que ser muy zahorí, productos y escenografías naturales que enriquecen la valiosa propuesta de turismo, tanto interno como receptivo, que esforzadamente hemos venido activando.

Y allí encuentro la primera contradicción: el rally elegido por las autoridades del más alto nivel del turismo del Perú –Mincetur y Prom Perú- como buque insignia de la promoción turística nacional hacia los mercados más importantes del exterior, se ha convertido, lo venimos mencionando los aguafiestas, en el principal elemento demostrativo del desdén, también nacional, que nos caracteriza cuando de cuidar lo que es de todos se trata. Hablo de un patrimonio inmenso –he escuchado a Klaus Hönninger decir que la pampa de Ocucaje es uno de los cementerios del mioceno más grande del planeta- por donde van a pasar 500 bólidos, igual número de vehículos de apoyo, periodistas e informantes llegados de todo el mundo en movilidad propia, personal de seguridad, fanáticos de todos los estratos sociales y sapos como cancha. Miles de personas pisoteando desiertos, pampas, dunas, playas, escenarios naturales que guardan riquezas insoslayables, pequeños tesoros que podrían servir a los ministerios directamente implicados, Ambiente, Cultura y Comercio Exterior y Turismo, para consolidar de verdad una propuesta cultural/ambiental/turística seria, duradera en el tiempo, respetuosa de los contextos geográficos que se extienden por el litoral de Ica (y, por supuesto, a lo largo de la costa por donde rugirán los motores de la fiesta del automovilismo mundial).

¿Por qué tanta lata?, dirán los defensores del viva-el-Perú a cualquier precio, ¿qué es esto de bajarle la llanta a suceso histórico y de tanta relevancia para el Perú como el Dakar 2013?, me imagino los comentarios de muchos de los que leen mis notas de campo. Y uno, nuevamente, se convierte, qué piña, en el malo de la película, en el matatono de siempre.

Lo ha dicho el más bravo de todos los aguafiestas, el mencionado Klaus Hönninger, por estos días enemigo público de los que se sintieron más peruanos que nunca con el Village Dakar y el ruido motorizado de las naves pasando por la avenida Defensores del Morro, la que atraviesa de lado a lado el Refugio de Vida Pantanos de Villa: la gente que se mete en el desierto a ver el espectáculo, una vez que los competidores hicieron lo suyo, se sube a sus motos, cauatrimotos y camionetas y se computan Chaleco López, Ignacio Flores, Petterhansel o el príncipe saudí Al Attiyah. Es decir, se lanzan a la conquista de un nuevo Dakar, más achorado, anormado, salvaje, imprevisto, tristísimo. Y en esa competencia de informalidad pura, ¿qué duna, montoncito de fósiles, restos cultural y/o natural podría salvarse de la destrucción?. ¿Qué plan de contingencia podría detener a la conocida afición peruana en pleno éxtasis por la fiesta de nuevol Dakar, ese acontecimiento de inclusión social (a nivel planetario) que estoy seguro creen que nos diferencia de Senegal, Mauritania y los demás países de la carrera de antaño?

El problema no es el Dakar. Ya los aguafiestas, que cada vez somos más dicho sea de paso, pudimos lograr que el Ministerio del Ambiente, también el de Cultura, remplacen en protagonismo e iniciativas de cuidado al IPD y a los voceros del somos-lo-máximo-nuestro-desierto-de-Ica-es-mejor-que-el-del-Sahara. El problema de fondo y ese sí es un problema mayor es la masificación del off road y su conversión, gracias a la fiesta del Dakar, en un deporte nacional, como la tabla después de Sofi, con capacidad de convocar, por poner solo un ejemplo, a los 210 mil nuevos propietarios de los vehículos que este año van a incrementar nuestro aterrorizador parque automotor. Guau, ningún rincón del país de los Incas, Nebraska incluido, se salvaría de la destrucción en serie, masiva, cosmopolita.

En serio, el año pasado un padre la patria propuso que el Dakar subiera a las alturas del Cusco y para acercar a Machu Picchu, nuestra maravilla de talla mundial, a tan fastuosa fiesta de la modernidad y los millones de turistas por venir…

¿Se dieron cuenta del problemón que se nos viene? No sé, a mí no me busquen después para llorar, juntitos y llenos de pena, sobre la leche derramada, prefiero escuchar, en lugar de tanto ruido motorizado, a La Mente: “Britney Spears no vengas al Perú, que acá ya hay demasiada gringa burra como tú, mejor anda a comprar al Linton Boulevard…”

Buen viaje, suerte en el intento Nacho…

PD: ¿Por qué defiendo los Caminos del Inca y estigmatizo al Dakar? Fácil, los Ferreyros, Orlandinis, Fuchs y Rommel Acevedos, van a mil por hora por caminos señalizados, levantando polvo y creando pasivos ambientales, sí, pero infinitamente menos complejos que los que producen cientos de vehículos todo terreno moviéndose por zonas históricamente, es el caso de San Fernando, atravesadas por tropillas de guanaco… o simples zorros costeños.

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Publicado el enero 8, 2013 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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