Hacerse el sueco, a propósito de la novela de Jonas Jonasson

(Pantanos de Villa, Lima) Los héroes de nuestro tiempo son anti-heroicos. Baste mencionar, ya que hablamos de una novela sueca, de Lisbeth Salander, la anoréxica protagonista de la saga Millenium, la obra cumbre (y única) del genial Stieg Larsson. Y los autores de novela contemporáneos, me animo a pergeñar otra exageración, con mayor capacidad para inventar historias novedosas suelen ser, por lo general, hombres comunes que alcanzan notoriedad precisamente por escribir la novela que tenían en la sesera y que un día cualquiera se animaron a ponerla en papel y santo remedio.

Es el caso de Jonas Jonasson, un periodista y productor de televisión sueco de cincuenta años que ahora, después del suceso editorial que significó “El abuelo que saltó por la ventana y se largó”, vive en una isla del mar Báltico dedicado a elucubrar, mientras la pasa bien, qué nuevo lío nos endilga, qué nuevo estropicio es capaz de crear ahora que Allan Karlsson, el singular protagonista de su opera prima se acerca a cumplir los 101 años, una edad poco propicia para  provocar más desaguisados.

La novela de Jonasson que les traigo desde Madrid -la compré mientras corría a tomar el vuelo que había de regresarme a Lima- es desopilante, intrépida, digna de una literatura, la nórdica, desenfadada y a contracorriente de lo que se piensa de sus ciudadanos. Allan Karlsson, un vejete inofensivo decide saltar por la ventana de la residencia para ancianos de Malmköping donde pasa sus últimos respiros, justamente el día de su centenario, buscando, entre otras cosas, contrariar a Alice, la impertinente enfermera que lo tiene cercado y al borde del colapso. A partir de su fuga se suceden, le suceden, una serie de acontecimientos, cada uno más hilarante que el otro, que lo convertirán en protagonista de una persecución por todo Suecia, donde mafiosos, ex reclusos, fiscales y policías, periodistas, malandrines de todo tipo irán tejiendo una trama que, lo confieso, me pareció en un principio calco y copia de las tres novelas de Larsson.

Pero no, la novela de Jonasson tiene lo suyo y las referencias a las de Larsson son apenas un guiño, un saludo generoso al padre del thriller policial sueco, género que encandila a millones de lectores por todo el planeta.

La historia de “El abuelo que saltó por la ventana y se largó” está narrada en dos planos; en uno se cuenta la fuga del protagonista que se hace de una maleta con 50 millones de coronas en la primera estación de bus a la que ingresa, en el otro, se pormenorizan los hechos más resaltantes de su vida, un estrafalario festival de sucesos  que lo convirtieron en testigo excepcional de los hechos más relevantes de la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría, personajes importantes incluidos. En esto Allan Emmanuel Karlsson, el hombre nacido el 2 de mayo de 1905 y a toda prisa, cien años después, por las carreteras de Suecia en un camión donde se esconden amigos de cuitas y un elefante, se parece mucho a Oswald Cornelius, el tío Oswald de la novela de Roald Dahl, “el mayor fornicador de todos los tiempos” que en vida tuvo la suerte de conocer a Stranvinski, Renoir, Picasso, Freud, Joyce y a una “apreciable colección de testas coronadas”.

Karlsson, experto en explosivos y con el tiempo colaborador impensado del equipo de Oppenheimer  que descubre la bomba atómica, se va haciendo íntimo de una larguísima lista de omnipresentes prohombres del siglo que hemos dejado atrás: Stalin, Mao, Chiang Kai Shek y su esposa Song Meiling, Harry Truman, Lyndon Johnson, Nixon, el generalísimo Francisco Franco, Kim Il Sung y su heredero Kim Jong Il, por mencionar solo a los más conocidos. Mientras los va conociendo recorre el mundo, todo el mundo desde Flen, su pequeño pueblo hasta los Himalayas y Valdivostok, donde vive el gulag y logra fugarse con un hermano idiota de Eisntein.   A todos los frecuenta y los trata desde la total indiferencia y espíritu Forrest Gump. Jonasson ha tenido la sagacidad de crear un personaje que a veces se parece a Ignatius J. Relly, el personaje principal de la novela con que John Kennedy Toole ganó póstumamente el Pulitzer del ochentaiuno y a veces, lo acabamos de decir, al héroe de la película de Robert Zemeckis con Tom Hanks como protagónico.

Entrañable personaje Allan Karlsson, un ejemplar maravilloso de clochard contemporáneo, maridaje perfecto de Chapulín Colorado y Tintin del norte europeo. Una linda novela que permite que sigamos festejando el boom de la narrativa sueca.

Buen viaje…

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Publicado el diciembre 30, 2012 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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