110. Parque Nacional Alto Purús: Extraños en el Paraíso

La noticia parecía una broma de mal gusto, de esas que se hacen para embaucar a los incautos un  Día de los Inocentes. Sin embargo era cierta, el proyecto de ley del congresista por Ucayali Carlos Tubino que declara de necesidad pública la conectividad terrestre entre las ciudades de Puerto Esperanza, en la provincia de Purús, Región Ucayali, e Iñapari, en Tahuamanu, Madre de Dios, acababa de recibir el visto bueno de la Comisión de Transportes y Comunicaciones del Congreso de la República quedando expedito para su puesta en debate durante la legislatura que se acaba de inaugurar.

En las oficinas públicas de Puerto Esperanza, la capital de la lejana provincia ucayalina, más de uno de sus funcionarios podía darse por satisfecho: se estaba cumpliendo un movimiento más, tal vez el de mayor importancia, del orquestado plan que tiene por objeto desmontar uno de las más elaboradas iniciativas conservacionistas que los peruanos hemos impulsado en el afán de salvar de la muerte a una de las regiones más biodiversas del Perú y tal vez de todo el planeta. Nos estamos refiriendo a los territorios que comprenden el Parque Nacional Alto Purús y la Reserva  Comunal Purús, las dos áreas naturales protegidas que se crearon en el año 2004 por vox populi y exigencia de la realidad. Una historia triste, de apresuramientos y verdades propias del siglo que acabamos de dejar atrás.

Una tierra rica en riquezas de todo tipo

El Parque Nacional Alto Purús es una joya de la naturaleza (y del Sistema Nacional de Áreas Protegidas por el Estado) de más de dos millones de hectáreas cuyos récords mundiales en biodiversidad asombran hasta a los más escépticos. Su riqueza  natural es desproporcionada: posee el récord mundial en diversidad de mamíferos con 86 especies y la más alta concentración de aves del planeta, con 516 especies. Es el hogar de criaturas amenazadas como el águila arpía (Harpia harpyja),  el lobo de río gigante (Pteronura brasiliensis) o el guacamayo verde cabeza celeste (Primolius couloni). Es también uno de los lugares de la Amazonía con mayor concentración de caoba y refugio, entre tantas otras fantasías, de un impresionante número de especies de mariposas. En cuanto a pueblos indígenas y culturas locales  se refiere, las provincias de Purús y  de Tahuamanú, en Madre de Dios, las dos unidades políticas donde se estableció el Parque, son refugio y territorio ancestral de un mosaico étnico valiosísimo que en lo fundamental está conformado por dos grandes familias lingüísticas, la Pano y Arawak, que en orden de mayor a menor población está representada a su vez por comunidades cashinahuas, sharanahuas, culinas, mastanahuas, asháninkas, arahuacas y piros. Todas, dependientes del bosque; todas, celosas guardianes de sus costumbres, ritos, danzas, música y vestimenta.

Por si fuera poco y como consecuencia de la estrategia de protección que empezó a gestarse en el año 2000 cuando el Estado peruano declaró Zona Reservada a un bolsón de más de cinco millones de hectáreas, el Parque Nacional Alto Purús y la Reserva Comunal Purús están rodeados por reservas creadas a favor de los pueblos indígenas en aislamiento voluntario mashco piro, murunahua y curanjeño. La presencia de estos grupos humanos trashumantes está avalada por las evidencias que constantemente se van encontrando precisamente por donde está previsto el trazo de la carretera que los interesados en el proyecto del congresista Tubino quieren construir. Este maravilloso engranaje compuesto por las áreas protegidas, territorios indígenas, concesiones forestales, conforman  el Complejo Purús, uno de los más importantes corredores de conservación de la Amazonía.

Este universo prístino y maravilloso se ha mantenido así por la inexistencia de carreteras. Debe ser cierto, los bosques de la provincia de Purús, también sus ríos y cochas, lo acabamos de repasar, albergan poblaciones saludables de especies de flora y fauna que en otros sectores de la Amazonía peruana hace tiempo que se encuentran en franco declive. Esto los saben muy bien los funcionarios del SERNANP, la comunidad científica internacional, las organizaciones técnicas nacionales y del extranjero, una de ellas la WWF, también una opinión pública preocupada de verdad por la preservación de nuestras riquezas naturales y culturales.

Una carretera para llegar al paraíso

Este Edén tan particular tendría las horas contadas de aprobarse la integración vial que propugna un sector de la población asentada en la  ciudad de Puerto Esperanza, un bolsón de cemento y oficinas públicas en medio del bosque. Este grupo beligerante, y sumamente influyente, ha decidido rebelarse en contra de las leyes de la República, al iniciar, haciendo caso omiso a las normas de protección ambiental vigentes,  la construcción de una trocha de casi quince kilómetros sobre tierras que el Estado entregó en concesión a terceros (en este caso a la asociación de pobladores MABOSINFROM).  Alentados por la intransigencia de algunos líderes locales y  el apoyo de influyentes personalidades en Lima, aducen un supuesto (y a veces real) abandono estatal para proponer a  voz en cuello y de manera hostil la conexión, vial o ferroviaria, con Iñapari, una localidad al borde de la carretera Interoceánica.

Para este grupo citadino, un 20 por ciento de la población de Purús (apenas mil pobladores de la capital provincial) el sistema regional de áreas protegidas que con tanto esfuerzo se logró construir en  los últimos años obstaculiza en grado sumo sus “legítimas” pretensiones de interconexión vial. En otras palabras, la conservación no sirve y los que defienden el modelo ambiental son enemigos del progreso o simplemente individuos al servicio de intereses foráneos, transnacionales. En la prensa local y regional, en la radio parroquial, los insultos hacia instituciones serias, de reconocida trayectoria han sido tremendos.  Olvidan los que proponen la carretera a toda costa que construir una vía de este tipo en un área protegida del rango que tienen tanto el Parque Nacional Alto Purús como la Reserva Comunal Purús resulta inconstitucional. No toman en cuenta que el papel del Estado en casos como éste es precisamente el de velar por la protección irrestricta de los bienes comunes, espacios de vida donde habitan seres humanos que mayoritariamente quieren seguir viviendo en armonía con el bosque y sus demás sistemas de vida.

Para salir del embrollo

Las fronteras verdes, vale decir los segmentos interestatales definidos por la común propiedad de áreas naturales reguladas por marcos de protección adecuados, comenta el científico John Terborgh, una autoridad mundial en el estudio de ecosistemas tropicales, deben empezar a  remplazar a las fronteras vivas, un viejo concepto del siglo XX que se esconde tras la norma que pretende aprobar el congresista Tubino. Para ello hay que dar más pasos adelantes de los que se han dado y proponer para Puerto Esperanza una apropiada conexión aérea, un puente aéreo eficiente y bajo control independiente. Como lo ha manifestado el jefe del Parque Nacional Alto Purús, el biólogo Arsenio Calle,  y lo refrendan los comunicados firmados por las más altas autoridades de las federaciones indígenas de Ucayali  (ORAU) y Madre de Dios (FENAMAD),  las poblaciones nativas no ven con buenos ojos la pretensión carretera. Para ellos es claro que detrás de la intransigencia de quienes exigen la interconexión vial se esconden oscuros intereses ligados a la explotación descontrolada del cedro y la caoba, otra de las tantas riquezas de la provincia del Purús.

¿Quién ganará esta batalla en el corazón del paraíso? Es evidente que la razón está del lado de la población indígena y de quienes los acompañan en su justa lucha por salvar el bosque. Por ello es que se necesita que la opinión pública local, regional y nacional esté mejor informada y respalde el Plan de Acción para la Provincia de Purús, un documento aprobado en el 2008 que sienta las bases para el desarrollo sostenible y concertado de esta importante región de la patria, frontera entre dos países y a su vez,  entre dos momentos históricos: el actual, definido por el apuro por la extracción de los recursos naturales y el del futuro, caracterizado por el respeto a la naturaleza y a sus hombres. En el Purús, la población indígena ha entendido que el porvenir se construye a partir del respeto de los ecosistemas y las tradiciones ancestrales. Ese es el camino para la verdadera integración de los peruanos.

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Publicado el noviembre 2, 2012 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. 1 comentario.

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