109. ¿MOVADEF es el problema? Apuntes sobre los tiempos modernos y la sociedad del entretenimiento

Lo acaba de mencionar un último estudio de la universidad de Washington: el desafío intelectual que debemos afrontar padres y educadores es el de recuperar la atención de nuestros niños y adolescentes y hacerlo justamente en un momento donde la hiperestimulación que reciben de los mass media y el internet es de tal dimensión que es posible que muchos de ellos hayan sucumbido ya al nuevo síndrome de los tiempos modernos, el “transtorno de hiperactividad y déficit de atención provocado”. Es tan ilimitado el caudal de información que reciben a través de estas redes que se vuelve imposible guardar espacio en la memoria para almacenar material tan abundante.

Hoy se habla de los sujetos multitarea, esos individuos que habitualmente abren el correo, hablan por teléfono, escuchan música, juegan Wii, tuitean o contestan el Facebook atentos a recibir  cualquier otro estímulo del mundo exterior. ¿Los conoce?, ¿alguno de ellos se aloja al lado de su dormitorio? Los multitarea son ejército y como concluyen algunos estudios preliminares terminan siendo menos productivos, menos seguros en la utilización de su bagaje cultural o académico que sus congéneres que aún no sucumbieron a la cultura del entretenimiento. Constantino Carvallo, el lúcido pensador contemporáneo, afirmó en Diario Educar, que “la inteligencia es hija del matrimonio de la atención y la memoria”. Paradójico, ambas cualidades yacen condenadas a muerte en las escuelas que queremos reformar.

He venido pensando en esto, ahora que el activismo del Movadef nos ha explotado en la cara como el peor coche bomba de los ochenta, repitiendo las palabras de una muy lúcida analista. Sobre el cómo afrontar la desmemorización de nuestros adolescentes en asunto tan sensible como Sendero Luminoso y su vesania terrorista, se ha venido generando en los últimos días un consenso peligroso, que ubica la solución de esta suerte de amnesia colectiva (y juvenil) en el currículo oficial, los textos escolares y en el malhadado curso de Educación Cívica.

Los jóvenes de todos los estratos socioeconómicos de nuestro país, vengo de constatarlo en la provincia cusqueña de Canas, tienen la misma aversión por los contenidos irrelevantes que los de Nueva York, Santiago de Chile o Vladivostok; son modernos,  activos y cosmopolitas: desechan la información  que no conviene guardar y en su remplazo colocan la que sí tiene peso específico y sonoridad; esa que va a generar los trending topic del día. En esa marea informativa se encuentran, se dan la mano, personajes más atractivos que Abimael Guzmán o el mismísimo rector Lerner; en el compartimento gigantesco de la sociedad del entretenimiento los nombres que se acogen tienen otra consistencia. Ciro, Giuliana Llamoja, a veces Magaly y Carlos Cacho, los sucesos del Costa Concordia o el último capítulo de Al fondo hay sitio, cuentan más a la hora de pulsar el botón de la papelera de reciclaje personal .

¿En qué intersticio de la memoria se aloja la información que generó la Comisión de la Verdad o los textos de análisis que se produjeron luego de la derrota militar y moral del senderismo? La atención lo es todo, decía Constantino: la atención y la calidad (y  valoración) del emisor, habría que añadir. Nuestra sociedad ha decidido prescindir de los espacios donde antaño se transmitía la cultura que la generación que se iba le dejaba en legado a la nueva. Y en su lugar, se han aupado la telebasura, el periodismo chicha, el culto al morbo y a los nuevos héroes (Misterio, el loco David, Gringasho).  La escuela, sobre todo la escuela pública, la calle generosa y creadora de ciudadanía y la familia, el útero social del cual nos hablaron tanto nuestros mayores, han dejado de ser el aula abierta donde se forja la moral y el sentimiento de pertenencia a una idea colectiva.

Combatir al Movadef o a cualquier otro fanatismo, no es tarea exclusiva del Ministerio de Educación o de la ministra en cartera. La lucha contra el olvido, el de Sendero y su propuesta absolutamente reaccionaria, el combate a lo irracional en todas sus manifestaciones, comienza en casa y es  pan de todos los días. La cruzada nacional que debemos estimular no es otra que la de generar más minutos de diálogo con nuestros vecinos de dormitorio. Y no para referirles necesariamente el drama de Lucanamarca y Tarata, no, la derrota de los remanentes de Sendero y sus nuevos prosélitos, se dará cuando nuestros niños y nuestros adolescentes estén atentos a nuestra presencia y desde esa frontera puedan guardar en la memoria los insumos necesarios para entender el mundo (real) que habitan.

Buen viaje…

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Publicado el enero 28, 2012 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. 1 comentario.

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