106. Nuestro Kapuscinski

Hubo un tiempo en que era natural pensar en Manuel Jesús Orbegozo cuando se soñaba con ser periodista y se tenía la mirada puesta en cualquiera de los caminos que nos pudiesen llevar a la noticia anhelada, al encuentro del destino que empezábamos a esbozar como jóvenes cronistas. No había mejor prototipo de reportero, de viajero por tierras increíbles, que este indomable reportero que solía firmar sus notas con tres señales de guerra: MJO.

Sus crónicas en el Dominical de El Comercio o en las páginas de la revista Oiga,  definían con rapidez  al viajero ocupado en desenmarañar geografías extremas, entonces inalcanzables; al periodista comprometido con todas las causas justas del planeta injusto que habitamos; al peruano universal que entre guerra y guerra se daba tiempo para entrevistar a los personajes más encumbrados del planeta que había parido la Guerra Fría: Pol Pot, Bokassa o Chu En-Lai.  Pero también al contador atento, cronista de su tiempo, de la vida y obra de los creadores de esperanza y lucecitas que se prenden al final del túnel: la madre Teresa de Calcuta, el Gabo de Aracataca, Hemingway, Borges, Oswaldo Guayasamín.  Orbegozo fue el más cosmopolita periodista peruano. El hombre que podía hablarnos de lo que sucedía en el planeta infinito.

Sobre sus primeros pasos como periodista de guerra y trotamundos; sobre los años de su magisterio en la escuela de periodismo de la Universidad de San Marcos y su prolífica obra como  comunicador graduado en armar publicaciones y proyectos, se va a hablar mucho en los próximos días, seguramente. A mí me toca guardarlo en la memoria como lo conocí: yo lector ilusionado, jovensísimo coleccionista de entrevistas de otros tiempos; él, mozalbete armado de muchas  ilusiones y muy pocas lecturas (Faulkner, Dos Passos, Wolf) listo para samparse de polizonte en el yate donde Hemingway pescaba merlines afanado en sellar el mito del pescador inalterable. Cabo Blanco, 1956. Orbegozo, poquísimos años en el oficio, hizo lo que todos alguna vez soñamos. Conversar con el ídolo, con el forjador de ilusiones. Habló largo con el Viejo en el mar del norte peruano. Habló  a medias, después lo supimos. Habló dos palabras, apenas un saludo emocionado. Lo que trajo a Tierra Firme, lo que logró pescar Manuel Jesús fue una de las más brillantes crónicas que se han escrito en el Perú y una obra gigantesca que seguiré leyendo una y tantas veces.

Buen viaje…

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Publicado el noviembre 21, 2011 en Perú, Turismo. Añade a favoritos el enlace permanente. 1 comentario.

  1. bAH!!! Le keda corto a este señor el apelativo del titulo. periodista retrogrado tanto en su forma de escribir como en sus ideas. Los que tuvimos el infortunio de toparnos con sus aburridas clases y su perorata sin fin no lo vemos asi. Lo unico rescatable y envidiable en él es que fue testigo de guerra, por lo demas. Necesitaba un buen baño …

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