Archivos Mensuales: septiembre 2011

104. Ollanta Humala en el año de Machu Picchu

Perú celebrará este mes de julio dos acontecimientos de singular importancia. Primero, hombres y mujeres de toda condición social saldrán a las calles de Lima, Cusco y el interior del territorio nacional para festejar el primer centenario del descubrimiento de Machu Picchu, la ciudadela inca más conocida del mundo, una de las Siete Nuevas Maravillas de la Humanidad y principal ícono turístico de un país que recibe casi tres millones de visitantes cada año; después, hacia fines de mes, treinta millones de peruanos serán testigos, algunos jubilosos, otros con más preocupaciones que certezas, del cambio de mando gubernamental más esperado del último cuarto de siglo: por primera vez en casi doscientos años de vida republicana asumirá la conducción de la nación un presidente de centro izquierda elegido por la voluntad popular, el comandante Ollanta Humala. Julio, el mes del aniversario patrio, se presenta expectante. Hiram Bingham, el Indiana Jones hawaiano que desempolvó Machu Picchu en 1911 inicia las funciones que llegarán a su cierre con el juramento  presidencial del émulo de Lula da Silva (o tal vez, solo el tiempo lo dirá, de una versión mejor presentada de Hugo Chávez, Rafael Correa o Evo Morales).

 

La fiesta por el centenario de Machu Picchu tuvo su acto inaugural en marzo pasado cuando el gobierno del derechista Alan García logró, después de varios años de controversias y acusaciones mutuas, la devolución al Perú de las piezas arqueológicas que la Universidad de Yale retenía desde el retorno de Bingham a los Estados Unidos después de su exitosa performance peruana. El nombre de Hiram Bingham III, hijo de una pareja de misioneros protestantes instalada en Honolulu, la capital del archipiélago de donde también es oriundo Barack Obama, académico por las universidades de Harvard, Berkeley y Yale, gobernador por Connecticut y miembro del senado americano, es uno de los más controvertidos en la historia del Perú contemporáneo. En los primeros días de julio de 1911, y con fondos de la National Geographic Society, el explorador que solamente dos años antes había tomado contacto con la historia incaica se lanzó a la aventura de encontrar la Ciudad Perdida de los últimos Reyes Incas, sueño largamente postergado de exploradores extranjeros, aventureros nativos e ilusos de todas partes.

Desde entonces la polémica ha distorsionado la figura real del explorador americano presentándolo como  una suerte de Francis Drake de nuestro tiempo. Para un sector de la historiografía peruana Bingham solo fue un consumado ladrón de las joyas incas -el imperio agrario que durante poco menos de dos siglos sembró de civilización los andes sudamericanos-, interesado en promocionar su nombre con el único afán de encumbrarse en las esferas del poder político de su país. Filibustero de saco y corbata o explorador audaz, los peruanos, por lo general inconformes y levantiscos, parecieran estar, en el mes de las celebraciones oficiales por el primer centenario del descubrimiento de Machu Picchu, atentos a los entredichos que generaron en todos los sectores sociales los  tres últimos reñidos procesos electorales.

Tanto así que muy pocas voces han cuestionado el programa de festejos diseñado por una comisión de alto nivel presidida por el empresario Vega Llona, que incluye la iluminación de la ciudadela incaica y la presencia de la artista peruana radicada en México Tania Libertad, ceremonia que será vista en vivo por 500 millones de personas alrededor del planeta Desde hace ocho meses, cuando la alcaldía de Lima, la megalópolis de diez millones de habitantes que concentra el poder político y económico del país, pasó a manos de una coalición de izquierda liderada por la Dra. Susana Villarán y una mayoritaria cantidad de municipios y gobiernos regionales pasaron también al control de sendos movimientos políticos de oposición, por no decir de izquierda, el país ha dado una vuelca de 180 grados en sus preferencias electorales. En el año de Hiram Bingham y su proeza descubridora Perú es otro de las repúblicas sudamericanas que inaugura un gobierno de tinte populista.

¿Qué espera el peruano común del gobierno del comandante Humala?. Los resultados electorales indican que más de la mitad de la población electoral nacional exige un cambio sustancial en el modelo económico que se ha venido aplicando desde el gobierno del tristemente célebre presidente Alberto Fujimori (1990-2000) quien cumple condena en una cárcel del Callao acusado por un tribunal independiente de crímenes de lesa humanidad. Dicho modelo, es necesario mencionarlo, logró generar un crecimiento económico nunca antes visto –en el año 2007 llegó a un índice de 8.5 % del PBI –  en un país donde el 32 % de su población es pobre o extremadamente pobre. Crecimiento con inclusión social, pareciera ser la receta de moda y la propuesta electoral del todavía no juramentado presidente Humala que los peruanos de todos los sectores sociales reclaman al unísono.

¿Podrá el próximo presidente cumplir las expectativas, todas, de una sociedad compleja y en riesgo de disolución permanente?  No es tan fácil predecirlo, para el grueso de los analistas consultados los próximos meses serán determinantes para conocer el rumbo del nuevo gobierno. Mientras tanto, los habitantes del País de los Incas, esa era la marca oficial que por años identificó al Perú en el concierto del turismo internacional, se aprestan a festejar los primeros cien años de un viaje fabuloso que posibilitó la puesta en escena de una de las postales más conocidas en el planeta turismo, la de la ciudadela inca de Machu Picchu, símbolo cultural de un país milenario que inicia la segunda década del siglo XXI inaugurando un gobierno elegido mayoritariamente por el voto de los descendientes indios y mestizos de Manco Cápac y Mama Ocllo, la pareja de esposos-hermanos que salieron de las aguas espumantes del lago Titicaca para fundar una civilización impresionante y  ejemplar.

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103. Los sucesos de Villa. Arboricidio en un Área Natural Protegida

Este fin de semana, mientras los limeños ocupábamos nuestro tiempo en discernir por quién votar, operarios de la municipalidad de Chorrillos se tiraron abajo el bosquecillo de “molles brasileños” que por tanto tiempo caracterizaron la berma central de la autopista que divide en dos el Refugio de Vida Silvestre Pantanos de Villa. ¿Los recuerda? Estaban al medio de la vía, añosos y verdes, exultantes, una murallita natural que nos hacía sentir que estábamos en un área natural protegida, a punto de dejar la caótica Lima y enfrentarnos al aire libre.

Dentro de unos días las maquinarias del inefable alcalde Miyashiro rellenarán las zanjas de la vía con tierra vegetal y después el grass -que consume a chorros el agua que tanta falta nos hace- transformará el espacio arrebatado a la naturaleza en una suerte de jardín de los Maldini (la familia in de Al fondo hay sitio) que llenará de orgullo –presumo- a sus electores. ¿Y las autoridades del SERNANP?, ¿Dónde estuvieron, sabían del arboricidio que se estaba preparando?. ¿Y los grupos ecológicos que tan tesoneramente trabajan en éste y otros espacios naturales de Lima y alrededores, tenían noticias del estropicio? ¿La alcaldesa de Lima, que habló tanto de protección ecológica y de una ciudad saludable y para todos, habrá estado notificada de la decisión de la comuna chorrillana?

El colmo, verdaderamente el colmo. Lo increíble del caso es que el arboricidio que se acaba de cometer ha sido perpetrado dentro de lo linderos de una de las tantas ANPs del sistema a cargo del SERNANP, institución que se bate en defender la intangibilidad de las áreas bajo su jurisdicción en zonas altamente sensibles como Madre de Dios pero que no dice mucho cuando se trata de defender los fueros de los espacios a la vuelta de la esquina de una ciudad cercada por la contaminación, la explosión demográfica y las pandemias mil. El Refugio de Vida Silvestre Pantanos de Villa fue creado en el 2009 sobre un área de 263,27 ha, precisamente para conservar una muestra representativa de los pantanos del Desierto Pacífico Subtropical, incluyendo muestras vegetales así como la avifauna migratoria y residente con algún grado de amenaza. No para que se convierta, de la noche a la mañana y por decisión edilicia, en un jardín decorado por los burócratas de una oficina municipal que creen que la belleza de un área silvestre se mide en metros cuadrados de grass comprado en un vivero de la vecindad.

Que el alcalde Miyashiro no esté al tanto de que Pantanos de Villa es un sitio RAMSAR, bueno y pase, pero que sus ideas de progreso se impongan sobre el criterio científico de los responsables del área a cargo del MINAM es un sinsentido de marca mayor que no terminamos de entender. Lo razonable, lo que espero se dé en estos días de fárrago post electoral es una respuesta pronta (y una toma de decisión apropiada) de las autoridades competentes y, desde luego, un repliegue de la municipalidad de Chorrillos: un reconocimiento público del error cometido. Y que los mismos operarios que destruyeron el bosque de molles que todos los días admirábamos, se dediquen a sembrar de nuevo una columna de árboles que, al verlos crecer, haga que olvidemos tremenda falta de respeto. Más de cien árboles destruidos en nombre de una visión del ornato público que deberíamos erradicar. Lima es una ciudad en el desierto, El Cairo o Piura, no estamos para jardincitos que, tarde o temprano, serán tragados por la realidad.

Segunda batalla…

Lo he comentado al interior de un combativo grupo de trabajo que viene debatiendo con propiedad una serie de temas ambientales y en el que solemos encontrarnos Lucho Alfaro, jefe del SERNANP y yo: la tala de molles en Pantanos de Villa que denuncié en este mismo espacio la semana pasada, ha sido de total responsabilidad de PROHVILLA, la institución encargada de gerenciar el área natural. De PROHVILLA, en primer lugar pero sobre todo del SERNANP, organismo técnico especializado del Ministerio del Ambiente responsable, entre otras cosas, de dirigir el Sistema Nacional de Áreas Naturales Protegidas del Estado (SINANPE).

Esa es la realidad. Sin embargo y ante la evidencia de los hechos consumados, no nos queda otra salida que confiar en el compromiso asumido por el SERNANP de “implementar, con la Municipalidad de Chorrillos, la ejecución de un proyecto de reforestación del área afectada diseñado con el más alto rigor técnico”. Complicada responsabilidad la que asumen Daniel Valle, Anna Zucchetti, director y presidente de PROHVILLA, y el propio Lucho Alfaro. Y lo digo no en el afán de echar por tierra las reconocidas competencias de los aludidos, profesionales en sus campos de la más alta valía y a los que conocemos y respetamos por su probidad y hoja de vida. No, lo digo porque desconfío, como ciudadano afincado en Chorrillos, de la capacidad técnica y operativa de un municipio que solo ha demostrado respeto por el caballazo y la prepotencia a la hora de ejecutar obras en los espacios de todos. Ejemplo a la vista: la destrucción del Malecón Pazos.

Tendrán que bregar mucho, estoy seguro, para erradicar del esteticismo municipal el criterio tan cuestionable de que las bermas, todas, deben ser cubiertas por grass americano, palmeritas sin ton ni son y cadenas de fierro protectoras. La avenida Prolongación Defensores del Morro (ex Prolongación Huaylas), precisamente donde se produjo el arboricidio, muestra en la zona próxima al Refugio de Vida Silvestre Pantanos de Villa, un jardín rebosante de verde que define un gusto que, estoy seguro, es el que la Municipalidad de Chorrillos va a querer imponer. Con el aplauso de la comuna, me imagino.

Obviamente, estoy hablando de conjeturas, de sucesos que todavía no han ocurrido; contagiado seguramente por el mismo ánimo que ha empezado a inundar la discusión pública a propósito de las dos candidaturas a la presidencia en campaña. Ojalá sea esa moda.