93. Marie y Wilhelm Koepcke, pioneros

(Pantanos de Villa, Lima) Las cosas que tiene el Facebook, esa herramienta que se va convirtiendo en indispensable para los que trabajamos armando redes, tratando de subvertir el orden, luchando por cambiar las cosas: en cualquier momento uno se topa con una noticia imprescindible, con un dato inobjetable, con una foto (o varias, que es el caso) que hacía tiempo andaba buscando, seguro de que al encontrarla se iban a perfilar de mejor forma las cosas. Me acaba de suceder aquello con el hallazgo en la red social de un grupo de fotos de Marie Koepcke, la científica alemana que fundó en el Perú la ornitología contemporánea. Verdaderamente fabuloso.
 
No sé si hallé las fotos hurgando en los álbumes personales de Irma Franke o me las copió alguno de los tantos suscritos a la cuenta del Grupo Viajeros. En verdad, importa poco, lo cierto es que en plena algarabía particular por la inclusión del Bosque de Zárate en el SINANPE tuve en mis manos un manojo de imágenes de Marie en el bosque que los esposos descubrieron para la ciencia durante la década de los cincuenta. Esta es mi historia:
 
El bosque de Zárate fue, en los ochenta, una referencia para viajeros extremos. O, dicho de otra manera, para caminantes atrevidos, para mochileros de verdad. Pino Rubio trajo el dato, seguramente oído en las aulas de la Molina, de un bosque en las proximidades de Lima, auténtico e invicto, lleno de intersticios para trocheros, avistadores de aves, campamenteros en busca de extravíos, amantes de los insectos, de las mariposas, de la flora que crece en medio de la hojarasca.  Había que ser osado para internarse en ese bosque, carta de navegación IGP en bandolera, de nombre intrigante: Getero. Y eso fue lo que hicimos más de una vez, adentrarnos en sus senderos y sus laberintos.
 
Los esposos Koepcke, Hanz-Wilhelm  y Marie, lo recorrieron palmo a palmo, entrados los años cincuenta. En mis apuntes de viaje escribí lo siguiente “Marie Koepcke descubrió en el Bosque de Zárate la hembra de un cotingido que resultó pertenecer a una especie nueva: Zaratornis stresemanni”. ¿Cuánto le debe el Perú a esta pareja de alemanes que se avecindó en nuestro país para quedarse para siempre? La contribución de los Koepcke a los estudios biológicos es enorme, tanto que podría considerarse a Wilhelm como el padre de la ecología peruana. “El Perú es un país tan variado, que no puede haber para un ecólogo nada más bello que trabajar allí”, le comentó a un colega suyo en 1951, exactamente seis años después de su arribo a nuestro país. El Dr. Koepcke había realizado estudios superiores en la Universidad de Kiel, en Alemania, donde conoció a la joven y atractiva estudiante María Mikulicz-Radecki, a partir de la década del cincuenta, ya en Lima, su compañera de desvelos científicos y esposa.
 
Hija de un ginecólogo de Leipzig, Marie, María para nosotros, había nacido en 1924; se doctoró como zoóloga en la misma universidad de su futuro esposo con un trabajo relativo a la selección y coloración de palomas silvestres y domésticas. Debió llegar a Lima en 1951 o en el 52, para encontrarse con su mentor académico y futuro marido. Juntos iniciaron el camino del Perú, como antes lo hicieran Raimondi, Tschüdi y tantos otros peruanistas más. En el cincunetaitrés los Koepcke ocupaban un lugar privilegiado al interior de la comunidad científica nacional. Wilhelm dijo lo siguiente en un discurso en la Agraria que fue muy comentado por sus colegas y alumnos: “El Perú es un país que por sus grandes contrastes orográficos y climáticos es excepcionalmente rico en variadas comunidades vitales naturales. A este respecto, el Perú probablemente debe considerarse como el más rico de todos los países (…) Allí donde existe una multitud de campos vitales naturales existe también una gran variedad de formas de vida”.
 

Las fotos que hemos visto de Marie en Zárate son maravillosas. Se le jovial, llena de vida, ilusionada con los aportes que el bosque le iba mostrando en materia aviar. Recordemos que su libro Aves del Departamento de Lima, publicado en el 64, fue por lustros, la única guía que tuvimos los aficionados a las aves y los viajes para confirmar reportes e ilusiones de campo. Marie fue una intrépida, una adelantada a su época, una mujer coraje, de esas que empiezan a ser mayoría en los campos donde se labra el futuro. Con Wilhelm formó una familia dedicada al trabajo científico y a la locura por el Perú, en algún momento de su travesía peruana la fiebre por conocerlo todo le pasó factura. En una carta que le escribe a un condiscípulo de la universidad de Kiel le cuenta: “Las consecuencias de nuestro accidente ya han sido vencidas por suerte casi por completo y estamos contentos de que no obstante toda la desgracia, todo ha terminado tan bien. Verdad es que yo misma he perdido, debido a la conmoción cerebral (los médicos creen que hasta he tenido una rotura en la base del cráneo) el sentido del olfato, pero por lo demás me va otra vez muy bien”.
 
En el año 54 nació Juliana, la niña de la foto que les presentamos en la “página principal” de esta edición y que desde muy pequeña los acompañó durante sus expediciones científicas. “Con un camión alquilado, con perro, hija y perico” los Koepcke llegaron a Tornavista, en el curso inferior del río Pachitea para dedicarse in extenso al fisgoneo aviar y a las elucubraciones científicas. La ciudad les había quedado chica y el rumbo de sus vidas los había llevado, irremediablemente, a la amazonía de nuestro país. Precisamente en uno de sus tantos viajes de retorno al bosque que los alojaba, la muerte la alcanzó. cuando volaban en un avión Electra de LAPSA, ella y su hija, la única sobreviviente de una tragedia que acabó con la vida de 92 pasajeros. Juliana sobrevivió y su historia dio la vuelta al mundo. Wilhelm tuvo el valor suficiente para abrazar y cuidar a su hija, también la fortaleza para despedirse de su abnegada e inteligente compañera de toda la vida.
 
Ahora que el Estado ha tenido a bien proteger el Bosque de Zárate, he pensado en los Koepcke y su osadía, en su sueño de un país intacto, lleno de vida y libre de estropicios y me ha dado un poco de temor saber cuánto nos falta para lograrlo…

Buen viaje…

A poco de cerrar esta nota, me llegó el artículo de  la Dra. Irma Franke sobre las fotos que comento. Se las paso, disfrútenla:
http://avesecologaymedioambiente.blogspot.com/

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Publicado el noviembre 2, 2010 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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