Archivos Mensuales: noviembre 2010

95. José Antonio de Lavalle, un adelantado

(Pantanos de Villa, Lima) Para mí el fin de semana largo fue de trabajo, no de salidas de campo ni de viajes por el Perú. Como debía terminar un artículo para la revista Altaïr de España, tuve quedarme en casa para revisar fichas y consultar mi biblioteca. Mientras buscaba datos sobre la Compañía Administradora del Guano me topé con este trabajo sobre José Antonio de Lavalle que en el lejano 1999 publiqué en la página editorial del diario El Sol. Se los paso con la pretensión de ir creando un galería de amantes del Perú. Allí va:

Debió ser un hombre apacible y de buenos modales. Una fotografía que los editores del Boletín de la Compañía Administradora del Guano incluyen en un homenaje que la revista que él fundara en 1925 le dedica a poco de su muerte, lo retrata así. Un rostro redondo y unos gruesos lentes de carey, un bigote severo y bien recortado, un semblante sereno. Nada delata en esa mirada buena y calma, el nervio y la inmensa capacidad de trabajo que fueron dos de sus más notables cualidades. José Antonio de Lavalle fue un científico de nota, a él se debe el impulso que recibió la agricultura costeña en el presente siglo y a su visión avanzada, debemos también, la introducción en el Perú de la ecología y el estudio de las aves.

Perteneció a la generación nacida en la post guerra, aquella que meció su cuna la desgracia económica y el derrotismo. El suyo fue un apellido vinculado a la agricultura, a las finanzas y a la política. Su padre fue el comisionado peruano que intentó un arreglo pacífico con Chile en los días previos a la guerra y casi todos sus parientes próximos y lejanos militaron en la causa del civilismo y sentaron las bases de lo que Basadle ha llamado la República Aristocrática.

Vinculado al negocio de la tierra desde sus años de juventud, Lavalle fue uno de los primeros en darse cuenta de la importancia del guano en la insurgente agricultura nacional. En 1912 fue reclutado por la Compañía Administradora del Guano, entidad dirigida por el cerrado grupo de hacendados que controlaban la gran propiedad e impulsaban el avance agroindustrial, para que investigara la conducta aviar en las islas y su relación con la producción del fertilizante. El año anterior un impresionante El Niño había diezmado las poblaciones alterando severamente los beneficios de la corporación guanera.  Su trabajo fue meticuloso y serio, recorrió palmo a palmo las diferentes islas y promontorios donde se almacenaba el recurso, diseñó planes encaminados a observar in situ los movimientos demográficos de las aves bajo su responsabilidad y planteó hipótesis decididas a contrarrestar los efectos de los cambios hidroclimáticos.

En 1941 presentó su voluminoso informe sobre Las Necesidades del Guano en la Agricultura Nacional que al decir de muchos constituye uno de los más grandes trabajos científicos del presente siglo y en 1917 el que consideramos el trabajo fundacional de la ornitología peruana, su informe preliminar sobre la causa de la mortandad de las aves ocurridas en el mes de marzo de dicho año. Desde entonces sus contribuciones científicas vinculadas al agro serían constantes y notables.

Durante varios años dirigió personalmente la política científica de la Compañía, fundando el 1925 el Boletín que por décadas alojara en sus páginas lo mejor de su producción científica. He navegado por las finísimas páginas de esta publicación editada en una época de verdadero auge intelectual y no he dejado jamás de maravillarme de la alta calidad de cada uno de las colaboraciones y el papel vanguardista que le tocó jugar. Por entonces Mariátegui dirigía Amauta y los mercuriales de Belaunde el famoso Mercurio Peruano. En lo estrictamente relacionado al diseño y la diagramación el Boletín es superior a todas.

Lavalle se dio maña para multiplicarse en el cumplimiento  de sus funciones. Absolvió las dudas de los agricultores sobre el buen uso del abono, respondió memorandums, elevó cartas a las autoridades de los gobiernos de turno, elaboró un prolijo estudio sobre nuestras reservas alimentarias y viajó por todo el Perú defendiendo a capa y espada toda política que significara el cuidado de la vida aviar en las islas. Nadie como él supo tanto sobre el fenómeno El Niño y nadie estudió con tanta voracidad los efectos sobre las aves que producía el evento.

El año pasado mientras observaba la mortandad aviar en las playas de Lima (me refiero al Niño del 97/98. Nota actual) encontré en uno de los boletines las apreciaciones que el científico había reportado en las comunidades de guanayes y piqueros afectados por un El Niño en la década del veinte. Sus opiniones destacan por la precisión y sensatez; nunca una línea demás ni una observación apresurada. Lavalle supuso que la mortandad de los peces que precedía al denominado aguaje en las costas del Perú, fenómeno cíclico de hondas repercusiones económicas para la Compañía, se debía a la incursión de la corriente marítima ecuatorial en zonas usualmente frías de nuestro mar territorial, situación que alteraba la temperatura normal y producía la súbita muerte de los microorganismos marinos.

Lavalle se retiró de la corporación en 1932; la revista siguió apareciendo con regularidad pero los temas que él había planteado fueron poco a poco abandonados. En 1957 ocurrió su deceso. Con él moría una época privilegiada en cuanto al trabajo científico se refiere y cuya producción inmensa no ha sido del todo valorada, ni siquiera revisada.

Buen viaje…

 

Un par de cartas de un descendiente de Lavalle
8 de noviembre de 2010
Estoy gratamente impresionado por el artí­culo presentado en la edición 88 de su revista virtual, escrito por su director Sr. Guillermo Reaño y titulado José Antonio de Lavalle, un Adelantado. De la lectura del artí­culo brota en mí­ esta grata impresión, en primer lugar al percibir la reverencia y precisión con la que su autor, medio siglo después de la existencia de aquel, haciendo gala de su capacidad para la empatía, describe fidedignamente al personaje en toda su extensión; como por el enfoque particular que da a este artículo al resaltar un aspecto de su personalidad poco conocido relacionado a su capacidad cientí­fica, la misma que luego de su muerte ha sido poco comentada por haber estado subordinada por sus otras cualidades, de género espiritual, social y cultural.

José Antonio de Lavalle Garcí­a fue un hombre que amó la vida y se preocupó por todo aquello que ayudara a enaltecerla, incluyendo entre otras disciplinas a la fotografí­a, actividad que por ese entonces representaba la tecnología y le sirvió como medio de manifestación artística, a la vez de medio de registro de sus actividades para sus posteriores investigaciones.A propósito de esto, en el Boletí­n de la Compañí­a Administradora del Guano, además de dirigirlo y publicar múltiples artículos en ella, también presentó fotografí­as que fueron tomadas por él para graficar sus artí­culos, entre las que se encuentran estas tres simpáticas fotos sobre la población guanera de entonces y que adjunto al presente comentario con la intención que puedan exhibirlas como fotos del recuerdo.

Antes de despedirme me permito hacerles una precisión : El padre de José Antonio de Lavalle García fue José Antonio de Lavalle Pardo, quien fuera hijo de José Antonio de Lavalle Arias Saavedra, a quien el gobierno le asignara difícil misión de intentar un arreglo pacífico con Chile antes de la guerra y posteriormente a ésta, firmar el Tratado de Paz de Ancón en representación de la nación.

José Antonio Talleri de Lavalle
j.a.talleri@fotolaser.com

 

9 de noviembre de 2010
De mi consideración :

En el archivo adjunto les remito las tres simpáticas fotos que les ofrecí, tomadas por José Antonio de Lavalle García, en una de sus tantas excursiones a las Islas de Chincha, en las que aparece retratado un investigador (probablemente extranjero ) retratando a su vez a la población aviar de esas islas.

Lo resaltante de estas fotos es que muestran uno de los aspectos de la personalidad del científico J.A. de Lavalle quien en medio de sus ocupaciones se da tiempo para captar imágenes fotográficas artísticas del entorno que lo rodea.

Estas fotos corresponden a los años de 1920 a 1930 por la vestimenta y cámaras fotográficas que muestran.

José Antonio Talleri L.

94. ¿Qué se está cocinando en la Reserva Nacional Cerros de Amotape?

(Pantanos de Villa, Lima) Los estoy viendo por Internet, orondos y llenos de emoción, juntitos y en Loja para la presentación en sociedad del tantas veces postergado Proyecto Binacional Puyango-Tumbes, 289,5 millones de dólares de inversión, cuarenta mil hectáreas de tierras nuevas ganadas para la agricultura. Hablo de Alan García y Rafael Correa, los presidentes del Perú y el Ecuador. La postal parece la misma, Alan y Lula, Alan y Correa.Apurémonos que se nos pasa el tren del desarrollo, de la verdadera integración sudamericana, parecieran decir al unísono. ¡Qué vivan las IIRSAs, qué viva el progreso, saludemos con regocijo el tiempo nuevo, la verdadera revolución!.

No quiero ser matatono, pero motivos me sobran para poner en duda tanta belleza, tantos discursos y celebraciones. Tantas promesas de bienestar para una región, la de Tumbes, que podría perder el cerrojo que con esfuerzo se inventó para proteger sus áreas naturales protegidas, tesoro de los tumbesinos pero también de todos los peruanos: la Reserva Nacional Cerros de Amotape, la Zona Reservada de Tumbes y el Santuario Nacional Manglares de Tumbes. Las dos primeras junto al Coto de Caza el Angolo, en las vecinas localidades de Talara y Sullana, conforman la Reserva de Biosfera del Noroeste Peruano, una unidad de conservación de carácter internacional que intenta proteger geografías representativos de los hábitats del planeta. El Perú tiene tres de las 564 reservas de biosfera que hasta la fecha se han categorizado en 109 países del mundo: Manu, Huascarán y Tumbes.
E

sa riqueza, ese futuro verde, tomando como nuestra una frase de Pedro Solano, es el que deberíamos preservar en Tumbes. Y en Piura y, por cierto, también en las distintas (y son muchas) regiones políticas de nuestro inmenso país premiadas con exceso por la Naturaleza. Como le decía en la mañana a la bióloga Eliana Alfaro, el potencial ecoturístico de estas zonas de vida del Perú aún no ha sido sopesado en su verdadera magnitud, tampoco el valor inconmensurable de los econegocios que podríamos generar en dichos territorios. Lamentablemente así no piensa el Estado, ni los gobiernos de turno, ni los funcionarios a la caza de oportunidades. Ni qué decir de los técnicos del Proyecto Binacional Puyango-Tumbes, el hijo predilecto, en estos días de repetidos abrazos y mohines presidenciales, de Alan García y Correa.

Comparto plenamente las preocupaciones de Renzo Piana, Fernando Angulo y Pablo Venegas, científicos peruanos que nos vienen advirtiendo de los descalabros ambientales que produciría la puesta en marcha del proyecto de irrigación de la margen derecha del río Tumbes que viene auspiciando el Proyecto Binacional y que contaría con el visto bueno del Gobierno Regional y de las municipalidades de los distritos de Pampas de Hospital, San Juan de la Virgen, San Jacinto y Corrales, en cuyas jurisdicciones se encontrarían los “beneficiarios” inmediatos del proyecto hídrico que va a generar la inclusión de dieciocho mil hectáreas de tierras a la alicaída agricultura tumbesina. El “Estudio a Nivel de Perfil Irrigación Margen Derecha del Río Tumbes” lo dice con énfasis: “el proyecto se considera de suma importancia y por tanto prioritario, porque los objetivos del mismo se orientan a beneficiar a los agricultores del valle de Tumbes que no cuentan con una adecuada infraestructura hidráulica para el riego por gravedad en la margen derecha del río del mismo nombre, labor que se encuadra dentro de la política nacional y regional de lucha contra la extrema pobreza”.

No estamos en contra de la agricultura en la zona ni vamos a defender el statu quo actual: nos parece un sinsentido que siendo Tumbes una región privilegiada en términos hídricos tenga esos bolsones de pobreza en el campo que espantan. Es cierto. Pero también es una evidencia de la realidad de que no se puede seguir destruyendo los bienes comunes en aras de una noción de desarrollo controvertida  que nos viene pasando una factura de proporciones gigantescas. La construcción de una presa derivadora de agua sobre el cauce del río Tumbes para 25 m3/s y una presa de almacenamiento de 168 Hm3 en la zona de Angostura no solamente sumergirá bajo el agua centenares de hectáreas del bosque seco tumbesino sino que “alterará la fisonomía y fenología de los bosques en las zonas de los bosques en las zonas aledañas a las zonas represadas”. No lo digo yo, al fin y al cabo un simple periodista que se afana en conocer dinámicas ecosistémicas complejas, lo dice Renzo Piana, científico limeño a punto de obtener un PhD por la Manchester Metropolitan University y hasta hace algunos años caminante trejo del bosque seco que se pretende inundar. Renzo se lo ha hecho saber al ministro Brack a través de una carta que acabamos de leer.

Es necesario actuar de inmediato, no para oponerse por el prurito de oponerse. No, lo que pedimos es transparencia y debate público. Técnico, por cierto. Piana, me consta, ha recorrido el área durante el 2009 y fue testigo de excepción de una apurada lotización de terrenos de 10 a 20 hectáreas en zonas donde no había, ni por asomo, indicios de agua. ¿Por qué esa prisa? Fácil, los traficantes de terrenos de siempre ya fueron avisados de la visionaria obra por venir  y se repartieron lo que no les pertenece. Y si a esto le sumamos el hecho incontrovertible de que los grandes beneficiarios del proyecto de irrigación de marras no serían, como siempre, los más pobres sino prósperos agricultores con capacidad de pagar 1200 dólares por hectáreas, el asunto cobra ribetes de escándalo y negociado.

No queremos apresurarnos, ya lo dije, lo que se quiere es información de calidad y discusión a tiempo y sin apuros. Y si usted todavía tiene dudas sobre la posible afectación l Cerros de Amotape les copio estas líneas del resumen ejecutivo del proyecto que acabamos de comentar. Digamos que en propias palabras de los consultores contratados por el Estado: “Si bien es cierto que en áreas de uso directo, caso de la Reserva Nacional Cerros de Amotape, no se permite modificaciones del ambiente natural, siempre es posible solicitar la reducción física del área natural, en el área en que este Parque Nacional será inundado por el embalse que se creará debido a la Presa de Derivación Guanábano. Esta modificación deberá ser aprobada por Ley”. O esta otra, de campeonato: “Las obras proyectadas en el proyecto alterarán la calidad ambiental actual del medio; los impactos ambientales generados por la operación de las obras hidráulicas propuestas, a nivel de perfil, han sido calificados como severos pues afectarán áreas protegidas por el Estado, su diversidad biológica y ecosistema existentes. Sin embargo; los estudios de Ingeniería que se deberán realizar posteriormente (etapas de prefactibilidad y factibilidad), deberán considerar estudios muy detallados del medio biótico a fin de determinar la viabilidad ambiental del proyecto, considerando que las obras proyectadas afectarán un pequeño porcentaje de las áreas protegidas (límite de estas áreas) y no la totalidad de la misma. Además, existen técnicas de ingeniería que de aplicarse pueden minimizar los efectos de los impactos ambientales negativos que generará el proyecto”. Mientras no haya claridad que el dúo dinámico aproveche la buena salud para bañarse en el río Tumbes.

Buen viaje…

93. Marie y Wilhelm Koepcke, pioneros

(Pantanos de Villa, Lima) Las cosas que tiene el Facebook, esa herramienta que se va convirtiendo en indispensable para los que trabajamos armando redes, tratando de subvertir el orden, luchando por cambiar las cosas: en cualquier momento uno se topa con una noticia imprescindible, con un dato inobjetable, con una foto (o varias, que es el caso) que hacía tiempo andaba buscando, seguro de que al encontrarla se iban a perfilar de mejor forma las cosas. Me acaba de suceder aquello con el hallazgo en la red social de un grupo de fotos de Marie Koepcke, la científica alemana que fundó en el Perú la ornitología contemporánea. Verdaderamente fabuloso.
 
No sé si hallé las fotos hurgando en los álbumes personales de Irma Franke o me las copió alguno de los tantos suscritos a la cuenta del Grupo Viajeros. En verdad, importa poco, lo cierto es que en plena algarabía particular por la inclusión del Bosque de Zárate en el SINANPE tuve en mis manos un manojo de imágenes de Marie en el bosque que los esposos descubrieron para la ciencia durante la década de los cincuenta. Esta es mi historia:
 
El bosque de Zárate fue, en los ochenta, una referencia para viajeros extremos. O, dicho de otra manera, para caminantes atrevidos, para mochileros de verdad. Pino Rubio trajo el dato, seguramente oído en las aulas de la Molina, de un bosque en las proximidades de Lima, auténtico e invicto, lleno de intersticios para trocheros, avistadores de aves, campamenteros en busca de extravíos, amantes de los insectos, de las mariposas, de la flora que crece en medio de la hojarasca.  Había que ser osado para internarse en ese bosque, carta de navegación IGP en bandolera, de nombre intrigante: Getero. Y eso fue lo que hicimos más de una vez, adentrarnos en sus senderos y sus laberintos.
 
Los esposos Koepcke, Hanz-Wilhelm  y Marie, lo recorrieron palmo a palmo, entrados los años cincuenta. En mis apuntes de viaje escribí lo siguiente “Marie Koepcke descubrió en el Bosque de Zárate la hembra de un cotingido que resultó pertenecer a una especie nueva: Zaratornis stresemanni”. ¿Cuánto le debe el Perú a esta pareja de alemanes que se avecindó en nuestro país para quedarse para siempre? La contribución de los Koepcke a los estudios biológicos es enorme, tanto que podría considerarse a Wilhelm como el padre de la ecología peruana. “El Perú es un país tan variado, que no puede haber para un ecólogo nada más bello que trabajar allí”, le comentó a un colega suyo en 1951, exactamente seis años después de su arribo a nuestro país. El Dr. Koepcke había realizado estudios superiores en la Universidad de Kiel, en Alemania, donde conoció a la joven y atractiva estudiante María Mikulicz-Radecki, a partir de la década del cincuenta, ya en Lima, su compañera de desvelos científicos y esposa.
 
Hija de un ginecólogo de Leipzig, Marie, María para nosotros, había nacido en 1924; se doctoró como zoóloga en la misma universidad de su futuro esposo con un trabajo relativo a la selección y coloración de palomas silvestres y domésticas. Debió llegar a Lima en 1951 o en el 52, para encontrarse con su mentor académico y futuro marido. Juntos iniciaron el camino del Perú, como antes lo hicieran Raimondi, Tschüdi y tantos otros peruanistas más. En el cincunetaitrés los Koepcke ocupaban un lugar privilegiado al interior de la comunidad científica nacional. Wilhelm dijo lo siguiente en un discurso en la Agraria que fue muy comentado por sus colegas y alumnos: “El Perú es un país que por sus grandes contrastes orográficos y climáticos es excepcionalmente rico en variadas comunidades vitales naturales. A este respecto, el Perú probablemente debe considerarse como el más rico de todos los países (…) Allí donde existe una multitud de campos vitales naturales existe también una gran variedad de formas de vida”.
 

Las fotos que hemos visto de Marie en Zárate son maravillosas. Se le jovial, llena de vida, ilusionada con los aportes que el bosque le iba mostrando en materia aviar. Recordemos que su libro Aves del Departamento de Lima, publicado en el 64, fue por lustros, la única guía que tuvimos los aficionados a las aves y los viajes para confirmar reportes e ilusiones de campo. Marie fue una intrépida, una adelantada a su época, una mujer coraje, de esas que empiezan a ser mayoría en los campos donde se labra el futuro. Con Wilhelm formó una familia dedicada al trabajo científico y a la locura por el Perú, en algún momento de su travesía peruana la fiebre por conocerlo todo le pasó factura. En una carta que le escribe a un condiscípulo de la universidad de Kiel le cuenta: “Las consecuencias de nuestro accidente ya han sido vencidas por suerte casi por completo y estamos contentos de que no obstante toda la desgracia, todo ha terminado tan bien. Verdad es que yo misma he perdido, debido a la conmoción cerebral (los médicos creen que hasta he tenido una rotura en la base del cráneo) el sentido del olfato, pero por lo demás me va otra vez muy bien”.
 
En el año 54 nació Juliana, la niña de la foto que les presentamos en la “página principal” de esta edición y que desde muy pequeña los acompañó durante sus expediciones científicas. “Con un camión alquilado, con perro, hija y perico” los Koepcke llegaron a Tornavista, en el curso inferior del río Pachitea para dedicarse in extenso al fisgoneo aviar y a las elucubraciones científicas. La ciudad les había quedado chica y el rumbo de sus vidas los había llevado, irremediablemente, a la amazonía de nuestro país. Precisamente en uno de sus tantos viajes de retorno al bosque que los alojaba, la muerte la alcanzó. cuando volaban en un avión Electra de LAPSA, ella y su hija, la única sobreviviente de una tragedia que acabó con la vida de 92 pasajeros. Juliana sobrevivió y su historia dio la vuelta al mundo. Wilhelm tuvo el valor suficiente para abrazar y cuidar a su hija, también la fortaleza para despedirse de su abnegada e inteligente compañera de toda la vida.
 
Ahora que el Estado ha tenido a bien proteger el Bosque de Zárate, he pensado en los Koepcke y su osadía, en su sueño de un país intacto, lleno de vida y libre de estropicios y me ha dado un poco de temor saber cuánto nos falta para lograrlo…

Buen viaje…

A poco de cerrar esta nota, me llegó el artículo de  la Dra. Irma Franke sobre las fotos que comento. Se las paso, disfrútenla:
http://avesecologaymedioambiente.blogspot.com/