92. Casa Hacienda Shismay: un sueño en la sierra de Huanuco

(San Sebastián de Shismay, distrito de Amarilis, Huánuco) Debieron ser recios, y obstinados, los inmigrantes tiroleses que en 1857 se detuvieron en la quebrada de Shismay para descansar un tiempo mientras se empecinaban en renovar esperanzas antes de tomar por asalto las tierras del Pozuzo, en la lejanísima provincia huanuqueña de Pachitea. No me quedan dudas, eran recios, obstinados y  se enamoraron perdidamente  de unos paisajes, los de estos valles de Shismay, Acara y Malcolga, sobre la ciudad de Huánuco, tan parecidos a los suyos, los que contra su voluntad acababan de dejar para siempre en la Europa empobrecida de mediados del XIX.

Eso explica que a tan pocas jornadas de arribo a la floresta que el gobierno del Perú les había asignado para instalarse decidieran hacer un alto de muchos meses en una hacienda huanuqueña para vivir del rumor de las aguas que iban viniendo desde las lagunas de Mancapozo y Parquincho, del viento que definía en esas soledades sonidos de todas las cadencias, de la armonía de los árboles nativos que crecían en una región de clima bendito y de tantas oportunidades para quien hubiera preferido quedarse para siempre.
 
Eso pienso mientras me tomo un descanso en el voladizo principal de la Casa Hacienda Shismay, debajo  de las arquerías de su inconfundible fachada, dominando desde mi posición privilegiada todo el valle, profundo y variado, que se extiende en lontananza. Viajero de estos días, me siento un personaje de otros tiempos, acaso un enfebrecido miembro de la avanzada alemana en busca del Pozuzo o tal vez un peón esforzado de esta misma hacienda que alguna vez fue de Mariano Ignacio Prado, presidente del Perú y padre de dos héroes americanos. Increíble, el turismo rural, el rural omunitario, el turismo en haciendas que se van consolidando en nuestro país y nos permiten descubrir una historia que conocimos a cuentagotas o que simplemente llegó a nuestros oídos a través de los relatos poco convincentes de nuestros maestros de escuela.

 

Y mientras reflexiono y tomo apuntes, escucho la voz de Antonia, la afectuosa comunera que nos atiende este fin de semana largo, que me invita a pasar al comedor principal para probar sus potajes campesinos. Ella y Andrés -su esposo- son los nuevos responsables del proyecto turístico que la Asociación de Productores Ecológicos de San Sebastián de Shismay viene impulsando con ahínco desde el 2005, cuando una generosa donación de los Rolando, la familia propietaria de estas tierras antes de la Reforma Agraria, hizo posible la remodelación de la Casa Hacienda y la transformación del edificio en un hotel pequeño pero muy acogedor y bien puesto.
 
La Casa Hacienda Shismay se encuentra a  diecisiete kilómetros de la actual ciudad de Huánuco, la “Muy Valerosa, muy Noble y muy Leal Ciudad de León de Huánuco de los Caballeros del Perú” fundada algunos años después de la llegada de Pizarro al Tahuantinsuyo, justamente en la parte más primorosa de una quebrada típicamente quechua muy bien salpimentada de pueblos acogedores y caminitos que nos llevan a cualquier parte; digamos que se trata de un típico paisaje serrano rodeado de verdes,  de sementeras donde se cultivan productos agrícolas orgánicos –de hecho, otra de las líneas de trabajo de la asociación es la agroproducción ecológica- , cataratas y lagunas donde, si se tiene suerte y paciencia, se pueden pescar truchas.  A tiro de piedra de Huánuco, la propuesta de la Casa Hacienda Shismay nos invita a disfrutar de las nuevas tendencias que el Turismo Rural Comunitario viene proponiendo desde hace un tiempo. Las principales, la gestión comunal del negocio turístico y la obtención de ganancias que permiten a sus impulsores pararse de mejor manera para enfrentar las exigencias del futuro. En San Sebastián de Shismay, pueblito de no más de quince casas de barro y techos de tejas, el Wawa Wasi y algunos otros gastos comunes más, son solventados con el dinero que se obtiene  de la actividad turística y tanto niños como adultos van aprendiendo a conocer las ventajas del progreso sensato sin renunciar a una identidad que puede convertirse en un activo para seguir construyendo desarrollo. 

Viajero en ejercicio de sus facultades, el vivir unos días con los Sánchez y sus compañeros de trabajo en la Casa Hacienda Shismay –Oriol, Máximo, Julissa, Juan Daniel, Adelaida…) me llenó de alegría. También de tranquilidad: los caminos que vamos recorriendo desde el turismo en el afán de construir un país menos excluyente, se van poblando de caminantes (nosotros, los que hemos elegido la ilusión del turismo alternativo) cada más comprometidos con las propuestas que germinan en el interior. Y esa es la mejor noticia que puede tener cualquiera de nosotros para celebrar las Fiestas Patrias. 

 

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Publicado el agosto 28, 2010 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. 1 comentario.

  1. Que tan diferente es la clima annual en shismay comparando con la ciudad de huanuco? porque estoy pensando comprar un terreno.

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