Archivos Mensuales: junio 2010

86. Minería informal que lo destruye todo

Dentro de unos días estaré en Panamá convocado por Alejandro Balaguer, director de Albatros Media, para hablar en su programa de TV  sobre la minería informal y los desastres ecológicos que está produciendo en Madre de Dios. Difícil encargo, ya lo creo; voy, no me queda ninguna duda, en representación de los que desde hace varios años venimos denunciando un ecocidio de proporciones dantescas en una de las regiones más biodiversas del planeta. Destrucción ambientral que tiene como principal responsable a los que tienen el convencimiento de que los recursos naturales de la Amazonía están allí, serviditos, para su utilización compulsiva. Lo acabo de leer en un interesante estudio de la Fundación Conservación Estratégica sobre la Interocéanica del Sur, son las carreteras y las infraestructuras construídas a partir de la década del setenta las causantes de la destruccíon del paraíso que hasta entonces permanecía a salvo de la depredación y el mal uso.

El departamento de Madre de Dios tiene una superficie de 85, 184 Km2, algo más que Panamá que solo tiene 75,517 km2 . Es muchísimo más grande que Costa Rica (51 mil km2), uno de los países que utiliza de manera más sostenible su condición boscosa tropical y casi tres veces más grande que Bélgica. Un poco más del cinco por ciento del total del territorio maternitano está concesionado a la minería.  Parece poco si tomamos en cuenta que entre tierras bajo protección estatal (léase áreas naturales protegidas), concesiones para conservación y ecoturismo y posesiones indígenas, la cantidad de tierras “en buenas manos”  representa casi el 55,6 % de su territorio total.

Una lectura fácil de estos guarismos podría llevarnos a pensar que son pocas las tierras derivadas a la minería e inmensas las que el Estado les ha entregado en propiedad a los defensores del ambiente. No es así, Madre de Dios, desde hace veinte años y sobre todo en los dos últimos lustros, viene sufriendo un descalabro ecológico de proporciones debido al accionar incontrolable de una minería del oro que basa su acción en la utilización de dragas y shutes (un armazón de madera donde se deposita y se lava la arenilla), armatostes que vienen devorando  con inusual prisa las cuencas de los ríos Inambari, Madre de Dios, Colorado, Puquiri, Huaypetue y Caychique.  Mucho dinero se mueve en Madre de Dios y esa es la madre del cordero; un estudio de CoperAcción indica que el 9 % del oro que produce nuestro país proviene de la región que en términos reales solo es derrotado en el ránking aurifero por la producción de Barrick y Yanacocha. Estamos hablando de una industria que podría estar moviendo 600 millones de dólares al año y ocupa a viente mil trabajadores que se amontonan en poblados de la muerte: Huaypetue, Delta 1, Delta 2, Bajo Pukuri, Nueva Arequipa, Laberinto, Boca Colorada, Lamal, Guacamayo, Sarayaku…

Nosotros seguimos confiando en que la verdadera vocación de Madre de Dios, aquella que tiene que ver con los bionegocios, el ecoturismo y el negocio del carbono, tiene que ver con su futuro verde y con el bosque en pie. No creemos en los cuentos chinos con los que nos quieren embaucar los que patrocinaron la Interoceánica y ahora prtenden vendernos la ilusión de la represa de Inambari y el acuerdo energético Lula-García.

 

En fin, el tema de la minería del oro (formal e informal) es un problema que debemos asumir con prontitud y autoridad. En eso estamos y para eso vamos a Panamá.

Buen viaje…

 

Les paso estos dos textos publicados en soloparaviajeros.pe (www.viajerosperu.com) que acabo de revisar mientras preparo mis fichas para la conversa con Balaguer:

Escuchando a Dourojeanni. Hace muchos años que leo con atención a Marc Duorojeanni, una de las voces más autorizadas para hablar de la exuberante Amazonía, de sus ciclos de vida y de su futuro tan ligado al porvenir de nuestra especie. Marc, junto a Antonio Brack, Manuel Ríos y Carlos Ponce*, constituyen para este escriba el mejor póquer  de ases del conservacionismo cholo. Cuatro luminarias que desde los años sesenta vienen hablando de la importancia de conservar nuestros bosques, nuestros mares, nuestra extraordinaria geografía.  Hablando y haciendo ciencia, construyendo pensamiento crítico, debería agregar.

Carlos Ponce ya no está con nosotros, la muerte interrumpió su magisterio, pero sus compañeros de generación siguen allí, invictos en una lucha que todavía no acaba y que sigue siendo incomprendida. Es el caso, no me cabe duda, del trabajo de Antonio Brack, terco defensor de imposibles y en la actual coyuntura, presa fácil para los insultos y la grita destemplada.  Y también el de Manuel Ríos, catedrático de varias generaciones de molineros y silencioso defensor de la intangibilidad de  nuestras vastas regiones naturales.

Marc Durojeanni estuvo entre nosotros hace unos días, ya lo dijimos, para presentar su último libro –“Amazonía Peruana en 2021. Explotación de recursos naturales e infraestructura”**-combativo trabajo escrito al alimón con tres investigadores peruanos que pone en entredicho los megaproyectos que el gran capital pretende desarrollar en los próximos años en el oriente peruano. Proyectos que se han planeado ejecutar con idéntica velocidad con la que se generaron las ingentes ganancias que la crisis económica mundial produjo en sectores vinculados a la explotación de hidrocarburos, la construcción de carreteras  y otras industrias extractivas. Y que sin duda van a contribuir a la destrucción (y colapso) de una de las selvas más prístinas del planeta.

Detener esa locura, ponerle freno al  afán suicida que el modelo económico en el que vivimos aloja en su interior, es tarea de titanes. Pero es necesario intentar detener esa vorágine consumista que pretende devorar las riquezas que la Madre Tierra guarda en la Amazonía. Suena a verso, pero es real. El libro de Dourojeanni es de una claridad meridiana. Por eso es que no duda en decir que “los ambientalistas no se oponen al desarrollo, más bien su lucha debe servir para construir un mejor modelo de desarrollo que el actual”. Es más claro todavía y copiamos a pie juntillas lo que dijo el día en que presentó su trabajo en IPYS: “No es cuestión de radicalismos. La Amazonía, si es que se planifica, podría tener espacio hasta para los cultivos de soya o caña de azúcar; solo es cuestión de manejar con cuidado su integridad. Solo es cuestión de planificar”.

II

Minería Informal. Es verdad, la minería del oro que se da principalmente en Madre de Dios sigue produciendo infiernos en ese Edén terrenal que nos obstinamos en destruir. Razón tienen los amigos de la SPDA cuando anotan en uno de los tantos comunicados que he leído en los últimos días sobre el particular, que la demanda de los mineros artesanales no tiene nada que ver con legítimos derechos o derechos adquiridos. No es lo mismo Bagua que Chala o Puerto Maldonado; me refiero en estricto sentido a la autenticidad de la demanda. Lo que en Madre de Dios o en la costa arequipeña encontramos es informalidad pura y de la peor: esa que contamina el ambiente, lo destruye para siempre al tiempo que se da maña para degenerar el tejido social en regiones tan complicadas como las mencionadas.

No es momentos para confusiones ni retrocesos. Tenemos que cerrar filas en nombre de la formalidad y el deseo compartido por tantos de poner coto a una situación que se nos está escapando de las manos. Desde aquí me animó a saludar el empuje de Brack y su decisión de ir hasta el final. Que el Ejecutivo lo respalde y que la clase política, el establishment ambiental sobre todo, juegue el rol protagónico que le toca jugar. La batalla por una Amazonía libre de mercurio y otros despropósitos, la verdadera lucha contra la minería infernal es asunto de todos. Fuerza y mucha serenidad, compañeros…

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85. Un mar de dudas

 Comparto las preocupaciones de Bruno Monteferri esbozadas en un artículo publicado en Actualidad Ambiental, el muy bien elaborado boletín noticioso de la Sociedad Peruana de Derecho Ambiental (SPDA) que  hemos colgado en la edición de soloparaviajeros.pe para La Mula. Monteferri afirma una verdad insoslayable: nunca antes como ahora se habían otorgado tantos lotes para hidrocarburos dentro de nuestro dominio marítimo, aproximadamente el diez por ciento de su superficie total. La voracidad de los que vienen alentando desde el gobierno nacional la lotización del espacio marino del Perú no tiene límites y en materia de uso (y abuso) del mar de todos, su accionar es doblemente peligroso debido a la poca presencia de una adecuada institucionalidad ambiental capaz de fiscalizar el accionar de la transnacionales que vienen operando principalmente en el norte del territorio nacional.
 
A diferencia de la Amazonía, son poquísimas las organizaciones de la sociedad civil que trabajan en nuestro mar. Y no es casual que solo sean tres las áreas naturales protegidas de un sistema nacional que tiene más de sesenta. Señalémoslas: la Reserva Nacional de Paracas, el Sistema de Islas y Puntas Guaneras y la Zona Reservada de San Fernando. Ni una más. Qué paradójico, el mar peruano, riquísimo y despensa de futuro (a pesar del “anchovetismo” y la pesca desmedida), así lo confirman todos los reportes científicos que hemos leído, es un sumidero de carbono tan importante como el que generan los bosques que aún sobreviven en los flancos cordilleranos y los que ocupan las 60 millones de hectáreas que nos quedan de fabulosa Amazonía.
 
Sin embargo, el olvido es el común denominador cuando se trata del mar peruano y la sinrazón en el manejo de sus recursos, el pan de cada día. Urge una campaña nacional que ponga en la agenda pública el tema de este grandioso ecosistema y que se constituyan de inmediato los equipos técnicos, a nivel local, regional y nacional, que sean capaces de visibilizar primero y luego solucionar, problemas de larga data. Uno de ellos, el uso del mar peruano como vertedero universal de los desechos de las grandes ciudades y poblaciones de toda laya. Otro, lo acabamos de mencionar, la pesca desmedida y sin control que sigue dándose a pesar del IMARPE y el sentido común. Que el próximo Día Mundial de los Océanos, 8 de junio de 2011, encuentre al Perú de pie en defensa de su pedazo de océano, con más ONGs en la brega, un Estado menos inmediatista y una colectividad dispuesta a defender hasta el final lo que es un derecho de todos: vivir al lado de un mar lleno de vida. Como antaño.

Buen viaje…