Archivos Mensuales: mayo 2010

84. Una mirada al quehacer del maestro en el Perú

Hace tiempo que les he contado que distribuyo mi tiempo entre viajar como un loco por el Perú y educar a niños y adolescentes en un colegio privado de Lima, en Los Reyes Rojos para ser más preciso, una experiencia de educación en libertad que ya pasó los treinta años de camino. Como le cuento a mis amigos más cercanos, la experiencia de trabajar con personas requiere de un viaje interior complicado y, a veces, agotador. Un verdadero acto de fe. Les voy a pasar, primero, la entrevista completa que Teresina Muñoz Nájar me hiciera para Caras semanas atrás y luego unos apuntes sobre la escuela pública en el Perú. Ojalá no se cansen y puedan disfrutas de estos viajes del alma.
 
¿Qué clase de ciudadanos esperas que sean los alumnos que forma tu colegio?
–          Espero que estemos ayudando a formar seres humanos interesados en construir una sociedad mejor, menos absurda. Hombres y mujeres solidarios con el sufrimiento ajeno, respetuosos de las diferencias; ciudadanos del mundo enemistados con la mediocridad y la intrascendencia. Plenos y libres, llenos de opiniones propias y en búsqueda permanente de la felicidad, del bien estar.
 
¿Qué es lo que realmente se le debe enseñar a los niños?
–          A valorar la vida sobre todas las cosas. Y a luchar para que la de cada uno sea magnífica, extraordinaria. Única. De esa manera podremos prepararlos para las malas horas,  para los tiempos de borrascas.
 
¿Cómo es un profesor ideal?
–          Por sobre todas las cosas un ser humano lleno de pasión, de fuerza interior. Un hombre, o una  mujer, con filo, con ganas de influir, de ser trascendente. Y que tenga empatía con las emociones del otro, aun cuando éstas sean tremendas. Un adulto que no ha olvidado que también fue un niño en búsqueda de calor y buena compañía.
 
¿Y un colegio ideal?
–          Un colegio planteado como un ecosistema conformado por buenas personas, un espacio donde habita la confianza, la alegría y el  gusto por estar juntos. Un útero social calientito, creado especialmente para que cada uno de sus miembros conozca el éxito, la generosa alegría de ser reconocido como especial, único.
 
Para muchos niños, ir al colegio es una suerte de calvario ¿cómo se evita esto?
–          Transformando la escuela en un lugar de cuidado, un lugar de “cuidanza”. Convirtiéndola en una institución dedicada a velar por la salud integral de las personas que acoge. No una cárcel, tampoco un espacio para la competencia innoble y la mera calificación de habilidades cognitivas. Haciendo de la escuela un buen lugar  para la convivencia, el aprendizaje y la diversión. Para el juego, el amor, los tropezones que alivian…
 
¿Cómo se puede lograr la equidad entre la educación pública y privada?
–          Planteado así el problema su solución resulta tan difícil como lograr la equidad entre ricos y pobres. Tengo la esperanza de que en la escuela de los pobres, por lo general pública, habitan maestros ejemplares, llenos de vida y locos por el cambio. Hay que ubicarlos para valorar en todas sus dimensiones su aporte libertario.
 
¿Cómo lograr que los niños crezcan sin  sentimientos negativos como por ejemplo el de la exclusión?
–          La exclusión solo se combate con la inclusión, no hay otra cura. Las escuelas deben ser espacios donde se ejercita permanentemente la inclusión, no solo en el caso tan obvio de las personas con discapacidades sino en todos los demás: los niños pobres, cholos, negros, con padres divorciados, con padres en la prisión, hiperactivos, etc. Se trata de crear un hábitat donde coexisten todos, sin diferencias de ningún tipo…
 
¿Crees que el sistema educativo peruano está cambiando y que el Perú dejará en algún momento de ser el último de la clase?

–          Muy pronto dejará de ser el último de la clase en el tema de la lecto escritura y los aprendizajes básicos en matemáticas. ¿Será ese el punto de inflexión para la mejoría educativa? Mientras no se recupere el sentido de la escuela, la educación peruana seguirá a la deriva, formando fantasmas que en la práctica son educados por la Trinchera Sur o el Comando Norte.
 
¿Cómo se fomenta el hábito de la lectura en tu colegio?
–          Leyendo y leyendo con sentido. Leyendo en un ambiente altamente estimulante. Leer cosas gratas, cercanas a uno, puede ser más interesante que el facebook o el patio. Aquí también se necesita del esfuerzo de los maestros creativos, trascendente, inquisidores…
 
¿Es necesario, algunas veces, castigar a los niños?
–          En educación, ya sea la que se brinda en casa o  la que se efectúa desde la escuela, el problema no es el castigo o la reprimenda. El tema de fondo es el abuso, el convencimiento de que es la represión el único camino para  afrontar las dificultades.
 
¿Cuál es la mejor manera de transmitirles valores fundamentales?
–          Ejerciéndolos en la vida misma de la escuela. No se educa para la vida, se educa en la vida, desde la vida. Una escuela autoritaria, que no escucha a sus alumnos, o a sus profesores, que se estructura desde el poder absoluto de los adultos,  no puede construir solidaridad, apoyo mutuo, respeto por los bienes comunes, democracia.
 
¿Cuál es la responsabilidad de los padres de familia en la etapa escolar de los niños?
–          Aportar serenidad, atención y compañía. Estar allí, junto al niño, siempre. Para ser su crítico más amoroso, cuando llegue el tiempo de los desacomodos; para premiar, desde el cariño y la confianza, cualquiera de sus pasos firmes hacia el mejor estar.
 
En el país todavía hay cientos de niños que simplemente no pasan por la escuela, ¿qué  piensas de eso?
–          Qué es dramático, ciertamente, pero más horrible todavía es constatar que en nuestro país las nuevas generaciones de peruanos están condenadas a vivir en escenarios familiares de pavor. La familia está en crisis: vivimos tiempos, como dicen los sicoanalistas, de madres deprimidas y padres ausentes. ¿Se puede afirmar la felicidad en espacios así? Doble papel, entonces, el de las escuelas y sus maestros. La escuela debe convertirse en el espacio propicio para que surja la resiliencia en niños y niñas traumatizados por los golpes de una vida miserable.
 
¿Cómo lidias con los niños que tienen problemas familiares?
–          Desde el convencimiento total de que ellos son inimputables. Son las víctimas de un sistema atroz.
 
Constantino Carvallo repetía siempre una frase de Rilke: La única patria del hombre es su infancia, ¿qué te suscitan esas palabras a ti?
–          El mejor de los recuerdos del amigo, del compañero, del maestro. Constantino fue el mejor intérprete de la decadencia de esta forma torpe en la que hemos convenido en organizarnos como sociedad y un profeta  del tiempo por venir. De esa otra patria que tenemos que formar, la del mañana…
 
Las aulas escolares ¿reflejan de alguna manera nuestra sociedad?

–          Sí, no me queda ninguna duda.
 
¿Cuál es tu mejor recuerdo de la escuela?
–          Los amigos, esa loca fratría que actúa como disolvente para deglutir  tanta furia recibida. Y el talento especial de algunos de mis maestros, entre todos, Hubert Lanssiers, un profesor de idealismo que nos enseñó a tantos a ser enemigos de las injusticias y a soñar, siempre, con una vida mejor.
 
¿Y el peor?
– El haber permitido que me sienta, siendo un niño, tan solito…

Anuncios