83. Lima está de fiesta…

Y no porque haya cumplido un año más de vida, que ya van 475 desde su fundación española. Está de fiesta porque por primera vez en estos últimos cincuenta años empieza a recibir elogios por su bien estar y evidentes mejorías. Increíble, la misma ciudad capaz de aterrar a cualquiera durante sus célebres horas punta y espantar al más osado por su inseguridad ciudadana, recibe elogios, desde adentro y desde afuera, por ser ejemplo en Latinoamericana de capital progresista y bien encaminada. Es la ciudad de los chorros de agua, de la culinaria más exquisita del mundo y de las grandes inversiones inmobiliarias. Por primera vez en décadas, sus habitantes la miran con cariño y dicen, al menos eso nos cuentan las encuestadoras, que no la cambiarían por otra. Para los limeños del nuevo milenio Lima es como Nueva York, Buenos Aires o Santiago de Chile. Una ciudad para quedarse.

No compartimos tanto exceso, tanto ditirambo. Sí y en eso coincidimos con Augusto Ortiz de Zevallos, nos da ilusión constatar ciertos cambios micro en una ciudad macro. Lo dijimos hace tres semanas cuando nos referirnos al buen momento de Barranco y lo volvimos a decir en nuestro último editorial de SOLO PARA VIAJEROS al hablar de Chorrillos: algunas partes de la ciudad parecen de otro mundo, calles organizadas alrededor de parques verdísimos y árboles que crecen pretendiendo tapar el cielo panza de burro de la Gran Ciudad, veredas amplias y bien cuidadas, calles creciendo con propiedad. En materia de orden y cierta planificación algunos rincones de la ciudad son realmente únicos. Y exhiben su nueva ornamenta con distinción y salero. Los acantilados sobre la Costa Verde, desde San Miguel hasta Chorrillos, lucen un esplendor desconocido y algunos distritos clasemedieros, nuevamente Chorrillos, San Miguel, Magdalena, Pueblo Libre, se han recuperado del todo y estrenan novedades. Ni qué decir de Los Olivos o las zonas liberadas del descontrol del Callao, que tiene en su centro histórico un teatro maravilloso y muchas posibilidades de ser La Habana Vieja.

Vivimos, yo también lo afirmo, dice Ortiz de Zevallos un momento de inflexión. O nos calcutizamos y devenimos en un barrio más de Sinaloa o Oaxaca, donde los cárteles del terror, cualquier terror, vomitan asesinatos cada día o empezamos a organizar la vida ciudadana de tal forma que del caos se genere el orden, el cosmos urbano que tanto reclamamos. O la Edad Media o el sueño de una metrópoli sostenible y bien pensada; donde habitan ciudadanos que se enorgullecen de serlo. Donde el gris no importa tanto porque el olor a la felicidad todo lo puede…

Buen viaje…

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Publicado el enero 26, 2010 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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