Archivos Mensuales: enero 2010

83. Lima está de fiesta…

Y no porque haya cumplido un año más de vida, que ya van 475 desde su fundación española. Está de fiesta porque por primera vez en estos últimos cincuenta años empieza a recibir elogios por su bien estar y evidentes mejorías. Increíble, la misma ciudad capaz de aterrar a cualquiera durante sus célebres horas punta y espantar al más osado por su inseguridad ciudadana, recibe elogios, desde adentro y desde afuera, por ser ejemplo en Latinoamericana de capital progresista y bien encaminada. Es la ciudad de los chorros de agua, de la culinaria más exquisita del mundo y de las grandes inversiones inmobiliarias. Por primera vez en décadas, sus habitantes la miran con cariño y dicen, al menos eso nos cuentan las encuestadoras, que no la cambiarían por otra. Para los limeños del nuevo milenio Lima es como Nueva York, Buenos Aires o Santiago de Chile. Una ciudad para quedarse.

No compartimos tanto exceso, tanto ditirambo. Sí y en eso coincidimos con Augusto Ortiz de Zevallos, nos da ilusión constatar ciertos cambios micro en una ciudad macro. Lo dijimos hace tres semanas cuando nos referirnos al buen momento de Barranco y lo volvimos a decir en nuestro último editorial de SOLO PARA VIAJEROS al hablar de Chorrillos: algunas partes de la ciudad parecen de otro mundo, calles organizadas alrededor de parques verdísimos y árboles que crecen pretendiendo tapar el cielo panza de burro de la Gran Ciudad, veredas amplias y bien cuidadas, calles creciendo con propiedad. En materia de orden y cierta planificación algunos rincones de la ciudad son realmente únicos. Y exhiben su nueva ornamenta con distinción y salero. Los acantilados sobre la Costa Verde, desde San Miguel hasta Chorrillos, lucen un esplendor desconocido y algunos distritos clasemedieros, nuevamente Chorrillos, San Miguel, Magdalena, Pueblo Libre, se han recuperado del todo y estrenan novedades. Ni qué decir de Los Olivos o las zonas liberadas del descontrol del Callao, que tiene en su centro histórico un teatro maravilloso y muchas posibilidades de ser La Habana Vieja.

Vivimos, yo también lo afirmo, dice Ortiz de Zevallos un momento de inflexión. O nos calcutizamos y devenimos en un barrio más de Sinaloa o Oaxaca, donde los cárteles del terror, cualquier terror, vomitan asesinatos cada día o empezamos a organizar la vida ciudadana de tal forma que del caos se genere el orden, el cosmos urbano que tanto reclamamos. O la Edad Media o el sueño de una metrópoli sostenible y bien pensada; donde habitan ciudadanos que se enorgullecen de serlo. Donde el gris no importa tanto porque el olor a la felicidad todo lo puede…

Buen viaje…

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82. Chorrillos, un elogio…

(Pantanos de Villa, Chorrillos) Nos hemos referido  hace unos días a Barranco, el distrito bohemio de Lima, ahora nos vamos a ocupar de Chorrillos, un poquito más al sur, casi en el borde de la Gran Ciudad. Chorrillos, otrora comuna de pescadores, en la actualidad barrio de todas las sangres, de pobres emergentes, clasemedieros en vías de recuperación, ricos y ricos en extremo, resulta, en el diseño de la urbe postmoderna en la que vivimos, un distrito modélico, ejemplar. Diremos más, una localidad agresivamente pujante. Un modelo para tener en cuenta al momento de hablar de ciudades amigables, que invitan a quedarse, que no espantan. Raro, ¿no?

 

El discurso popular en Chorrillos es antiguo. Se trata, no hay que olvidarlo, del distrito del varias veces elegido alcalde Pablo Gutiérrez, simpático personaje que en los ochenta, antes y también después, supo introducir en  la agenda municipal el tema de los servicios para todos: panadería vecinal, velatorio municipal, maternidad para las mujeres más pobres, biblioteca popular, playas exentas de vallados excluyentes, calles ganadas para la gente. Polémico como pocos, Pablo, así lo llamaban los vecinos, gorrito en bandolera y al timón de tractores y camiones edilicios, se dejaba ver en cuanta obra su municipio iniciaba. Se enfrentó al Regatas y en su afán de romperle el cuello hizo dinamitar un pedazo del Morro para  poder ganar nuevas playas para la gente. Conclusión: las piedras de tamaño estropicio fueron a parar al mar y de allí, empujadas por la marea, a La Herradura, la mejor playa de la Costa Verde y desde entonces un laberinto pétreo. Pero esa es otra historia.
 
En Chorrillos el alcalde Augusto Miyashiro Yamashiro va por su tercer mandato. Y ha sembrado de progreso todo el territorio del inmenso distrito capitalino. En las faldas del Morro y en los cerros Zigzag, los parques, pistas y campos deportivos se reproducen con insistencia para solaz y felicidad de la familia chorrillana. Igual en La Campiña, Matellini y Los Cedros de Villa. Nosotros, que venimos caminando la zona desde el ochentaitrés, cuando llegamos al AA. HH. Héroes del Pacífico de Villa con el afán de construir un colegio libertario, somos mudos testigos de cómo en estos últimos dos quinquenios la modernidad se instaló en estos villorrios para transformar el arenal en verdor,  movimiento y calidad de vida. Y aquí no estamos haciendo proselitismo político, no conocemos al burgomaestre en mención y casi toda la plantilla de Viajeros vota en otros distritos, Miraflores, Barranco, Surquillo, Villa El Salvador…
 
Miyashiro ha sabido invitar a los inversionistas privados al distrito, eso está claro. Plaza Lima Sur es un ejemplo de ello, pero también Tottus y últimamente Plaza Vea. Que estas tiendas por departamentos no signifiquen necesariamente progreso, que lo digan los chorrillanos pobres que abarrotan sus espacios y se bacilan de lo lindo en sus escaleras mecánicas o detrás de sus escaparates. No los “matatono” que le encuentran a todo su lado perverso. La empresa privada, nos imaginamos, decidió instalarse en Chorrillos atraída por las nuevas reglas de juego que la municipalidad puso en el tintero. También, no nos queda ninguna duda, por la seguridad ciudadana que se respira en sus calles y la obra municipal a toda luces enorme. Un solo ejemplo: en un pampón donde hasta hace un tiempo los niños jugaban fútbol tratando de esquivar un poste en el centro de la misma cancha, hoy se levanta un complejo deportivo con tribunas muy bien puestas y grass como en el antiguo Nacional. Algo verdaderamente espectacular.
 
La zona del malecón chorrillano, tan linda y ahora epicentro de un verdadero boom inmobiliario, sigue siendo un espacio para el encuentro de la familia y la buena mesa. En efecto, Chorrillos debe ser uno de los distritos de Lima Metropolitana con mayores ofertas gourmet que van desde los chiringuitos de siempre hasta el majestuoso restaurante Puntarenas. Como para que el turismo llegue en cantidad y  los amantes de la buena mesa, también. ¿Y la avenida Huaylas? Mutatis mutandi, la avenida Larco del distrito. No, mejor aún: las Ramplas de la nueva ciudad. Gente por todos lados recorriéndola al son de la salsa. No podemos olvidar que  Chorrillos es el barrio de Radio Mar, claaro, del Ronco Gámez y el Chorri Palacios; de la Curva, el estadio de los Muertos, La Encantanda, el club Villa, Agua Dulce y la caleta de pescadores. Un potpurrí de rostros, de sensaciones, de colores y olores. Como debería ser el Perú.
 
¿Qué le falta al distrito sureño? Controlar de algún modo ese mismo crecimiento. Invertir en remediar los impactos ambientales que produce la modernidad.  Resignificar la ciclovía que hace algún tiempo se diseñó y que ahora solo sirve como estacionamiento público. Seguir plantado palmeras, que sirven para mejorar el aire que se respira en el distrito y también para darle identidad. Exigir reparaciones a Castañeda Lossio & Cia, por los arboricidios que el Metropolitano de marras ha producido desde que llegó a Chorrillos.  Integrar a la ciudad sus pantanos y playas que tantos servicios ambientales producen. Que Miyashiro entienda, si es que quiere un nuevo mandato, que el signo de los tiempos no es otro que el de las ciudades ecoeficientes, sostenibles, amigables hasta el exceso. Va por buen camino, no nos queda ninguna duda. Y si no está en sus planes la reelección, que les quede a los chorrillanos la agenda del cambio. Se puede vivir dignamente en medio del páramo (urbano).