Archivos Mensuales: diciembre 2009

81. SOS por la Reserva de Biosfera de Tumbes

La alarma nos la acaba de trasladar el biólogo Renzo Piana,  quien durante casi dieciocho meses  ha venido realizando una investigación sobre le ecología de las comunidades de aves rapaces diurnas en los bosques del nor oeste del Perú. Vale decir, en el damero compuesto por la Reserva Natural de Tumbes, el Parque Nacional  Cerros de Amotape y el Coto de Caza del Angolo. Las tres ANPs constituyen, por si no lo saben, la Reserva de Biosfera del Nor Oeste: una superficie de 230,000 mil hectáreas donde se  protegen ecosistemas y especies de flora y fauna silvestre únicos en el Perú y el mundo. 

Wikipedia lo explica con sencillez: “son las áreas geográficas representativas de los diferentes hábitats del planeta, abarcando tanto ecosistemas terrestres como marítimos. Se seleccionan por su interés científico, basándose en una serie de criterios que determinan si un espacio se incluye en el programa. La función principal de estos espacios es obviamente la conservación y protección de la biodiversidad. Sin embargo, también se persigue el desarrollo económico y humano de estas zonas, así como la investigación, la educación y el intercambio de información entre las diferentes reservas, que forman una red mundial”. En el mundo existen 553,  tres de las cuales se encuentran en nuestro país: las reservas de biosfera de Manu, Huascarán y Tumbes. De las dos primeras ya nos hemos ocupado en otras publicaciones; de hecho nuestra opción personal por Conchucos se debe, entre otras cosas, a la importancia que tiene este corredor al pie de la Cordillera Blanca para el desarrollo regional, nacional y mundial.
 
Nos lo contó brevemente el propio Piana en un intermedio de la presentación del último libro de Alberto Chirif sobre la tragedia del caucho en el Putumayo. El Estado, que por ley debiera ser la autoridad jurisdiccional sobre estos territorios, hace tiempo que dio un paso atrás y el abandono en las tres ANPs es una lamentable constante. En los 580 puntos evaluados durante su investigación, Piana encontró en todos presencia de ganado, tanto así que llega a decir en su informe que es el vacuno el mamífero más característico en la Reserva de Biosfera del Nor Oeste. Increíble. “Los ganaderos, asentados (en muchos casos de forma permanente) al interior de la reserva continúan talando bosques en pie para su conversión en pastizales e inclusive realizan de forma continua el anillamiento de árboles para poco a poco ir ganando espacio y contar con más superficies para la siembra de pastos”, relata Piana.
 
Pero los problemas no solo tienen que ver con la ganadería extensiva y sus subproductos (uno de ellos la caza de fauna silvestre que suministra carne a los campamentos ganaderos); también es grave la tala de bosque para el acopio de madera que va a parar a las huayronas de carbón y el ingreso cotidiano de cazadores ecuatorianos que están diezmando las poblaciones de loros de la Reserva de Biosfera del Nor Oeste. Concluye Piana: “La RBNO alberga al menos cuatro especies de loros;  estas cuatro especies son endémicas tumbesinas y se encuentran protegidas por el convenio CITES del cual el Perú es país signatario. De las cuatro especies, el loro de mejillas grises (o macareño como le llaman en Ecuador – Brotogeris pyrrhoptera) y el loro de ala bronceada (localmente conocido como lora negra o maicera – Pionus chalcopterus) son objeto de extracción ilegal mediante la remoción de pichones de sus nidos”. Atroz.
 
Lo venimos diciendo: la crisis planetaria no aguanta más irresponsabilidades como la que comentamos. La denuncia de Piana es grave y se hace en un contexto de aparente preocupación por los bosques peruanos, cuya quema indiscriminada contribuye a la generación de gases que estimulan el calentamiento global y la consecuente crisis planetaria. En Ecuador estos bosques han sido devastados casi en su integridad; en nuestro país, en cambio, es mucho lo que aún se puede hacer si sumamos voluntades. Es urgente una cruzada nacional por nuestros bosques tumbesinos. Sí se puede.

Anuncios

80. En la Ruiz de Montoya para hablar de turismo sostenible

Hace unos días tuve la suerte de asistir a la presentación de los proyectos de investigación que los estudiantes del Diplomado en Innovación y Gestión del Turismo de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya prepararon para graduarse después de un año de estudios y mucha discusión. Marìa Antonia Pamies, catalana y experta en turismo sostenible, es la actual directora de un diplomado que ya llegó a su quinta versión y puede darse el lujo de contar entre sus graduados con gente de reconocida trayectoria en nuestro medio. En las aulas de la universidad jesuita se han diplomado pesos pesados del sector como Lucho Vereau, Conan Muñoz, Fernando Vera, la periodista Nelly Rojas, César Becerra, Pilar Cantella, Edwin Gonzáles, Ricardo Bohl…y muchos profesionales más.

 
 

 

Lejanos parecen los días en que, convocados por Vicente Santuc, rector de la universidad, nos reunimos para hablar de turismo Rafo León, Cecilia Raffo, Lida García, por entonces en Prom Perú y yo. Y después de varias semanas de discusiones sesudas y reflexiones sobre el devenir de nuestra “industria”, parió Paula, los comisionados nos animamos a proponer la activación, primero, de un diplomado en turismo sostenible y, después, la creación de una facultad que aterrizara los conceptos que empezábamos a manejar como colectivo y fuese capaz de poner proa en dirección del interior del Perú, principalmente. La Ruiz de Montoya, entonces solo tenía dos facultades, ambas muy prestigiosas por cierto, la de Filosofía y la de Educación; sin embargo, se lanzó al ruedo sin medias tintas ni complejos. Contaba con el invalorable apoyo del instituto Turismo Saint Ignasi (TSI), de la Universidad Ramón Llull, de Barcelona. De allí proceden visitantes ilustres en el diplomado de la UARM: Jordi Ficapal, José Enrique López Viguria, Carmina Solá, Marta Munté, Xavier Vicens y, por cierto, Marìa Antonia Pamies.
 
En marzo del 2005 empezaron las clases del primer Diplomado en Innovación y Gestión del Turismo y desde entonces la propuesta de turismo de la UARM no ha hecho otra cosa que consolidarse. ¿Quiénes han dictado en el diplomado? La lista es interminable y conjuga a empresarios, académicos, conservacionistas y entusiastas del desarrollo sostenible; algunos de ellos profesores visitantes, otros miembros del staff permanente. Solo hay que echar una mirada a este cuadro de honor para comprobar la validez de la propuesta de los jesuitas: Pedro Solano, Rafo León, Sonaly Tuesta, Roberto Haudry, Gustavo Suárez de Freitas, Kurt Holle, Luis Repetto, Elmer Barrio de Mendoza, Tony Zapata, Iñigo Maneiro, Luis Zapater, Diana Tamashiro, Miriam Torres, Mario de Col, Carlos Gonzales, Fernando Vera y un largo etcétera. Todos ellos pasaron por la Ruiz en algún momento de estos últimos cinco años.
 
En el 2008 los directivos de la Ruiz se atrevieron a dar el segundo paso y pusieron en marcha la primera carrera de Turismo Sostenible en nuestro país. Iñigo Maneiro, por entonces en Casa Andina, fue el profesional encargado de elaborar la malla curricular, que por cierto debe ser una de las más firmes en “trabajar” el concepto de sostenibilidad que tanto venimos desatacando.  Cuarenta y cinco jóvenes estudian en la actualidad en las aulas de la universidad que dirige Vicente Santuc, que, como es sabido, le da a los cursos de humanidades un peso mayor al que le dan otros centros de estudios superiores. En estos tiempos de Alas Peruana la garantía que ofrecen los jesuitas en cuanto a formación académica se refiere, es de por sí un valor agregado.
 
Por si fuera poco, los de la Ruiz han organizado, en alianza con TSI-Ramón Llull, un par de seminarios internacionales donde participaron dos grupos de estudiantes catalanes que llegaron a nuestro país para conocer productos turísticos sostenibles tanto en el norte como en el sur del territorio nacional. Y varias reuniones académicas como los simpáticos conversatoiros “Para hablar (seriamente) de Turismo”. La pasé bien en la sede de los jesuitas en Pueblo Libre, allí laboran viejos conocidos como Erika Delgado y Bertha de la Portilla, del área de post grados, pero también Vicente, Marìa Antonia, Lupe Guinand, Rocío Silva Santisteban, todos profesionales serios y avocados a la tarea de formar individuos libres, gente de bien. Larga vida al intento de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya por sentar las bases de un turismo serio, serio y con filo. Salud.

79. La Ruta del Loncco Arequipeño

(Mirador  de Yanahuara, Arequipa) Innovar, en turismo, resulta el verbo clave. En turismo y en cualquier otro  oficio que esté atento a la generación de nuevos productos. O a mejorarlos para que sigan vivos. Innovar: introducir novedades o alterar una realidad cualquiera con el afán de hacerla mejor, más desarrollada. En Arequipa, mientras nos dirigíamos al Colca, conocimos a José Lombardi, antropólogo y “arequipeñista” tacneño que dirige desde hace varios años El Taller, una muy activa ONG local que está al frente de un consorcio interinstitucional dedicado a rescatar la identidad regional para promover desarrollo. Fabuloso.

Characatos de Arequipa
De niños aprendimos que a los arequipeños se les debía llamar, con cariño, characatos. Bonita expresión que aludía a campiña, picanterías, revoluciones y miradas recias de caballeros de sombreros de ala ancha y rasgos mestizos. Lo characato resultaba consustancial a lo arequipeño, como el carácter convulso de sus hijos amamantados por la fuerza del Misti. Fatalmente con la urbanización de la ciudad y  el traslado  de lo rural (en el imaginario compartido) al Colca o a otros confines -Cotahuasi o la campiña de Majes- lo characato se fue diluyendo al compás de una puneñización de la población departamental que definió, al toque, un nuevo mestizaje.
 
Raíces del hombre arequipeño
Entonces Arequipa, la ciudad digo, se transformó en una “villa” colonial y los rezagos de un hispanismo que a duras penas sobrevivía se impuso para salvarla de la perdición. O de la amenaza chola. Arequipa se convirtió en Santa Catalina, en sus casonas de blanco sillar y susurros virreinales, en Caima y Yanahuara. Las picanterías dejaron su lugar a una dulcería preñada de mazapanes y chocolates de indudable buena calidad. El rumor del Chili, los aromas de sus huertas y huertos se fueron diluyendo dramáticamente.  Lo characato entró en extinción…
 
Una feliz iniciativa
Precisamente para evitar la desaparición de esa “especie”, un grupo de instituciones y municipalidades locales se ha consorciado para salvar una ruta cultural, la que conforma la  cuenca regulada del río Chili, utilizando un nombre típicamente characato, La Ruta del Loncco. Como lo atestigua el propio Lombardi en el libro “La Ruta del Loncco, raíces del hombre arequipeño”, de los estudiosos Jorge Bedregal y Américo Martínez, “el vocablo loncco, además de hacer mención al hombre mestizo del campo, trata de connotar la antigua relación del hombre arequipeño con la tierra, el agua y el paisaje (…) El loncco hace referencia al origen andino y al carácter mestizo del poblador arequipeño”. Andino y mestizo. Lo colonial, en suma, como parte y no como todo de un proceso cultural antiguo y definido por lo local. Lo loncco como metáfora de lo characato de los viejos tiempos y también de los nuevos.
 
Por la ruta del Loncco arequipeño
La ruta tiene como eje el conjunto de los pueblos que van desde Sabandía a Polobaya, integrando las campiñas de Socabaya y Paucarpata, extendiéndose a Chiguata y al Santuario de Chapi. En sus linderos encontramos pueblos tradicionales como Characato, Mollebaya, Yarabamba, Pocsi y Quequeña. Y andenes, comidas típicas, peleas de toros, petroglifos, iglesias coloniales, testimonios por todas partes de lo loncco.
 
Rutas culturales
Interesante la idea de las rutas culturales, como la del pisco que algunos productores del aguardiente peruano no hace mucho implementaron en los valles del sur de Lima. Como dice el logrado libro sobre La Ruta del Loncco que nos envío José Lombardi, “hablar de rutas implica la búsqueda de integradores comunes de diversos espacios, como componentes temporales (específicamente históricos y culturales), continuidades económicas, ecológicas, étnicas y sociales; además de redes viales que permiten un diseño practico que implique la definición de “territorio”, y un  camino que posibilite su circulación, el que llamamos ruta”. Vamos a recorrer la zona pronto. Se trata, finalmente, de un producto cultural (y turístico) innovador. Y necesario en el afán compartido de ir generando territorios geográficos con identidad propia. (Guillermo Reaño)