74. Sobre héroes y tumbas: el caso Pómac

(Villa, Lima) Para nadie era un secreto que en Pómac se venía cocinando un menjunje peligroso, explosivo, difícil de manejar. En VOL, por lo menos desde mediados del 2005, hemos venido informando a nuestros lectotres a través de Enrique Angulo, conocido periodista ambiental que con paciencia de santo no se cansó de llamar la atención sobre lo que se estaba jugando en el contencioso entre el Estado, representado por la fiscal del turno y los invasores del ahora célebre bosque lambayecano. Para los que nos siguen y para todos aquellos que suelen espectar el devenir de los sucesos ambientales por medios como El Comercio y La República, por citar solo dos casos de diarios muy sintonizados con el problema originado por los invasores en el Santuario Histórico, el tema venía de lejos, quizás desde el 2001 cuando se inició la incursión que nos toca lamentar.

pomac2

No se trataba, por tanto, de un asunto nuevo o de una noticia de connotaciones imprevisibles. Para nada. Lo ocurrido en Pómac, más bien, olía/sabía a lo mismo que venimos observando en otras áreas naturales protegidas. Un Estado débil para ejercer la ley, una población mal informada que no se toma ninguna molestia al momento de invadir zonas que considera abandonadas o de nadie. Una policía al garete. Idem que en Puerto Maldonado o en Aguas Calientes, digamos.

Por eso hubiera sido maravilloso enterarnos que el desalojo de los invasores en Pómac se produjo sin muertos de ningún lado. Como en Santa Anita, el año pasado. Lamentablemente dos humildes policías murieron y eso, más allá del paso adelante que significa haber recuperado legalmente tierras ocupadas por la fuerza, le resta méritos al esfuerzo. Sé que el movimiento conservacionista comentará en positivo lo avanzado y que la clase política volverá sobre el tema de los derechos humanos y todo lo demás. Alguien le pedirá explicaciones al ministro del Interior y otros más le exigirán que renuncie. Y punto.

Ojalá, por el bien de la institucionalidad ambiental que venimos construyendo, que la reflexión nos lleve -también- por otros caminos. Me sigue resultando inadmisible haber constatado que un día antes de la acción policial en Pómac, la sociedad civil, representada por el Comité de Gestión del propio bosque, se tuviese que reunir para convocar a una “chanchita” que le de solución al problema de alimentar y dar de beber a mil quinientos efectivos policiales trasladados a Lambayeque para el operativo de desaolojo. Increíble. Esta bien que estemos a favor de la división de poderes y que los mandatos judiciales deban cumplirse por el peso mismo de la ley. Pero ¿y la coordinación entre el Ejecutivo y el Poder Judicial?. ¿No se había dicho que un ministerio del Ambiente nos iba a permitir una representación eficiente en el Consejo de Ministros?. ¿Quién debió exigir, al más alto nivel del Estado, un acompañamiento firme a la decisión judicial de erradicar de invasores Pómac, evitando al mismo tiempo que ocurran muertes y otros desenlaces?.

Aunque voy a discrepar con Antonio Brack pienso que a él le cupo una acción más decidida. Debió nuestro ministro del Ambiente presionar para que el mandamás del Interior y el propio Yehude Simon, que de esto estaba más enterado que cualquiera, le dieran garantías sobre el éxito de la acción policial. O por lo menos le aseguraran compañía, con vituallas y cercanías, al contingente de policías que fue mandado al matadero. Vuelvo a decirlo, como en Santa Anita, donde la defensa de los terrenos invadidos también rayaba en lo delincuencial y era evidente un choque armado.

No fue así. Y por eso no tenemos muchos motivos para celebrar. En todo caso, fue una victoria pírrica. Sigo creyendo que la vida de un ser humano (y en este caso fueron dos) vale más que cualquier acción que precie de ser justa y necesaria. El fin no justifica los medios. En Pómac pecamos de ingenuos, o de despistados. El ministerio del Ambiente que estamos construyendo, sepámoslo de una vez, no solo debe ser entendido como un ente técnico, regulador, que de confianza. Es, ante todo, un espacio de definiciones políticas. Y la política se mide en resultados y en Pómac murieron dos inocentes. Qué lamentable.

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Publicado el enero 23, 2009 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. 2 comentarios.

  1. Cecilia Gianella

    De acuerdo contigo Willy, esta es una “victoria” mal hecha y con el inutil costo de vidas humanas, pero ademas temporal, creo yo, mientras el ministerio del ambiente no ponga en marcha las sintancias correspondientes para hacer respetar las areas porotejidas ¿está dentro de sus políticas prioritarias?. Estoy a favor de las campañas de reciclaje de papel, pero al menos unas palabras durante estas actividades del ministro del ambiente sobre el suceso de Pomac nos hubieran hecho creer que el ministerio del Ambiente si será vinculante en estos problemas. Asi como tu dices que la población está mal informaqda y no se toma ninguna molestia al momento de invadir zonas que considera abandonadas o de nadie, es Estado tambien piensa lo mismo, no se molesta en entender ecosistemas ni los sistemas bioculturales, por ejemplo cuando nuestro muy locuaz presidente de la republica habla de las “tierras abandonadas en las altiplanicies andinas que hay que aprovechar y explotar” ¿no es el mismo nivel de ignorancia y mala intención pero con diferente ropa?.
    Gracias Willy

  2. No suelo estar de acuerdo con Rospigliosi; sin embargo me alegra que sus opiniones en la columna dominical suya en La República coincidan con lo expresado en este último Boleto de Ida. Dice Rospigliosi: “El presidente García ha mensopreciado también la vida y la integridad física de los policías. Lo importante, ha dicho, es el desalojo. No es así. Lo más importante es que dos policías murieron y otro varios quedaron heridos, algunos de gravedad”. Y al referirse al operativa en sí, afirma Rospi “naturalmente, en ciertas circunstancias, ese es un riesgo que hay que corres. Pero en un desalojo eso no debería suceder. Menos todavía sí, como ha revelado La República, desde tiempos atrás se sabía que había delincuentes armados contratados por los invasores”.

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