Archivos Mensuales: enero 2009

74. Sobre héroes y tumbas: el caso Pómac

(Villa, Lima) Para nadie era un secreto que en Pómac se venía cocinando un menjunje peligroso, explosivo, difícil de manejar. En VOL, por lo menos desde mediados del 2005, hemos venido informando a nuestros lectotres a través de Enrique Angulo, conocido periodista ambiental que con paciencia de santo no se cansó de llamar la atención sobre lo que se estaba jugando en el contencioso entre el Estado, representado por la fiscal del turno y los invasores del ahora célebre bosque lambayecano. Para los que nos siguen y para todos aquellos que suelen espectar el devenir de los sucesos ambientales por medios como El Comercio y La República, por citar solo dos casos de diarios muy sintonizados con el problema originado por los invasores en el Santuario Histórico, el tema venía de lejos, quizás desde el 2001 cuando se inició la incursión que nos toca lamentar.

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No se trataba, por tanto, de un asunto nuevo o de una noticia de connotaciones imprevisibles. Para nada. Lo ocurrido en Pómac, más bien, olía/sabía a lo mismo que venimos observando en otras áreas naturales protegidas. Un Estado débil para ejercer la ley, una población mal informada que no se toma ninguna molestia al momento de invadir zonas que considera abandonadas o de nadie. Una policía al garete. Idem que en Puerto Maldonado o en Aguas Calientes, digamos.

Por eso hubiera sido maravilloso enterarnos que el desalojo de los invasores en Pómac se produjo sin muertos de ningún lado. Como en Santa Anita, el año pasado. Lamentablemente dos humildes policías murieron y eso, más allá del paso adelante que significa haber recuperado legalmente tierras ocupadas por la fuerza, le resta méritos al esfuerzo. Sé que el movimiento conservacionista comentará en positivo lo avanzado y que la clase política volverá sobre el tema de los derechos humanos y todo lo demás. Alguien le pedirá explicaciones al ministro del Interior y otros más le exigirán que renuncie. Y punto.

Ojalá, por el bien de la institucionalidad ambiental que venimos construyendo, que la reflexión nos lleve -también- por otros caminos. Me sigue resultando inadmisible haber constatado que un día antes de la acción policial en Pómac, la sociedad civil, representada por el Comité de Gestión del propio bosque, se tuviese que reunir para convocar a una “chanchita” que le de solución al problema de alimentar y dar de beber a mil quinientos efectivos policiales trasladados a Lambayeque para el operativo de desaolojo. Increíble. Esta bien que estemos a favor de la división de poderes y que los mandatos judiciales deban cumplirse por el peso mismo de la ley. Pero ¿y la coordinación entre el Ejecutivo y el Poder Judicial?. ¿No se había dicho que un ministerio del Ambiente nos iba a permitir una representación eficiente en el Consejo de Ministros?. ¿Quién debió exigir, al más alto nivel del Estado, un acompañamiento firme a la decisión judicial de erradicar de invasores Pómac, evitando al mismo tiempo que ocurran muertes y otros desenlaces?.

Aunque voy a discrepar con Antonio Brack pienso que a él le cupo una acción más decidida. Debió nuestro ministro del Ambiente presionar para que el mandamás del Interior y el propio Yehude Simon, que de esto estaba más enterado que cualquiera, le dieran garantías sobre el éxito de la acción policial. O por lo menos le aseguraran compañía, con vituallas y cercanías, al contingente de policías que fue mandado al matadero. Vuelvo a decirlo, como en Santa Anita, donde la defensa de los terrenos invadidos también rayaba en lo delincuencial y era evidente un choque armado.

No fue así. Y por eso no tenemos muchos motivos para celebrar. En todo caso, fue una victoria pírrica. Sigo creyendo que la vida de un ser humano (y en este caso fueron dos) vale más que cualquier acción que precie de ser justa y necesaria. El fin no justifica los medios. En Pómac pecamos de ingenuos, o de despistados. El ministerio del Ambiente que estamos construyendo, sepámoslo de una vez, no solo debe ser entendido como un ente técnico, regulador, que de confianza. Es, ante todo, un espacio de definiciones políticas. Y la política se mide en resultados y en Pómac murieron dos inocentes. Qué lamentable.

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