7. Un nuevo impuesto y muchas interrogantes

 Que el ministro de Turismo –o ministro de Industrias- que para el caso es lo mismo se ponga a la cabeza de una campaña cuyo objetivo central es la creación de un impuesto que potencie la actividad y genere recursos para su ulterior desarrollo parece una medida desde todo punto de vista loable. Sin embargo, como lo define muy bien Augusto Alvarez en su columna del Diario 21, la medida no sólo carece del adecuado sustento técnico sino que tiene todos los visos de ser de esas que suelen dictarse con el sólo propósito de beneficiar de algún modo a quien la propone o privilegiar a un sector de la economía sobre los demás. Lobby, que le dicen.

 

No exageramos cuando decimos que el turismo requiere a gritos de cambios de timón radicales que adecue su marcha luego de la crisis mundial que produjo en esta industria los sucesos derivados del 11 de Setiembre y la recesión a escala planetaria que venimos sufriendo desde hace algunos años. Como que también requieren de paliativos y voces gerenciales los otros estamentos de la producción y la cultura. Un nuevo marco legal debe darse para el tema del libro o de la industria musical, o del cine, o del teatro. Allí donde pongamos el ojo veremos que hay mucho por hacer. Pero, en honor a las buenas intenciones, por qué privilegiar al turismo sobre los demás, por qué empezar por los territorios donde el ministro y también vicepresidente de la República ronca fuerte y con tanta seguridad.

 

¿No serán acaso las propuestas de Raúl Diez Canseco –y los eventuales éxitos a futuro de las mismas- los elementos de apoyo necesarios para una candidatura presidencial en el 2006?. Diversos analistas lo han dejado entrever, como que también ha tomado idéntica dirección la medida que Acción Popular, su partido, tomó al exigirle una definición radical en el tema de su participación en el gobierno de Perú Posible. Lo quiera o no el ministro la opinión pública lo viene identificando como al apurado tendero que quiere renovar la propiedad del negocio para seguir al mando de su administración. Y eso no es bueno.

 

Por ello es que si bien es cierto la medida del impuesto que grava en un US$ 15 el valor de los pasajes internacionales ha sido entendida como necesaria por los protagonistas directos del negocio turístico, no ha dejado de levantar polvareda y suspicacias. Y en este sector –como en todos los demás- la transparencia y las reglas claras deben ser el modus operandi, de lo contrario lo que nació como promisorio se convierte en bien elaboradas bombas de tiempo que estallan, para beneplácito de la platea, en las narices de sus auspiciadores. Ejemplos, mil: Tambogrande, Cementos Lima, Eléctricas del Sur, Playa Hermosa…

 

Ojalá que prime la sensatez y los dineros que se recauden sirvan de verdad para estimular el crecimiento y posterior sostenibilidad del sector turismo. Qué no ocurra lo mismo que sucedió en los tiempos del fujimorismo cuando se entendió la promoción solamente como inversiones en revistas lujosísimas, papelería cara, ferias de negocios por doquier, sueldos de ensueño y abundante bla,bla,bla.

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Publicado el septiembre 3, 2008 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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