64. Un mar herido de muerte: tareas para los próximos días, publicado el 25 de febrero de 2008

A Pino Rubio lo conozco hace una pila de años. Él fue el contramaestre de una generación que en algún momento decidió tomar el camino del interior para entender mejor un país que podía tener fácilmente como límites la avenida Javier Prado y el aeropuerto Jorge Chávez. Gracias a su labor de pionero muchos de nosotros plantamos pica en la Agraria, otros, los que fungíamos de intelectuales, nos aventuramos a tomar el camino que nos condujo a alguna facultad de sociales (o de humanidades) para hablar de cambio social y revuelta juvenil. Buenos tiempos esos los de la Dos de Mayo y el tantas veces mencionado Gabinete, el laboratorio de ciencia más espectacular que he conocido y del que algún día otros habrán de hablar. En esa zona liberada pergeñamos muchos de los sueños que todavía animamos como grupo, como generación.

 

Por eso es que me da gusto encontrarme de vez en cuando con Pino y reconocer la misma autenticidad y el desenfado de siempre. La misma pasión para enfrentar a los dominantes y a los que quieren hablar en voz bajita para enredarlo todo. Ayer domingo, sin ninguna planificación, nos juntamos a platicar largo de lo que se ha avanzado en VOL para reunir a la gente y hablar de lo que nos toca hablar. Fernando Pino Rubio es uno de los tantos apasionados de este foro que no dejan de opinar sobre todos los temas y desde la absoluta militancia en las ideas de siempre. Como Enrique Angulo o Toño Tovar, otros dos entusiastas del diálogo abierto y plural que suelen visitar esta revista virtual para decir lo suyo.

Y por eso es que la opinión de Pino la valoro. Él me escribió hace unos días un mail muy claro para pedirme (para conminarme en realidad) que en aras de la objetividad tantas veces mencionada en VOL dejará de lado un pleito estéril que venía protagonizando con un lector y que había devenido en una “sopa bruta” de impugnaciones y bajezas. Tenía razón. Al igual que en aquellos tiempos formativos cuando supo conducir a la tropa juvenil, carta del IGN en mano, por los caminos apropiados para llegar a Parcanajón o Llactapara, en los días esos en que las lomas de Atiquipa quedaban en el fin del mundo, el buen Piní me dio las luces necesarias para entender que es necesario comerse un sapo para seguir avanzando.

Y hay que hacerlo, no podemos detenernos en minucias y acusaciones infundadas. La agenda es múltiple, a los problemas en San Fernando hay que sumar ahora los “tiempos difíciles” para el sueño conservacionista (que no es otro que el del manejo óptimo) en las caletas arequipeñas de San José y la Francesa, amenazadas por la fiebre extractivista que nos agobia y que pretende construir cinco plantas de procesamiento de harina de pescado en la mítica Quilca. Y qué decir de la depredación que sufren las colonias de pingüinos en Huarmey a manos de pescadores inescrupulosos que no saben otra cosa que saquear el mar de todos o de los residuos del petróleo del BAP Supe que siguen a la deriva bien lejos del escrutinio público. El mar peruano, nuestro mar, agoniza, no solamente en Punta Hermosa o Pulpos, como lo ha demostrado el artículo de Frejol León que publicamos en VOL, no, la agonía es general, por todas partes. Es urgente cerrar filas para empezar a construir una agenda mínima que pueda detener tanto estropicio.

Con Rafo Léon he quedado en reunir a algunos amigos comunes para activar un colectivo que mire la coyuntura desde una perspectiva más macro y que sea capaz de generar presión entre los formadores de opinión y las autoridades competentes. Qué importa que los de siempre digan que estamos en contra del desarrollo y del futuro o que nos anima el deseo de protagonismos electorales. Qué importa, es necesario que los usuarios más cercanos (comunidades de pescadores y veraneantes), la universidad peruana, las ONGs marino-costeros y los referentes académicos en estos temas dejemos la tarea menuda en las que andamos avocados para forjar esa comunidad atenta al planeta océano que debe activarse para defender lo que es de todos. No nos queda mucho tiempo. Si en la Amazonía peruana ya nació una mancomunidad de regiones con capacidad de enfrentarse a la Ley de la Selva que se quiere aprobar, tenemos que trabajar fuerte para que se cree otra, conformada esta vez por las diez regiones costeras, que tenga el atrevimiento de ponerle coto a tanta piratería que vive y pervive en nuestro maravilloso mar.
Buen viaje…

 

 

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Publicado el septiembre 3, 2008 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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