62. San Fernando para todo el mundo, publicado el 11 de febrero de 2008

Tiene razón Alvaro Rocha cuando dice que San Fernando, hoy por hoy, resulta un paraíso en peligro. Con él y con Walter Silvera ingresé en abril del 2004 a la ensenada famosa para recoger al equipo de Viajeros que acababa de dar fin a la expedición Refugios del Desierto. Eran otros tiempos, ya lo sé, pocos sabían del emporio de biodiversidad que se escondía tras la calma y la neblina de esta porción privilegiada del Perú y todos teníamos la misma claridad sobre lo que se debía hacer en la zona. Alejandro Tello dirigía al grupo técnico que se había internado en el campo para recoger los datos necesarios que pudieran sustentar la posición de aquel colectivo que, entonces, estaba decididamente en contra de la venta que Pro Inversión había hecho a un particular y proponía una revisión inmediata de lo actuado.

Sé que Tello ha regresado una y tantas veces al área para seguir investigando. Por eso lo que dice, si seguimos atentamente el relato de Alvaro Rocha en Somos, sobre la disminución del número de cóndores en San Fernando, es gravísimo. Alejandro, fotógrafo y conservacionista de larga trayectoria, comenta en el artículo en mención que en el 2003 logró avistar 19 cóndores y que en enero de este año solo identificó siete. Para él la invasión del turismo es la causa de este repliegue que podría ser irreversible si es que no se toman las precauciones del caso.

La ensenada de San Fernando resulta una joya delicadísima. Suena huachafo, lo sé, pero es cierto: en este punto del litoral iqueño, sumergido en un escenario mayor, mucho más grande y que el Gobierno Regional de Ica viene proponiendo sea declarado Área de Conservación Regional, se encuentran comunidades de seres vivos que hace tiempo dejaron de prevalecer en nuestro litoral marino-costero tan depredado y exánime. No solo cóndores, también guanacos, zorros costeños y pingüinos de Humboldt, chuitas, rayadores, gaviotines, marisqueros, hasta ballenas. Así debió ser Paracas, todo Paracas, antes del triunfo del modelo de uso depredador que en su momento se impuso. Con el perdón de Lucho Vereau y tantos otros amantes de Paracas, nuestra reserva natural es en la actualidad una mueca triste de lo que alguna vez fue. Le queda, eso sí, el glamour de seguir siendo un incomparable paisaje natural, una escenografía curtida por los vientos y el paso del tiempo geológico.

En el restaurante Rico Mar, en Marcona, Alvaro Rocha, Alejandro Tello, Pablito Merino, Anna Cartagena, Carlos Reaño y los demás miembros de la expedición, chelas en mano y mariscos a discreción, no hicimos otra cosa que soñar con un San Fernando ajeno a la depredación del turismo de masas, del turismo que todo lo convierte en monedas y destruye lo que jura proteger. Y en Lima, como consta en el documento técnico que preparó el propio Alejandro dijimos, a propósito del territorio mayor de San Fernando, que se debía “determinar su importancia biológica y extensión geográfica, así como asesorar técnicamente a los sectores locales involucrados como el Gobierno Regional de Ica para la creación de un Área de Conservación”. En ese convencimiento, creo, hemos andado todos en estos últimos cuatro años.

No conozco personalmente al Sr. Martorell, el hombre fuerte del Consorcio Nazca Ecológica, como dice Álvaro, la empresa que “se adjudicó el lote legalmente”, pero debo suponer que actúa de buena fe y quiere para el área lo mejor. Debería saber entonces y espero que los amigos de la Sociedad Peruana de Eco Desarrollo se lo hayan hecho ver, que lo que le toca hacer es un acto de desprendimiento y compromiso que TODOS valoraríamos de verdad: permutar el lote que nuestro descuidado Estado le vendió por menos de veinte mil dólares por uno que sí reúna las condiciones adecuadas para emprender el valioso desarrollo ecoturístico que tiene planeado para Marcona. Sé que la propuesta suena descabellada, pero así han procedido empresas (y empresarios) en otras partes del mundo para evitar impactos ambientales que se conviertan en irreversibles. Estoy seguro que el municipio de Marcona aceptaría la permuta y premiaría tamaño gesto cívico con tierras en la zona sur del distrito, hacia las playas de Yanyarina, tan pródigas en posibilidades para el turismo, la recreación y el disfrute.

¿Suena a imposible, verdad? No lo creo. Es cuestión de madurar la idea. La ensenada de San Fernando y sus farallones donde posiblemente se reproducen los cóndores, no debió fracturarse de esa manera creándose en su interior una propiedad privada que tantos dolores de cabeza ha originado. Ambientalmente la decisión fue incorrecta. Si hubiésemos sido lo suficientemente fuertes como movimiento, hubiéramos detenido tal desaguisado, estoy seguro. Pero esa es otra historia, como se dice en antiguo, no vale llorar sobre la leche derramada.

El Estado le entregó a Martorell una propiedad que contenía dentro de sí riquezas invalorables. Lo engañó, por eso es que debe resarcirlo de alguna manera. Es justo. Tenemos que creerle a Alejandro Tello cuando dice que la llegada de grupitos de visitantes de fin de semana ya está generando disturbios. Visibles en la comunidad de cóndores y, seguramente, atroces en la de guanacos. ¿Qué estamos esperando? Es urgente que se tomen las medidas del caso y se actúe con generosidad. De nada valen los pleitos interminables, seamos más proactivos. San Fernando, como el Candamo, le pertenece a todos, en especial a los que vendrán. Y que no se diga que un área de protección estricta pondrá de patitas en la calle a los pescadores que realizan sus faenas en el área. Eso es falso. Precisamente, como afirma Stefan Austermulhe ” a nivel mundial -siempre y cuando exista voluntad política- se ha comprobado que las áreas marinas completamente protegidas son un éxito. No solamente ayudan a la conservación de la biodiversidad sino más bien brindan beneficios económicos a las pesca en las áreas adyacentes…”. Sería maravilloso cerrar el capítulo de San Fernando con tremendo gesto ciudadano: una permuta inteligente en aras del futuro. Un ejemplo cívico de compromiso con la conservación y, sobre todo, con el pueblo de Marcona.

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Publicado el septiembre 3, 2008 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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