46. Resignificando Jatunmachay I

(Cuevas de Jatunmachay, provincia de Recuay, Áncash, 2 de octubre de 2006) Jean Guffrey sostiene que el arte rupestre en el Perú no ha sido del todo valorado por la arqueología oficial y que esta constatación es válida también para el área sudamericana. Salvo Argentina y Brasil, el resto de países no ha hecho mucho por construir un index preliminar que siente las bases para el estudio posterior de una de las manifestaciones culturales más extraordinarias y vivas que hayamos elaborado como especie. En materia de pinturas rupestres y petroglifos, el mundo andino tiene mucho que aportar; sin embargo, salvo honrosas excepciones, el abandono de estos testimonios del pasado precerámico (y también de épocas posteriores) es una odiosa constante. Meses atrás comenté en esta misma columna sobre el estado de postración de los grabados líticos de Toro Muerto, en Majes y en oportunidad más cercana todavía me referí a la destrucción inminente del relicario de Checta, en el valle del Chillón. Qué desastre, en el país de los sitios arqueológico por descubrir, los que existen se deterioran a pasos agigantados o sobreviven a duras penas.


Jatunmachay, las cuevas que guardan una de las muestras más impresionantes del arte rupestre peruano, permanecen tiradas al abandono allí donde se elevan los farallones de un bosque de piedras (el de Pampas Chico) sobrecogedor y en apariencia diseñado ex profeso para la escalada en roca y otros deportes de moda. Esta Capilla Sixtina con parte de lo mejor del imaginario cultural del Antiguo Perú, no ha sido estudiada a cabalidad, tampoco incluida en un vademécum que la salve de la destrucción. Durante años sus espacios solo han servido para que el ganadero apile las piezas más valiosas de su hato y se refugie del frío de esta puna sobre los cuatro mil metros.Para resignificar Jatunmachay entre otras cosas, hay que insistir en su naturaleza sagrada, mística, religiosa. La cueva principal y los refugios menores, que recorrimos con la gente del INC, la Universidad Santiago Antúnez de Mayolo y los demás miembros del Proyecto Culturas Vivas, han sido desde siempre espacios ocupados por el hombre. Los testimonios de dicha apropiación territorial se remontan a época tan temprana como el período lítico y su uso se prolonga hasta nuestros días. Como lo comentáramos con Nilton Torres, del diario La República, los pastores de Pampas Chico –Doña Eduarda, por ejemplo- siguen viviendo entre sus pliegues y rindiéndole pleitesía a unas deidades emparentadas, como no, con las mismas criaturas que alborotan esos lienzos pétreos que son sus paredes y rincones más inverosímiles.

Es ese carácter mágico, sobrenatural, el que debemos preservar. Esa búsqueda debe ser la que organice el trabajo del colectivo que de todas maneras se tiene que armar para planificar el futuro del Bosque de Piedras de Pampas Chico y las Cuevas de Jatunmachay. En ese diseño, estamos seguros, habrá un sitio para el turismo y los deportes de aventura (también para los empresarios visionarios). Y ambas modalidades, o disciplinas del ocio, tendrán que confluir en eso que p pomposamente llamamos desarrollo local, que no es otra cosa que la mejora en la calidad de vida de las poblaciones periféricas a los sitios culturales. Esa verdad hemos empezado a comprender después de tantos recorridos por el Perú, el turismo no va a cambiar en un cuarto de hora las profundas desigualdades sociales y culturales de un país fragmentado y sumamente hostil con los más desprotegidos; sin embargo, puede ser un estímulo para la construcción de soportes que estimulen la transformación de las sociedades del interior en sociedades de ciudadanos.

 

No podemos seguir insistiendo en modelos que significan abusos y miradas desde la incomprensión o las estigmatizaciones. Nosotros llegamos a Jatunmachay la mañana de un sábado cualquiera y entendimos de inmediato que habíamos ingresado a un lugar santo, a una Meca antigua y anterior, a un territorio sincrético y acogedor. Y asistimos al ritual que dirigió Tito La Rosa en el altar principal de esta iglesia sobre los cuatro mil y pico metros de altura con devoción y mucho recogimiento.

Luego, aclimatados un poco y hechos los reconocimientos del caso, nos convencimos de la importancia de esta expedición. Habíamos logrado convocar a casi todos los actores inmersos en su problemática: los comuneros de Pampas Chico, las instituciones más representativas de Huaraz, el empresariado local, la prensa, la comunidad científica. Solo nos faltó invitar a la agencia que ha firmado un acuerdo con la propia comunidad para administrar el sitio. De repente por allí debimos haber comenzado. No importa, ya vendrá el momento de ampliar la base de este colectivo cívico. De eso se trata, hay que seguir uniendo voluntades para transformar los conflictos en soluciones armoniosas y verdaderos espacios de reconocimientos mutuos. Si eso se logra en Jatunmachay habremos –también- resignificado nuestro papel de apasionados del turismo. De ese turismo de nuevo tipo que empezamos a concretar.


Buen viaje…

Nueva edición de un libro fundamental
El Congreso de la República acaba de editar un clásico de la antropología amazónica La Sal de los Cerros, del científico social peruano Stefano Varese. Se trata de un libro magnífico, extremadamente útil todavía y de un vigor en su propuesta que ha ido cobrando vigencia con el paso de los años. Varese presentó este estudio sobre la nación asháninka en 1968 y cinco años después el gobierno de Velasco lo reeditó en una versión de mayor circulación (INC, 1973). Confieso que este libro y las conversaciones con Lelis Rivera, en Timpía, territorio machiguenga en el bajo Urubamba, han sido las mejores lecciones que he recibido sobre la Amazonía y sus pueblos indígenas. Recomiendo la lectura de este trabajo fundamental y felicito al congreso por tan brillante iniciativa (que en realidad data de la legislatura anterior). Y sobre la reseña que Somos le hace a La Sal de los Cerros solo me queda recomendarle a su autor que deje atrás las solapas y se meta de lleno en el texto para que no cometa tantos deslices cuando tenga que comentar tratados sobre esta región. Eso de que el libro debe “fortalece la identidad de las tribus” suena de mal gusto y demuestra con meridiana claridad lo poco que hemos avanzado como colectivo para
entender el mundo de la Amazonía. Jalón de orejas para El Comercio.

Un Ministerio de Cultura para los nuevos tiempos II
Tony Zapata visitó el Diplomado de Turismo de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya con el afán de dictar un curso sobre patrimonio cultural y hablamos bastante de las industrias culturales que empiezan a ponerse de moda en nuestro país. También del debate que se ha armado a propósito de la creación de una ministerio de Cultura. Lo mismo hizo, días después, la congresista Elvira de la Puente, de paso también por universidad jesuita. Tremenda discusión la que se viene. Nosotros insistimos: primero hay que ponernos de acuerdo sobre qué entendemos por cultura y gestión cultural y luego empezar a preguntarnos sobre la pertinencia o no de activar la creación de tamaña criatura (la del ministerio, digo). Constantino Carvallo ha sido claro: “la cultura debe depender de Economía. Mientras esto no ocurra, seguiremos alentando desaciertos”.

A un paso de coronar el sueño (de todos)
En la misma edición 1033 de Somos el buen Jaime Arashiro trata de responder los comentarios de una lectora que se queja de los onerosos gastos que la expedición al Shishapangma de Pichón Málaga y los Perú 8 Mil ha generado. Como ustedes saben el grupo Viajeros es parte del pool de instituciones y empresas que han puesto un granito de arena para la realización de esta expedición que no solo fue diseñada como una gesta particular sino que es parte de un esfuerzo mayor por posicionarnos en el mundo como un país montañero. En esto no hay un penique estatal, así que la plata que Pichón logró reunir –que ha sido exigua- no ha salido de los contribuyentes. Esta es una empresa privada, un esfuerzo de un grupo de creyentes que vienen apostando porque los Andes peruanos compitan algún día –con sus seis mil en medio del trópico más exultante del planeta- con los mismísimos Himalayas o los picos del sur del continente. Y ya que hablamos de Pichón y su gente, desde aquí un abrazo a la distancia. Cuidado Málaga, no fuerces demasiado a los dioses, sé que el clima empieza a ser adverso en estos días en los Himalayas, al menos eso dicen los cables y tus envíos, así que calma, mucho cuidado.

Saludos a Ayacucho
El domingo que pasó me llamaron desde Ayacucho para entrevistarme en dos sintonizados programas radiales a propósito de unos comentarios aparecidos en esta columna. Ayacucho es la voz, su gente está trabajando duro para reconquistar un sitial de honor en el nuevo turismo peruano. Sus calles vibran de progreso y sus autoridades ediles han empezado a rescatar de la desidia espacios históricos de indudable valía y zonas antes venidas a menos. Se lo dije al periodista Necías Taquiri, también a Jorge Aramburú, de la Universidad Nacional San Cristóbal de Huamanga, tenemos que trabajar duro para que la vieja Huamanga deje de depender en el imaginario nacional de la Semana Santa y se convierta en un destino posible para limeños y sureños en particular. Vale la pena visitar Ayacucho y llevarse parte de su esencia, que no es otra que la de una vieja capital enclavada en la sierra más histórica del Perú. Los ayacuchanos han empezado a resolver con tino y creatividad los cambios que la modernización que todo lo afea inocula en las urbes de todo el planeta. Si logramos recuperar Huamanga y la acercamos -en su diseño y en su propuesta- a la imperial ciudad del Cusco, Huancavelica, Abancay, Puno, Andahuaylas seguirán la misma ruta y habremos rescatado gran parte del patrimonio cultural de todos los peruanos.

Es imprescindible hacer algo y pronto. Esa fue una de las motivaciones para la activación de la nueva aventura del Grupo Viajeros y del Instituto Conservación y Culturas, que bautizamos por cierto como Proyecto Culturas Vivas, iniciativa que intenta rescatar de la inopia muestras representativas de nuestro patrimonio cultural para ponerlas al servicio del turismo sostenible y el desarrollo social. La conceptualización de lo que hemos empezado a trabajar con esta primera expedición a Jatunmachay (Hatun Machay o Hatun Mache, en quechua huaylino) me tomaría muchas líneas, por eso tal vez sería bueno volver sobre algunos tópicos que en su momento criticamos y que, para el caso, tienen exagerada validez. Me refiero al término resignificar al que aludió Dammert en su polémico trabajo sobre el Santuario Histórico Macchu Picchu. Para el sociólogo el turismo fue el responsable principal de la perversión de dicho sitio arqueológico, el turismo disneylandizó Macchu Picchu y lo convirtió en accidente, en tropo, no en espacio ecuménico. En esa lógica la satanización del empresario turístico ligado al Camino Inca devino en escándalo y motivó respuestas acaloradas. Nosotros no le corrimos al debate y dijimos nuestra verdad: el turismo puede salvar el patrimonio cultural en manos de un Estado obstinadamente miope y torpe. El turismo no tiene porqué colisionar con la gestión cultural; por el contrario, la complementa, le da vida. En esa militancia hemos perseverado.

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Publicado el septiembre 3, 2008 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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