65. Para salir de Babel, publicado el 10 de marzo de 2008

En la mañana del domingo estuve escuchando al premier Del Castillo explicar la posición del gobierno sobre la llamada Ley de la Selva… y la verdad que quedé sorprendido. Gratamente sorprendido. No precisamente por los alcances de la norma que se pretende aprobar, que en su momento analizaremos en detalle, sino por la inclusión en el discurso ministerial de temas que hace unos días solo aparecían en los reclamos de los que han  sido tildados como perros del hortelano. Que los presidentes regionales amazónicos hayan hecho suyo el reclamo de los que desde hace muchos años vienen defendiendo el uso adecuado de los recursos del bosque no me parece raro. Basta con conocer la trayectoria política de algunos de ellos, como la de César Villanueva o el propio Yván Vásquez, para entender su oposición a cualquier medida que no tome en cuenta un modelo de desarrollo amazónico que sea sostenible y que haya sido consensuado por la  propia población. Pero que sea el propio primer ministro quien diga en Puerto Maldonado y en presencia de los integrantes del novísimo Consejo Interregional Amazónico (CIAM), que es imprescindible un catastro antes de emitir los permisos adecuados para alentar la reforestación en las tierras degradadas de la Amazonía o que advierta de los peligros que la Interoceánica del Sur puede acarrear sobre el bosque si no se lleva a cabo una adecuada zonificación por donde va a transcurrir, me parece un avance. Un gran paso adelante en una coyuntura signada por el grito estridente y el diálogo de sordos.

El gobierno empieza a entender que no se trata de imponer normas sin haberlas consultado antes con las poblaciones afectadas. O beneficiadas si así fuera. Las regiones son una realidad, no nos queda ninguna duda. Funcionan y en la mayoría de los casos solo quieren ser tomadas en cuenta cuando se trata de definir su futuro. Le temen al limeñocentrismo supérstite y tienen más de un motivo para permitirse susceptibilidades como las que hemos visto en el caso del Cusco a propósito de la llamada ley que intentaba poner al servicio del turismo los bienes inmuebles que integran el Patrimonio Cultural de la Nación.

Empieza a entender, lo he dicho, pero con tardanzas inexplicables. La  ley de la Selva; la del tercio superior magisterial, tan resistida por las regiones amazónicas y la que acabamos de mencionar sobre las concesiones turísticas en los sitios arqueológicos, debieron generar debates, prolongadas discusiones. Ese es el camino de las normas en las sociedades modernas. El gobierno propone y la sociedad discute. Se organizan los foros, los medios de comunicación analizan y juzgan, la población  se esmera en informarse y dice lo que piensa. Sin cortapisas, ni presiones subalternas. Así no se actuó, lamentablemente. El gobierno, seguramente confiando en esa máxima que dice que en política no se puede ser ingenuo, se apuró en aprobar normas sin escuchar la voz de las regiones. Creyendo, quizás, que el país era el mismo de hace veinte años. Craso error.

¿Cómo es con nosotros, los que habitamos ese compartimento estanco que llamamos con pompa sociedad civil?

Debemos acostumbrarnos al diálogo, a escuchar las posiciones del otro sin prejuicios. Sin descalificar a priori los argumentos de los que no militan en nuestra causa y piensan de otra manera. Parece difícil, pero ese es el único camino posible. El cabe artero, la estigmatización del adversario, la calumnia son argumentos que solo convencen al despistado, al que ha perdido la brújula y no tiene opinión propia. Lo dijimos en su momento: la discusión sobre la Ley 29146 , la que enfrentó al Cusco con el gobierno central, se dio en un contexto en el que era claro que los que se oponían a la norma ni siquiera la habían leído. Entonces salieron a las calles para gritar que no querían chilenos en Machu Picchu y que la patria no se vende. Cualquier cosa.

Por eso es que saludo, desde esta columna, la posición del primer ministro Jorge Del Castillo e invito a las personas que nos leen a diario a revisar las normas que he mencionado y leer también la propuesta que Antonio Brack y su equipo han hecho sobre el ministerio del Ambiente que venimos exigiendo desde hace tanto. Está en VOL, haga el esfuerzo.

Buen viaje…

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Publicado el septiembre 3, 2008 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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