23. Pantanos de Villa, Lima

De nuevo en casa, después de varias semanas de vagar por las sedes mundialistas promoviendo la  campaña Los Chicos siempre ganan, que activan FIFA y UNICEF a propósito de la necesidad de impulsar la discusión –y la admisión en las agendas políticas locales- sobre la adolescencia en el Perú. Y ya que la copa viene ingresando a su fase ulterior me voy a permitir hacer algunas reflexiones sobre el evento que venimos sacando adelante, para utilizar una expresión común a todos los que leen esta página semanal.

Manuel Tristán, oficial de UNICEF y gestor en los ochenta, junto con otros planificadores y entusiastas, del programa del Vaso de Leche que promovió Frejolito durante su recordada administración municipal, me comentaba en Piura que, a veces, es imprescindible mirarnos en un espejo para atrapar no solamente nuestra imagen cambiante sino también la de los Otros. Ese ejercicio “visual”  de indudable necesidad comparativa resulta indispensable para entender que los grandes cambios (o las grandes permanencias) son urgentes. ¿Qué imagen nos devuelve, a los peruanos de toda condición, la Copa Mundo Sub 17?

La principal de todas, es la imagen de un país que sí es capaz de organizar un evento de  calidad, de indudables estándares “primer mundo”. Los estadios y la organización alrededor de ellos fueron notables. En Iquitos, Piura, Trujillo y Chiclayo los activistas del evento (y el público que colmó graderías y calles adyacentes) se pasaron. La pulcritud y el sentido común fueron la constante y el buen ánimo colectivo fue capaz de propinarle una contundente goleada al achoramiento y la mediocridad, esos dos rivales jactanciosos y siempre presentes en la escena nacional.

Entonces fue posible el ingreso a la Copa de las olas en las tribunas, el aplauso desmedido a los deportistas adolescentes y la admisión en la discusión futbolera de las verdaderas causas de la eliminación de la selección nacional (que no son otras, como lo han dicho los patrocinadores de la campaña de UNICEF, que la poca inversión social y el abandono a la educación y salud públicas). En las provincias (otra vez) vibró la fiesta, brilló el entusiasmo callejero y se hizo nuevamente evidente esa hospitalidad tan nuestra que abona a favor de las ventajas comparativas que tenemos como país frente a otros destinos.
El mundial también sirvió para medir las fortalezas (y desventajas) del turismo receptivo en las provincias comprometidas con el evento…y el saldo fue, en ese sentido, igual de positivo. Las provincias del norte cuentan con infraestructuras suficientes como para empezar a soñar con certámenes similares a este que estamos por clausurar. De verdad, en otros países el turismo vinculado a los eventos y los congresos es fuerte. En Cuba los asistentes a este tipo de convocatorias contribuyen de manera notable a engrosar las estadísticas del sector. Se trata de un turista que aprovecha su viaje para consumir productos turísticos y descansar. En otras palabras, nos estamos refiriendo a un visitante culto que identificó a su tiempo las ventajas de asumir un reto profesional en el contexto de una estadía laboral en un país deslumbrante en atractivos turísticos. La ecuación es perfecta: unos días de trabajo por unos días de descanso.

Prom Perú hizo lo suyo en esa dirección. Con un eslogan simple y abierto a las mil interpretaciones (Come to Peru) la agencia de promoción turística acertó. En el mundo del márketing turístico los múltiples mensajes confunden y atemorizan. Los anuncios de la copa América pasada eran hermosos; los escuetos mensajes en los paneles inferiores de los estadios de la Copa Mundo Sub 17, contundentes. Ganamos en experiencia y, seguramente, en promoción de calidad. Le toca el turno ahora a los operadores turísticos que tendrán que invertir en ferias, eventos, información por Internet, etc., para terminar de cerrar el círculo.

Lamentablemente, la nota disonante nuevamente la puso el gobierno que fue incapaz de evitar un paro de transportistas anunciado semanas atrás y que estuvo a punto de crearle un malestar mayúsculo a los organizadores. Qué falta de sentido de la anticipación, qué afán por la zancadilla y la cultura del desorden. En fin, la copa nos siguió mostrando la fuerza provinciana y su deseo de derrotar el centralismo y crear nuevos paradigmas. Como aquel de los cielos (interiores) abiertos para todas las naves del mundo. En eso los amigos de Gambia nos enseñaron un camino que debemos transitar: no es necesario pasar por Lima para llegar al interior de un país inmenso y lleno de recursos.
Buen viaje…

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Publicado el septiembre 3, 2008 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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