24. Malecón Tarapacá, Iquitos

En la mañana conversaba con Rubén Meza, periodista de La Voz de la Selva, sobre el futuro de esta pujante y bullanguera ciudad a orillas del Nanay y me confirmaba lo que a voces vengo escuchando en  cada uno de los linderos que visito en este país inagotable: el turismo bien puede ser la última oportunidad que tienen las poblaciones locales para subirse (y bien) al carro del desarrollo.

En Iquitos existen 17 mil mototaxis agrupados en el gremio del desorden; vale decir diecisiete mil clientes en potencia para atizar la algazara popular o darle peso específico a cualquiera de los delirantes proyectos populistas que se reproducen por doquier en las regiones. Don Serafín Otero, responsable de turismo de la municipalidad provincial me lo dijo muy claramente mientras recorríamos las calles más congestionadas de su ciudad: “Tengo información de primera mano sobre visitantes que adelantaron su retorno hastiados de la bulla y el desorden de los mototaxis”. De verdad, pararse en una esquina de Iquitos es asumir que se ha llegado a una suerte de Babel motorizada. De los sonidos de la naturaleza, ni siquiera un recuerdo.

Sin embargo, el Malecón Tarapacá, el mismo que alberga en uno de sus rinconcitos a los clásicos  Fitzcarraldo y  Arantú Bar, a las siete de la noche es un remanso y los turistas lo recorren con calma y sin mayores apuros. Ese es el reto: transformar la ruidosa ciudad en un espacio acogedor para sus invitados, porque este negocio, como se ha dicho tantas veces, vive principalmente de la ilusión del visitante de sentirse en territorios no hollados, en sociedades amigables. El visitante se viste de turista (cuando no de intrépido viajero) en la intención de que la colectividad que lo recibe le siga el juego, aceptando un guión salpicado de complicidades mutuas.

Entonces subir los precios de los bienes y servicios inherentes a la actividad o violentarlos con nuestra aprehensión por la informalidad y otros deslices, resulta tan inapropiado como robarles sus pertenencias o hacer que sus vidas corran peligros innecesarios. En Iquitos mis amigos Serafín Quinteros, Danilo Peña, Patricia Ibáñez y hasta el mismísimo alcalde Juan Carlos del Águila lo han comprendido y vienen planeando la “construcción” de una ciudad más amigable, menos caótica y chicha. En esa causa militamos.

Por ello es que estamos acompañando a UNICEF en la campaña Con los Chicos siempre se gana, iniciativa del organismo internacional que intenta, a propósito de la Copa Mundo Sub 17, poner en el tapete de la discusión local y nacional temas de adolescentes. En Iquitos se respira juventud…y ese insumo es fundamental para construir futuro. En eso andamos.
Buen viaje

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Publicado el septiembre 3, 2008 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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