8. Lecciones que nos deja de la tragedia de Chachapoyas

 El accidente de TANS en Chachapoyas ha dejado decenas de interrogantes sobre el estado actual de la aeronáutica civil en el Perú de nuestros días. La prensa ha abordado el tema desde particulares puntos de vista y en todos el papel del Estado y los entes reguladores de la actividad aerocomercial, han quedado en entredicho. La crisis de la aviación nacional no parece estar en discusión. Es un hecho incontrovertible.

 

Sin embargo, las paradojas que toda crítica encierra dentro de sus alcances, no han dejado de relucir en el caso que comentamos. ¿Es necesario clausurar aeropuertos y compañías de aviación para evitar desastres como los ocurridos con Aero Pantanal, en Cordillera Azul o con la compañía del Estado, en Cerro Boloje?, ¿Urge aprobar una nueva ley de la aeronáutica civil o es imprescindible dotar a todos los aeropuertos peruanos con modernos equipos de radio ayuda que impidan catástrofes como las que nos ha tocado vivir en los últimos meses?. ¿Son apropiados los permisos de vuelo que las instituciones competentes asignan en nuestro país a los pilotos al graduarse?, ¿Hay que declarar en emergencia al sector para impedir nuevos accidentes?.

 

Como es obvio, las interrogantes son tantas como las opiniones que se dejaron escuchar en estos días en cuanto foro o debate se convocó para plantear soluciones. Pero como en otros eventos similares, presumimos que el paso de los días ocultará las responsabilidades y el duelo cívico impedirá que las voces críticas exijan investigaciones a fondo. ¿Qué hacer frente a este embrollo, cómo planificar el futuro de una actividad económica íntimamente ligada con el turismo?. En principio es menester mantener la calma, la navegación aérea sigue siendo un medio de transporte seguro en comparación a otros (las cifras en nuestro país son patéticas en cuanto a accidentes de tránsito automovilístico se refiere) y en un territorio como el nuestro su papel es de trascendencia inusitada como factor de desarrollo social. En un país sin los adecuados caminos, las carreteras aéreas significan progreso y bienestar para todos. Eso hay que tenerlo muy en cuenta.

 

Por eso es que saludamos desde un principio el reinicio de los vuelos comerciales a Chachapoyas, puerta de entrada a una de las regiones más promisorias para el turismo receptivo. En la región Nor Oriental del Marañón el empresariado nacional hace mucho tiempo que tomó la batuta del desarrollo del sector invirtiendo y promocionando destinos antaño considerados peligrosos cuando no muy caros. Los circuitos turísticos-arqueológicos de Kuélap, el Gran Vilaya, la laguna de los Cóndores y la riqueza contigua del departamento de San Martín representan testimonios elocuentes del trabajo promocional que en su momento representantes de la sociedad civil implementaron como parte de una estrategia que no debe ser truncada por episodios lamentables como los que comentamos.

 

No podemos espantar al turista interno y al visitante extranjero con historias de aviones en desuso y aeropuertos que sólo sirven para atraer desgracias. Viajar en el Perú, nos lo decía Carlos Palacín, de Aero Cóndor, claro que es riesgoso…pero a nadie se le ocurre dejar de hacerlo. Vivimos en un país de indudables contrastes geográficos; nos ha tocado poblar una realidad física impresionante por lo difícil y contradictoria. Sabemos los peruanos de embates de El Niño, huaicos y sequías, aluviones y temblores… y pese a ello, nadie a propuesto abandonar el suelo que recibimos en herencia por geografías menos peligrosas.

 

Por cierto que hay que evitar los riesgos inútiles e invertir en modernizar el sector aeronáutico para brindar un mejor servicio. De eso se trata y no de mezquinar recursos con el propósito de invertir en propósitos menos importantes. El turismo va a crecer en los índices que todos soñamos cuando la infraestructura del sector se adecue a los estándares internacionales y se actúe con planificación. Y no sólo hablamos de hoteles, restaurantes y servicios afines, también nos estamos refiriendo a carreteras, aeropuertos, muelles, parque automotor, aviones que se renuevan y son estrictamente supervisados por organismos competentes y autónomos.

 

Y mientras ello ocurre, que se investigue a los responsables de tantas muertes últimas. Finalmente, tenemos que prevenir desastres futuros; sin obviar nuestra responsabilidad con el futuro del país.

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Publicado el septiembre 3, 2008 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. 1 comentario.

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