35. Las islas de Asia en peligro

(San Miguel, cuenca del río Chillón,28 de febrero de 2006) Mil quinientos metros separan a los veraneantes de los clubes de Asia de una de las islas guaneras más importantes de la costa peruana. Como me lo comentó hace unos días Javier Modenese, viejo vecino del kilómetro más exclusivo de Lima y fundador de Proislas, una aguerrida oenegé conservacionista que ha decidido dar batalla para impedir que las aves guaneras y la rica fauna de la isla de Asia alcen vuelo y desaparezcan para siempre, el escenario natural que eclosiona a tan poca distancia del boulevard de moda es parte, por acción y omisión de la corriente de Humboldt, de uno de los ecosistemas más extraordinarios del planeta. Para los incrédulos, todavía es posible encontrar en los peñascos de la isla de Asia colonias de pingüinos, elusivos potoyuncos, nutrias de mar y aves de colosales vuelos. Mismo Paracas o San Fernando, en Marcona.


No hace mucho que los limeños aprendimos a convivir con las pesadillas que nuestra presencia provoca en la naturaleza. Mal. Los desatinos en la Costa Verde o los entuertos legales en los linderos de Villa son capítulos bien anotados de una pauta de conducta atroz en relación a nuestra Madre Tierra. Sin embargo, en medio de tantos desaciertos bullen las buenas iniciativas y la cátedra abierta de los modernos quijotes. Los Modenese, Jaime y Javier, primero, luego los hijos, después los sobrinos, se afincaron en las playas desoladas de Asia apenas entrada la década de los ochenta para compartir con todo el mundo el milagro de los pelícanos y los guanayes formando ejércitos de okupas sobre una isla ventruda y generosa en olores a estiércol y vida silvestre.

De esos años maravillosos -“Asia era una playa vacía y propia para los campamentos y las estrellas”- han sobrevivido cientos de metros de cintas para cine aficionado y la promesa de impedir que aquella convivencia milenaria, la de los hombres y las criaturas de los dioses antiguos, se perdiera. Javier, abogado exitoso y en un tiempo colaborador cercano del conservacionista Felipe Benavides, dejó la profesión a un lado para fundar en el 2000, con el apoyo de Ronald Woodman, el biólogo Víctor Pulido, el almirante Héctor Soldi y un par de ilusos más, Proislas (Protección de Áreas Marinas e Islas), institución dedicada por entero al cuidado de estos ecosistemas vitales y a la promoción de una cultura que valore y respete la vida natural. Para los fundadores y activistas actuales del colectivo cívico las islas de Asia constituyen un aula abierta donde aprender los ciclos biológicos y sus procesos. “Cuatro meses de clases, de diciembre a marzo, en una acogedora escuelita al aire libre”, acotan los Modenesi mientras muestran los folletos y los carteles que han preparado para sembrar Asia de mensajes de protección y futuro.
Y claro que su propuesta fue bien recibida. La Asociación de Propietarios de Inmuebles del Litoral Sur (APRILS), la empresa privada que financia casi todos los programas de Proislas y las instituciones estatales correspondientes (ProAbonos, Marina de Guerra e Inrena) entendieron de inmediato la propuesta de estos buenos vecinos y se comprometieron a acatar todas sus recomendaciones. Esos mil quinientos metros, bien reglamentados, al igual que los circuitos para kayakistas y demás nautas en los contornos de la isla mayor y su sistema de islotes, se han convertido en el vallado fundamental para impedir la invasión humana en territorio silvestre. Piqueros, gallinazos de cabeza roja, zarcillos y gaviotas se encargaron de colonizar todos los rincones de la isla. Como lo ha comentado la Dra. Molgovzatta Andziac, becaria de la Universidad de Waggeningen, en Polonia, una de las más reputadas instituciones científicas del mundo, la cercanía humana es un peligro latente para las demás comunidades que aprendieron a vivir en relativa paz en la isla. Para la especialista si no se mantienen las previsiones que Proislas ha recomendado en poco tiempo las aves partirán sin opción de retorno.

Por eso es que no podemos permitir que el sueño de los Modenese se pierda entre los pliegues de la maraña estatal y los malos entendidos de siempre. Proabonos, la institución encargada de proteger el sistema de islas y puntas guaneras de propiedad del Estado ha manifestado oficialmente su deseo de no renovar el convenio de trabajo interinstitucional que había firmado con Proislas para proteger Asia. Algún maléfico demonio ha decidido influir para poner punto final a una relación de confianza que tiene miles de años de permanencia. Confiemos en que los dioses del mar logren ganar la batalla por la
vida y cunda, de nuevo, la razón.
Buen viaje…

 

PD: Llueve en San Miguel y los campesinos festejan la fiesta del agua y las futuras cosechas. Desde este poblado en la parte alta de la cuenca del valle del Chillón disfruto de un paisaje extraordinario y fastuoso (en pleno verano limeño). ¡Cuánto hemos perdido los costeños al haber definido la sierra como un lugar para estar solamente en invierno!

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Publicado el septiembre 3, 2008 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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