44. La fiesta de las lomas en Quebrada Verde

(Lomas de Lúcumo, valle de Lurín, Lima, 4 de setiembre de 2006) No hay ecosistema más exuberante e impropio para los que habitamos la costa del Perú que las lomas, esos desperdiciados oasis en medio de la canícula y el desierto que han sido desde siempre escenario propicio para la vida en todas sus dimensiones. Escolar todavía supe elegir –de la mano con mis amigos de entonces- a Lachay como patio de aprendizaje (y aventuras) para deslumbrarnos luego con la majestuosidad de Atiquipa, la más extraordinaria de todas las lomas peruanas. Dice Engel que estos epicentros biológicos debieron haber sido ocupados por bandas de cazadores y recolectores itinerantes desde el inicio de los tiempos; razón no le falta, las lomas insurgen donde los vientos que soplan desde el océano se estampan contra las estribaciones andinas, justo al lado de los espejos de agua que se reproducen por miles en el arenal costero y la fabulosa orilla marina. De la conjunción de estos tres ecosistemas pletóricos de especies germinó el proceso de la vida peruana (Moseley, Rostworowski, Engel, Hocquenghem et al.)

Lamentablemente estas “praderas del desierto” durante demasiado tiempo fueron entendidas como despensas inagotables de madera de recia consistencia (mitos, lúcumos, taras entre otros árboles endémicos) y escenario propicio para el pastoreo de ganado menor, chivatero para decirlo sin tantas  florituras. Lachay, Iguanil, Manzano, Lúcumo, Guerrero, Carabayllo y también pampas de Amancaes o Atocongo, fueron desoladas en poco tiempo y hoy solo son relictos de lo que alguna vez debió ser un archipiélago casi continuo de vida en la árida costa de Humboldt. Augusto Weberbauer, el sabio alemán, las estudió durante su estadía peruana y su discípulo más notable, el botánico Ramón Ferreira fallecido en el 2005 ha descrito mucha de su flora nativa. Como suelo mencionarlo, aprovechando del descanso que propició el último feriado, acampé por primera vez en las lomas de Lúcumo, en el valle de Lurín, con un grupo de esforzados estudiantes del Diplomado de Turismo de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya. Precisamente uno de ellos, Fernando Vera, miembro del Grupo Gea,  institución que ha venido bregando por desarrollar propuestas de desarrollo sostenible en las periferias de una de las lomas más representativas de los oasis de neblina limeños, fue quien nos extendió la invitación. Como él mismo nos dijo, la temporada de lomas se ha iniciado y hay que aprovecharla.

Llegamos por la noche del martes al Centro Poblado Rural Quebrada Verde, en el distrito de Pachacamac. Allí nos estaba esperando un tridente local de polendas: don Patricio Guillén, miliciano de Lúcumo y sus encantos; María, su hija forjada en los avatares de la puja vecinal y Jacinto Mendoza, su yerno y conspicuo líder comunal. Los tres pertenecen a esa raza nueva de defensores de la naturaleza (y la sostenibilidad de las propuestas de desarrollo de nuevo cuño) que ha ido pariendo el siglo que estamos inaugurando y que empiezan a ser legión por todo el Perú. Ellos identificaron hace un buen tiempo que las lomas de Lúcumo, sus atractivos culturales y naturales, debían ser el capital inicial para sembrar desarrollo y bienestar dentro de la comunidad. Desde ese momento auroral, mediados de los noventa, han venido sosteniendo duras batallas para que se respete la intangibilidad de dichos recursos y se les permita gestionar su uso comunal y público. Con ayuda de ONGs locales y mucha inventiva inauguraron en el 2003 el Circuito Ecoturístico Lomas de Lúcumo-Quebrada Verde, una interesante propuesta de turismo comunitario y desarrollo sostenible que merece la pena ser conocida (y visitada). Soy conciente de que el concepto desarrollo sostenible sigue siendo una bonita palabra, una idea que se va convirtiendo en lugar común, en paradero de combi. Todos la mencionan, nadie sabe bien qué cosa es. Abundan los documentos pero son escasas las experiencias concretas. Aquí hay una y como dice El Veco, oído a la música.

El Circuito Ecoturístico Lomas de Lúcumo-Quebrada Verde se desarrolla en el Centro Poblado Rural Quebrada Verde, 420 familias dedicadas a la ganadería, la agricultura y el comercio que comparten con las localidades de Guayabo y Picapiedra el acceso occidental al ecosistema. El circuito es manejado desde la comisión de turismo de la propia comunidad que fue la que diseñó la propuesta a partir de la elaboración consensuada de un plan estratégico de desarrollo local ¿Suena bien, no? En efecto, esto que podría ser solamente una buena intención, a la fecha es una maravillosa realidad. Gracias al aporte de instituciones amigas y a la capacitación recibida, se construyó un caracolario, un circuito ecoturístico inicial; se zonificó el área, se activó una efectiva campaña de arborización y se identificó y valorizó los atractivos del complejo. Al final, como nos lo comentó Jacinto Mendoza mientras apurábamos una sabrosísima huatia pachacamina en el local de la asociación, todos salieron ganando. Quebrada Verde recibe cientos de visitantes durante la temporada lomera y los econegocios han empezado a fructificar: las señoras que preparan el yogurt han levantado puesto propio y los negocios vinculados a la panificación están logrando que el centro poblado deje de ser un pueblo-dormitorio y genere empleos locales. El miércoles de Santa Rosa Raymi mientras descendíamos de Lúcumo, observamos a los visitantes -¿cien, ciento veinte, doscientos, doscientos cincuenta?- recorriendo entusiasmados los caminos para gozar de esa niebla lomera tan productiva y enamorarse de las pinturas rupestres, las flores, los insectos palito, los turtupilines y el descanso a la vueltita de la congestionada jungla de cemento.

Leo en un documento que me acaba de alcanzar Helmut Eger, de la GTZ alemana: “Estamos luchando por un modelo de desarrollo económicamente factible, socialmente equitativo y ecológicamente compatible…”. Ciento veinte hectáreas de lomas recuperadas a la destrucción y al desarrollismo combi de las cementeras están allí, quietecitas, pero al mismo tiempo boyantes de proyectos para demostrarnos que sí se puede. Como el Cienciano, carajo. En una ciudad desatenta a las buenas iniciativas, la que han construido los pobladores locales de Quebrada Verde y los grupos de trabajo aliados al proyecto vale el esfuerzo de avanzar veinte minutos por la carretera al sur para tomar por asalto la vida pura, el esfuerzo compartido por cambiar tanta obstinación por la destrucción y el sálvese quien pueda.  Hay que derrotar el pesimismo y el culto estéril por la información que deprime y obstaculiza el surgimiento de iniciativas como ésta. La niebla mala, que le dicen. Con Fernando Vera, Diego López, Miguel Villalba, Javier Lezama y Miguel Cordero así lo entendimos. “Hasta que los leones tengan sus propios historiadores, las historias seguirán glorificando al cazador”, dice un proverbio africano. Es necesario convertirnos  en los exegetas de los nuevos tiempos.
      Buen viaje…

Seminario sobre ANPs en la Universidad Antonio Ruiz de Montoya
Como lo he venido informando desde esta columna, la Universidad Antonio Ruiz de Montoya viene organizado con el concurso de la Sociedad Peruana de Derecho Ambiental (SPDA) un seminario sobre las Áreas Naturales Protegidas y el turismo. Se trata de la creación de un escenario de confluencia entre público en general y los estudiantes de turismo y ciencias biológicas con los estudiosos del sistema de ANPs con la finalidad de ir encontrando soluciones al dramático problema de nuestras áreas de protección. El seminario se inicia el lunes 11 de septiembre con la exposición de Pedro Solano “Áreas Naturales Protegidas: la esperanza es verde”. Luego expondrán Gustavo Suárez de Freitas (miércoles 13, “Áreas Naturales Protegidas y Regiones: ¿espejismo o realidad?”; Fernando Ghersi (lunes 18, “Áreas Naturales Protegidas y Recursos Naturales: Hidrocarburos y otros problemas”); Richard Chase Smith (miércoles 19, “Pueblos Indígenas y Áreas Naturales Protegidas”; Patricia Majluf (lunes 25, “Islas y Puntas Guaneras: Fortaleciendo el sistema de las Áreas Naturales Protegidas”) y Guillermo Reaño (“Áreas Naturales Protegidas y Turismo”). El curso se desarrollará en la sede de la universidad jesuita. Vale la pena. Informes: Universidad Antonio Ruiz de Montoya -Av. Paso de los Andes 970, Pueblo Libre. Teléfono: 424-5322 anexo 100.
edelgado@uarm.edu.pe

Cordillera Blanca en peligro
Hace unos días recibí una carta de Jim Bartle, fotógrafo, andinista y defensor de la intangibilidad y los tesoros de Cordillera Blanca, alertándonos de los desatinos de una reglamentación para el Parque Nacional Cordillera Blanca que pondría serias limitaciones a las comunidades de usuarios del área, básicamente caminantes y escaladores. El Reglamento de Uso Público del Parque Nacional Huascarán publicado en agosto último prohíbe tajantemente la utilización de las áreas del parque sin haber concertado antes un programa establecido con los prestadores de servicios. Vale decir, o ingreso al parque  con guías  o me voy a otra parte. ¡Qué buena vaina! En nombre del turismo, que muera el turismo, viva el monopolio y vivan los “turistólogos”. Aclaremos, es necesario preservar los monumentos de nuestro impresionante patrimonio cultural y natural, eso está claro; pero de allí a inferir que solo son los burócratas de turno los únicos capaces de normar su uso y cuidado hay una enorme diferencia. Si de verdad se quiere salvaguardar el bien común es imprescindible consensuar intereses entre los diferentes actores, uno de ellos, definitivamente, los consumidores de los bienes patrimoniales que se ponen en oferta, en este caso la enorme legión de caminantes, pajareros, escaladores, voyeristas de la naturaleza, orquideólogos, etc. que conocen mucho más (y son más cuidadosos) las áreas bajo protección.
Bartle denuncia que la norma aprobada ha sido “elaborada por un pequeño grupo del Comité de Gestión de PNH, todos guías o trabajadores en turismo, quienes lograron imponer un reglamento hecho específicamente para su beneficio económico”. Huele a eso: a mercantilismo cultural puro. Estoy con Jim Bartle y los amigos de Cordillera Blanca que han puesto el grito en el cielo y no van  a permitir la “estatización” de este escenario tantas veces maravilloso. Hay que estar vigilantes.

Se dio estatus definitivo para Villa
Pedro Solano me dio la noticia el viernes pasado. Por fin el ejecutivo aprobó la norma de creación del Refugio de Vida Silvestre Pantanos de Villa (Decreto Supremo Nº 055-2006-AG), con el objetivo de conservar una muestra característica de los pantanos del desierto del Pacífico Subtropical que incluye flora representativa y un considerable número de aves migratorias y residentes. La nota que publica INRENA se equivoca cuando dice que en Villa es posible observar potoyunco peruano, espátula rosada, manchaco y pingüino de Humboldt. Los primeros hace tiempo que volaron para no volver y sobre Spheniscus humboldti qué decir: si Villa fuera como dicta la razón un ANP marino-costera bien podríamos agregar a la lista al elusivo pingüino de Humboldt. Pese a los comprensibles excesos periodísticos, como buen villano saldré a recorrer sus rincones para celebrar el triunfo de la razón.

Los bosques de algarrobo de Lambayeque
Alguna vez vagando por las playas de Santa Marta, en Colombia, me tropecé con un paisaje salido de alguno de mis sueños más recurrentes: un mar azul color caribe bañando playas sembradas de algarrobos. El algarrobo, pese a lo que se piensa, es una especie cosmopolita, no es oriunda del Perú. En Colombia se le llama trupillo, en el sur peruano, guarango. Si el “piuranísimo” algarrobo es compartido con otros, el algarrobal que sobrevive en el desierto seco del norte de nuestro país sí que es un portento. No solo por lo beneficioso de sus partes (en el norte el algarrobo sirve para todo) sino porque sabe fecundar de vida una sección muy importante de la Zona de Endemismo Tumbesina, una de las más prolíficas en especies nativas del planeta.

Pese a tamaños pergaminos los bosques secos del norte siguen amenazados de muerte. Al margen de la creación del Santuario Histórico Bosque de Pomac y del Refugio de Vida Silvestre Laquipampa, la destrucción de las asociaciones de algarrobos es un lugar común. De eso se queja el Ing. Carlos Paredes Cerna, presidente de Fundenor, en una carta que nos ha mandado relevando los atributos de la especie y advirtiendo de su lucha por sobrevivir en medio de la indiferencia (ver Correspondencia en Viajeros Online). Sé de los afanes del Dr. Carlos Elera, presidente del Comité de Gestión del Santuario Histórico Bosque de Pomac y del Refugio de Vida Silvestre Laquipampa; también de la tarea de la Jefatura de ambas ANPs y del interés tanto del Gobierno Regional de Lambayeque como del Municipio Provincial de Ferreñafe por controlar tamaños desmadres. Sin embargo, la tarea es titánica y a veces excede a tantos (y buenos) afanes.  Ojalá que el nuevo gobierno nacional tome cartas en el asunto y se involucre en la tarea de preservar, como dice el Ing. Paredes, de este refugio biodiversidad, único en su género en el mundo. Estemos notificados.

Premio Mac Arthur para la SPDA
Nuevo triunfo peruano en las canchas del conservacionismo planetario. La Sociedad Peruana de Derecho Ambiental fue elegida –junto a ocho instituciones del mundo- para recibir el Mac Arthur Award for Creative and Effective Institutions, uno de los premios más importantes que existen y que reconoce el trabajo innovador y la capacidad de gestión de los organismos de la sociedad civil dedicados a promover desarrollo y bienestar entre los pueblos. La SPDA hace mucho que viene realizando proyectos y actividades en ese sentido; de allí la justicia y pertinencia de la elección. Desde aquí un abrazo a sus directivos y técnicos.


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Publicado el septiembre 3, 2008 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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