22. En el Parque Nacional del Ampay

(Abancay) Resulta revelador, por decir lo menos, que las jefaturas de las Áreas Naturales Protegidas a cargo del INRENA, estén por lo general en manos de biólogos, ingenieros forestales y otros profesionales vinculados a las ciencias naturales. En otras palabras, que la gestión de estas zonas naturales con indudables vínculos con el turismo y el desarrollo social (dentro de las áreas de protección y los territorios adyacentes se apretujan la pobreza extrema y el olvido estatal) recaiga en especialistas con indudables pergaminos profesionales pero con poca experiencia en la gerencia de proyectos que ofrecen más debilidades que fortalezas. En el Parque Nacional del Ampay, a pocos kilómetros de la congestionada ciudad de Abancay, esta contradicción cobra más fuerza todavía.

El Parque Nacional que acabamos de visitar gracias a la feliz iniciativa de la Dirección de Turismo del Gobierno Regional de Apurímac, Prom Perú y un grupo de empresarios privados ligados a nuestra industria, guarda entre sus tesoros más promocionados la mayor cobertura de bosque de intimpas (Podocarpus glomeratus) y la belleza prístina de un cerro tutelar –un apu- de las características del Ampay. En sus 3,635 hectáreas el visitante puede conjeturar sin reservas lo que alguna vez debieron ser nuestros bosques nativos y su fauna y flora tan particular. En las soledades del parque nacional es posible toparse con osos de anteojos, venados, pumas, gallitos de las rocas y cataratas como la de Faccha que deslumbran por su espectacularidad  y por la profusión de ecosistemas que genera.

Los abancainos están invirtiendo en creatividad para convertir a su región en un polo de desarrollo más de la también promocionada Ruta del Sol, sueño compartido con Ica, Ayacucho y Cusco. Para los funcionarios y líderes empresariales que conocimos durante nuestra incursión por el Ampay, el turismo puede generar progreso y bienestar para las poblaciones de la región. Por ello, vienen derivando fondos (que en una región pobre son tan necesarios y escasos) para invertir en el desarrollo de circuitos interiores que favorezcan la permanencia de los visitantes. Es claro para todos que la región Apurímac no debe ser solamente una estancia de tránsito hacia el Cusco. Por ello han decido revitalizar las propuestas de Choquequirao;  el cañón de Curahuasi, en el Apurímac; el circuito de haciendas coloniales; los miradores que atisban el mismo río Apurímac; el Parque Nacional del Ampay.

Y mientras ellos se esfuerzan en desarrollar propuestas, el abandono y la poca fe de la burocracia estatal (esta vez en sus propios cuadros) se hace evidente con tremendo dramatismo. Dos guardaparques –sí, solamente dos personas, Rubén Domínguez y Graciela Hilares, personal del Inrena en el Ampay- son los encargados de dar protección a todo el Parque Nacional. Estos dos abnegados trabajadores deben enfrentarse todos los días a cazadores furtivos que ingresan al área con armas de largo alcance y a hordas de campesinos pobres que no saben de vallados legales a la hora de utilizar los pastos o, simplemente, transformar las centenarias intimpas en arbolitos de navidad. ¿Qué debe ocurrir para que la maquinaria estatal deje de lado la inercia y empiece a trabajar de manera armónica y eficiente?. O, si vemos el problema desde otro ángulo, ¿por qué no acepta el Estado que estos espacios públicos, ricos en biodiversidad y oportunidades para el ecoturismo, deban ser administrados de otra manera, tal vez convocando al sector privado para que administre tamaños activos y así poder generar desarrollo? Sería, además, una feliz iniciativa en la misma dirección que ha diseñado el Gobierno Regional: convertir a la región en su conjunto en un destino atractivo y bien diseñado para el turismo responsable.

Por eso decía al iniciar estas líneas que las áreas naturales protegidas que maneja el Inrena, y que no lucen una administración adecuada, deberían ser declaradas en emergencia para de esta manera buscar la mejor forma de replantear su manejo. Una posibilidad es confiar su gestión en Patronatos eficientes que busquen generar los fondos necesarios para que los técnicos asignados al Sistema Nacional de Áreas Protegidas por el Estado (biólogos, ingenieros forestales, científicos en general) se puedan dedicar a lo suyo. Estoy seguro que empresarios arriesgados como Julio Azorín, funcionarios probos como Wilbert Oraica y académicos de renombrado prestigio como Silver Barreto, todos ellos compañeros de ruta en nuestra última aventura por el Ampay, podrían dar mejores soluciones a la problemática de la zona bajo protección del Estado. Rubén y Chela, los sacrificados defensores de la integridad natural del Parque Nacional del Ampay se lo agradecerían.

Otrosí digo: En esta misma columna sugerimos hace un buen tiempo la convocatoria de la deportista Sofía Mulánovich (tapa de la revista Viajeros nº 13) para las promociones que realiza PromPerú. Nos parecía –y nos sigue pareciendo- que nuestra campeona mundial de tabla hawaiana podía convertirse en un verdadero imán para la captación de aficionados de este deporte que puedan llegar a nuestros tantos destinos para la tabla hawaiana. Felizmente nuestra propuesta alzó vuelo y la maravillosa Sofía acaba de engrosar las filas de los íconos peruanos de exportación. Enhorabuena.

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Publicado el septiembre 3, 2008 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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