38. En el cañón más profundo del mundo

(Cotahuasi, provincia de La Unión, Arequipa,22 de mayo de 2006) James Posso es la voz más autorizada en Cotahuasi para hablar de turismo en el cañón y él fue uno de nuestros guías durante la privilegiada visita que hiciéramos a este rincón pujante y muy atractivo de la sierra arequipeña. Parece mentira, el hombre del Cañón de Cotahuasi es limeño, del Rímac, y para mayores datos lo suyo no es otra cosa que la geografía y los deportes de aventura. James llegó a la capital de la provincia de La Unión hace más de quince años y desde entonces no ha hecho otra cosa que difundir sus atractivos por el mundo. Profeta en tierra ajena, a Posso se le debe la medición que ha hecho del cañón de Cotahuasi el más profundo de la tierra. Sus 3525 metros de altura -335 más que el del Colca- son una verdadera inmensidad frente a los 1600 metros del Gran Cañón del Colorado, joya de la conservación y del turismo gringo. A James nunca lo he visto sin su sombrero cotahuasino, tampoco lo he escuchado hablar de otros íconos turísticos que no sean los de su destino al lado del Solimana y del Corupuna, los gigantes que se tienen que enfrentar para llegar al distrito ecológico más notable del nuevo circuito turístico de Arequipa. Jemes Posso es puro Cotahuasi.

 

Para nadie es un secreto que en materia de márketing y posicionamiento lo del Colca no tiene precio. Magnífico y tesonero trabajo el de nuestro amigo Mauricio de Romaña; pero estamos en Cotahuasi y en estas tierras ganadas a la furia de Vulcano las fotos de James y su prédica han hecho también bastante, tanto que no hay día en que los cotahuasinos dejen de ver un turista por sus calles estrechas y llenas de comercio. Repuestos del alucinante descenso carretero -desde que vimos la ciudad, allá en lo alto, debieron haber pasado casi dos horas antes de apearnos del bus- empezamos a planear la estrategia adecuada para conocer, en tan pocos días, tamaño espectáculo natural. Hechas las averiguaciones del caso, decidimos tomar por asalto la catarata de Sipia, los baños termales de Luicho, la tractiva Tomepampa y el pueblito de Alca (¡por Dios, qué nombre!), nada más por esta vez…

 

Sipia es espectacular, nunca antes me había enfrentado a  un río-catarata de envergadura tan atroz. Llegamos a pie luego de una agradable caminata junto al apacible, hasta entonces, río Cotahuasi… de pronto, el abismo, otro abismo, interrumpe la marcha del río y lo avienta por una caída de cientocincuenta metros que lo convierte en arco iris permanente y vapor de agua. Impresionante, una vez horadada la cordillera el Cotahuasi vuelve a amansarse para, kilómetros río abajo, transformarse en río Ocoña y botar al mar un caudal que debió drenar hacia el Atlántico. Sobre una de las paredes de la formidable catarata se lanzaron los intrépidos rapeleros arequipeños la primera fecha del festival deportivo que organiza Posso para promover la región y fue todo un suceso. Como que también fueron muy interesantes los saltos que desde el puente Cuyau hicieran otros adrenalínicos invitados.

 

Los baños de Luichio tienen su gracia, divierten y aligeran de cansancio la mochila del viajero. Es un clásico de los cotahuasinos, pero a  mí me gustó más, muchísimo más, la campiña que se extiende entre Tomepampa y Alca, dos de los pueblos más interesantes (y de fácil acceso) aguas arriba del Cotahuasi. La plaza mayor de Tomepampa, poblada de cipreses y su iglesia levantada en sillar me fascinaron. En el departamento de Arequipa la Virgen de Chapi es la que convoca a todos los pueblos, en Tomepampa la Virgen del Rosario mantiene una altivez que dice mucho de los chacareros de esta parte del cañón. Veinte minutos después, insurge Alca, más grande y entusiasta. De Alca son los hermanos Loayza, eximios representantes de la música tradicional de estos pagos. Las canciones de los cotahuasinos son melodiosas, jaraneras y el rasgar de sus guitarras trasladan con propiedad los ecos que vienen de Ayacucho.

 

Alca tiene una inmensa plaza mayor cercada por cuatro imponentes cedros, en uno de ellos alguien ha construido un pintoresco altar que  habla mucho de la religiosidad de estos poblados detenidos en el tiempo. Un deleite para la  observación del forastero. Me quedo con estas postales del cañón de Cotahuasi, un abismo telúrico que ha permitido que en sus rincones más abrigados se levanten pueblos y campiñas maravillosas. En estos parajes la quiwicha ha sembrado raíces y los muros de las parcelas se construyen a pura piedra. En el reino de la piedra, el hombre ha sabido edificar un paisaje humano atrevido y hermoso.

 

Valió la pena ascender (¿ascender?) a las alturas de Arequipa para conocer Cotahuasi. Y ante la pregunta de rigor de Susana Menéndez, de PromPerú, sobre las posibilidades de Cotahuasi de cara al futuro turístico, solo me queda ensayar una respuesta contundente: sí, el regio Cañón de Cotahuasi, el más grande del mundo, es un producto válido y que debe seguir perfilándose. Por ello es muy importante la creación del circuito Majes-Valle de los Volcanes-Cotahuasi, un jardín en medio de las disputas de Vulcano y la veleidosa Gea y apoyar la visión de James Posso y sus amigos cotahuasinos. Están por buen camino.

Buen viaje…

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Publicado el septiembre 3, 2008 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. 2 comentarios.

  1. sienpre arriba cotahuasi por sus paijes y su turismo

  2. viva cotahuasix siempre con su nevado solimana y su linda catarata sipia y sus valles y quebradas con hermosos pueblos que yo recorria en mi infancia saludos para toda la union y amigos

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