53. En defensa de lo nuestro. De apropiaciones culturales y música popular, publicado el 31 de mayo de 2007

A Martha Giraldo, defensora de lo nuestro en Suasi…

 

(Canta) No conozco personalmente a Leo Casas, el quechuólogo y estudioso de la música andina pero sí sé de su trayectoria y obstinada militancia en las filas de los que defienden a ultranza la cultura andina. No he tenido la suerte de haber hablado con él pero, de vez en cuando, lo encuentro en algún blog temático o en los espacios para lo lectores de alguna combativa revista por Internet defendiendo su verdad, que no es otra que la de la autenticidad de lo que hemos convenido en llamar lo popular. Entonces lo leo y no dejo de aplaudir su postura, su acerado amor por lo nuestro.

 

 

En una página de Servindi, a propósito de los ataques racistas y discriminatorios a la congresista Hilaria Supa, un Leo Casas indignado y en extremo solidario le aconseja: “hable siempre en quechua, que los que no saben son ellos”. Se refería el músico, obviamente, al desconocimiento (y minusvaloración) que sufre la cultura andina y que sigue siendo –lamentablemente- el pan de cada día con que nos espeta el limeñocentrismo supérstite. La herencia colonial, como diría con propiedad el gran Manuelcha Prado, su compañero de andanzas y borracheras míticas. También me he topado con Leo Casas en alguna  campaña virtual por la revalorización de los nombres quechuas en un tiempo donde los patronímicos vienen de fuera y tienen la sonoridad de otros potpurríes: Maicols, Raymonds, Jenifers, Juniors. “Comencemos por reivindicar los nombres antiguos de nuestros pueblos y a los hijos e hijas que vengan después pongámosle Wayta, Qantu, Wayra, Amaru, Nina, Tamya, Kukuli, Mayu, Chaska, Taki…”, apostrofa el combativo traductor de una lengua que en la actualidad siguen utilizando diez millones de peruanos.

 

Pertenezco a una generación que empezó a valorar más lo de afuera que lo nativo. Y, desde que me hice maestro, no he hecho otra cosa que constatar que el hibridismo que define Leinhard y García Canclini en nuestro caso tiene más de pérdidas culturales que de necesarias apropiaciones. Es así. ¿Qué nos empecinamos en postular, entonces, cuando decimos que debemos preocuparnos por cuidar lo nuestro y respetar sus representaciones más conspicuas y aquellas en trance de desaparecer? Realmente no lo sé. Solamente puedo testimoniar que de vez en cuando me doy de bruces con espacios ganados a la inacción y en los que lo nuestro exuda bienestar y derrocha futuro.

 

Entonces, como muchos de ustedes, me regocijo soñando con otro paradigma nacional: el de la inclusión y el verdadero “todas las sangres”.  Y ese sentimiento de estar construyendo un nuevo escenario lo acabo de vivir nuevamente en la reunión de homenaje que un grupo de artistas amigos del maestro le tuvieron a bien realizar el 22 de mayo pasado. Leo Casas está enfermo y sufre las privaciones propias de quien no quiso hacer plata por dedicar su vida al trabajo intelectual y la defensa de un patrimonio cultural que sigue muriendo de inanición y abandono estatal. Pero para el estudioso de lo quechua en el Perú esos cabes no importan. Esa noche, la del Ayni Taqi a Leo Casas en la Derrama Magisterial, las guitarras de Ayacucho y la sierra sur central se agitaron más de la cuenta y los ríos invadieron con sus aguas cristalinas el recién inaugurado invierno limeño. Y don Leo se puso de pie con  dificultad para agradecer tanto cariño, justamente en el mes de la muerte de los músicos del grupo Néctar y de la Princesita Sally, cultores de un mismo rito y artistas como él, de lo popular.

 

Por el estrado de la Derrama fueron desfilando, para beneplácito de la audiencia, músicos de la nueva hornada y también los consagrados. Todos para saludar al Maestro y desagraviarlo justamente ahora que el Ministerio de Educación lo ha cesado en sus funciones. David Vega, de Cajatambo; Emilio Morillo y Julio Humala; el dúo Los Heraldos Negros (Francisco de la Cruz y Pepe Guardia); Jesús Palomino; Margot Palomino y su voz deliciosa; el maestro Jaime Guardia; el dúo José María Arguedas; Manuelcha Prado. También Rafael León, Federico García y el notable músico japonés Shin Sasakubo (el estudioso de la guitarra ayacuchana que viene haciendo pareja con Ellem Burhum). Notable velada, para el recuerdo.

 

¿Qué debemos hacer para que las melodías y todo el folclore de los andes del Perú no se pierdan y sigan siendo insumos básicos para la construcción de nuevos imaginarios, de nuevas propuestas? Sin duda, si nos atenemos a la lógica (moderna) del mercado para entenderlo como el todo que organiza las industrias culturales y las convierte en mercancía, es necesario alentar y consumir sus producciones. Generar la demanda que exige la reproducción de sus materiales (que son vastos y se están perdiendo) es la tarea de la hora actual. Es una cuestión de apropiaciones, obviamente también de apoyos estatales…pero sobre todo, ya lo dijimos, de hacer nuestro aquello que nos pertenece y nos distingue. Repitamos, a propósito de la música popular peruana, lo que como colectivo (y sin darnos mucha cuenta) construimos a propósito de la comida peruana. Tremendo ejemplo: la diversidad de la culinaria del Perú, al convertirse en una industria “cultural”, logró vivificarse y se diversificó. Ergo, se perpetuó una tradición cultivada en siglos de sincretismos para renovarse como nunca antes se había hecho. Una maravilla.

 

Si eso ocurre, el trabajo de años de Leo Casas no habrá sido en balde. Y en ese Perú que estamos construyendo habremos un espacio para que sigan vivos el charango mágico de Jaime Granda; la voz maravillosa de Margot Palomino; el huaico existencial del sajra Manuelcha Prado; los ecos urbanos de Johnny Orozco y Sara Barreto. Y tesos cantitos rodados donde se deleitan Shim Sasakubo, Ellem Burhum y los músicos que, como Mino Mele y Chevo Ballumbrosio, vienen buscando en los pliegues (y en la dermis) del país-orbe que somos, los trazos particulares de sus manifestaciones más notables para de esa manera poder maridarlos con los sonidos del mundo y universalizar lo peruano.

            Buen viaje…

 

Se crea en nueva Área de Conservación Regional

En la región Loreto se han juntado un grupo de técnicos e investigadores de primer nivel que vienen asesorando al Gobierno Regional en temas tan sensibles como el manejo del bosque y la creación de nuevas zonas de protección. Al nombre de Pepe Álvarez Alonso, colaborador del Grupo Viajeros y defensor de la intangibilidad de la Amazonía, habría que agregar el de Noam Shany, Patricia Luna y los amigos del Instituto de Investigaciones de la Amazonía Peruana, el imbatible IIAP. A ellos, sé que se suma de vez en cuando la experiencia de Gustavo Suárez y Pedro Solano. Qué bueno, si este grupo de apoyo se consolida, la obra que habrá de dejar el presidente regional de Loreto Ivan Vázquez va a ser histórica. Por lo pronto ya lograron detener los estropicios cometidos por malos funcionarios de Inrena y han impulsado también la reciente creación del Área de Conservación Regional Tamshiyacu-Tahuayo, la primera ACR de Loreto. Esperamos que lo mismo ocurra en la región San Martín y que la administración de César Villanueva logre frutos similares.                              

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Publicado el septiembre 3, 2008 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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