57. De paso por Cajamarca, publicado el 19 de noviembre de 2007

(Puruay) En Piura y Cajamarca los hoteleros han colocado todas sus baterías en el turismo corporativo…y les está yendo como nunca. Ocupabilidad plena durante los días de semana y relajo para todos los sábados y domingos. Los grandes hoteles se han convertido en centros de convenciones donde domina el hi fi y la calma que precede al cierre de las grandes transacciones. Empresarios de todo el mundo ocupan los habitáculos diseñados ex profeso y solo se habla de agroindustria, minería, etanol, TLC y la próxima cumbre de APEC. Así están las cosas por el norte norte donde las perspectivas de crecimiento para este nicho siguen siendo las mejores. Tanto que no encontré empresa hotelera que no esté pensando en crecer…

 

Por supuesto que hablo de los grandes consorcios, no de los pequeños emprendimientos que siguen soportando la crisis de un turismo, el nuestro, escandalosamente coyuntural y que sigue dependiendo de los esfuerzos de unos pocos y la voluntad (innovación debería decir) de los menos. Sin embargo, mientras algunos empresarios dedicados a lo corporativo siguen mirándose al ombligo, los hay que han entendido que es mejor combinar las propuestas y empezar a husmear en lo que hace mucho tiempo es una verdad de obligada pertinencia: el turismo corporativo (ese que mueve torrentes al compás de las citas de negocios y las reuniones de trabajo) debe anticiparse a uno mayor y mucho más sostenible, el de las familias que viajan y los visitantes que llegan de todos lados para gozar de las bellezas de los entornos donde se finiquitan los negocios mencionados.

 

En Baños del Inca, Puruay y en Granja Porcón, también en La Encañada y Sulluscocha, hablo de Cajamarca, el modelo existe y también genera prosélitos…y dividendos. En estos puntos del mapa rural cajamarquino se vienen construyendo modelos turísticos que tienen como objetivo generar desarrollo local sin renunciar a la personalidad de un paisaje vinculado desde siempre al descanso, la contemplación, la vida aldeana. ¿Quién ha dicho que el hombre de negocios solo sabe de letras o perfiles de inversión? Nada que ver,  es cuestión de invitarlo a salir del clóset para que pueda gozar de la dicha de volver a otros tiempos. Se puede.

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Publicado el septiembre 3, 2008 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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