4. Cuidar al turista es cuidar el turismo

 En nuestra edición anterior (ver nota de Juan Puelles) denunciamos con indignación dos crímenes alevosos, cometidos en el interior del país, en contra de viajeros en tránsito por el Perú. Hace unos días las noticias que llegaron de Cajatambo, y que fueron recogidas sólo por algunos medios de comunicación de Lima, anunciaban la captura de los malhechores y el esclarecimiento del caso. Se trataba de una banda criminal que había perpetrado el homicidio atraídos sus integrantes por las prendas de valor que portaban los caminantes.

 

Suceso trágico que jamás debió producirse, no solamente por lo que significa la pérdida de una vida, sino porque finalmente la imagen de nuestro país que se forma en el extranjero –precisamente una de las víctimas era un ciudadano estadounidense- con estas situaciones de violencia y muerte, se trastoca en mucho, determinando un descenso, cuando no una ostensible crisis, que se deja notar de inmediato en los flujos de turistas que los proveedores locales pugnan por atraer para impulsar definitivamente el desarrollo del sector. Y sobre estos descensos los peruanos, lamentablemente, tenemos más de mil historias qué contar.

 

¿Qué se debe hacer en estos casos?. La política que se está aplicando pareciera ser la de salir del problema, silenciando el suceso trágico, pensando más en las repercusiones inmediatas que los alevosos crímenes pudieran traer, que en las ulteriores consecuencias que sin duda produce una errática solución que minimiza –u oculta- los hechos y da pie a la impunidad. En otras palabras, mientras los sucesos criminales que comentamos no ganen el espacio que deben tener en la discusión periodística, las historias de hurtos a mansalva, violaciones y asesinatos se volverán a repetir.

 

Hay que crear una adecuada conciencia de protección al turista en todos los sectores donde éstos se movilizan. No se puede desprotegerlos, empujándolos, por ausencia de información o inadecuada penalización del delito, a las garras de los delincuentes y facinerosos de toda laya que viven a costa de quienes llegan al Perú atraídos por sus maravillas naturales y culturales. En otros países la atención que se les brinda es exagerada, tanto así que muchas veces los viajeros buscan evadir tal condición para poder interrelacionarse adecuadamente con los pueblos que visitan. Ese es un modelo, de pronto, extremo, pero nadie podrá decir que equivocado en este punto.

 

El crimen de Cajatambo no debe quedar impune; la policía nacional y el poder judicial deben actuar con celeridad para castigar a los responsables y crear un statu quo que castiga a quien delinque y da señales claras a los operadores turísticos del extranjero y a los gobiernos del mundo que la delincuencia en nuestro país existe, como en cualquier otro, pero la represión es inmediata y no tiene contemplaciones con nadie. El silencio y las medias tintas a nada bueno conducen… salvo a seguir viviendo en el reino del hampa y del crimen organizado.

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Publicado el septiembre 3, 2008 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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