47. Caral, doce años después

(Complejo arqueológico de Caral, valle de Supe, provincia de Barranca, Lima,30 de octubre de 2006) No fue muy feliz, debo decirlo, mi ingreso a Caral la semana previa a la celebración de su décimo segundo aniversario. Primero porque el camino desde Végueta no ofrece ningún tipo de señalización al visitante y, segundo, porque el hecho de haber llegado temprano al complejo, tratando de evitar de esa manera las colas y el cargamontón, no me sirvió de nada. Un tozudo trabajador del proyecto nos negó el pase aduciendo que debíamos esperar a que se forme un grupo para asignarnos un guía. Treinta minutos de espera fueron más que suficientes para poner a prueba nuestra paciencia. Al final, llegó Ruth Shady y el caos se convirtió en magia y todos, los quejosos y los que habían llegado en tropel, nos colocamos bajo su égida y empezamos a caminar por un sitio arqueológico que trasunta buen gusto, buen estado de conservación y, lo que es más alucinante todavía, buena gestión. Caral es, por lo mucho que se ha avanzado, ese modelo que nos hacía falta para mostrarle a todo el mundo que sí somos capaces de mantener nuestro patrimonio cultural al día de los avances de la museografía contemporánea y, sobre todo, al día también con el buen gusto.

 Caral es un museo vivo, un gabinete en movimiento perpetuo. O, si se quiere, una excavación que avanza a tiempo real, con decenas de trabajadores moviendo palas y azadones al ritmo que le imprimen los visitantes. Nada falta en el sitio arqueológico, ni ese sol inmenso que en el imaginario nos remite por lo general a los trabajos de Schliemann o al Indiana Jones en busca de los tesoros inalcanzables del Arca Perdida. En Caral el visitante es incapaz de perderse un solo detalle porque está seguro que en cualquier momento los hombres -y también las mujeres- de Ruth Shady van a gritar para anunciar el hallazgo definitivo del cementerio citadino que hasta ahora no aparece o los primeros trazos de los canales que debieron confluir en el gran reservorio hídrico que sació la sed de los que  construyeron la ciudad hace cinco mil años y que tampoco han podido encontrar los impulsores del proyecto.

 Todo nos remite a la acción, al trabajo disciplinado en aras del triunfo de la ciencia. Nada está entregado a la improvisación. Ni los baños que lucen espléndidos ni las tiendecillas que sirven para que las caralinas de hoy expendan potajes de la sabrosa culinaria regional de siempre. Tampoco disuenan los senderos que se han habilitado o los depósitos de basura o el discurso homogéneo de los guías que el proyecto ha capacitado. Es que la cultura, o la apropiación cultural, no deben estar reñidas con la comodidad. Los que creen que lo valioso de cualquier acercamiento cultural radica en la experiencia pura, sin máculas; vale decir, sin los detalles que nos permiten hacer volar la imaginación, confunden al visitante con el especialista (o el becario) que están allí por otras motivaciones. No necesariamente las que traen los que decidieron dejar el control remoto por un domingo y se aventuraron a salir de lo común para ingresar a un territorio mejor: el de la ficción. ¿Es mejor que exista en cada una de las dependencias del Estado un manual que sea capaz de decirle a sus burócratas cómo debe armarse un espacio cultural o lo apropiado es seguir dependiendo de la buena nota de un visionario –que los hay, eso también es cierto- dispuesto a sacrificar su talento en beneficio de un bien cultural común?.

Tiendo a creer que cada “resignificación” de un sitio histórico debe ser creación heroica, no directiva ministerial, tampoco mera repetición. Ha sucedido aquello, no me queda ninguna duda, en el Museo Tumbas Reales de Sipán, para mí, el mayor acierto museográfico  elaborado en nuestro país en el último tiempo. Sé que dicho modelo suscita suspicacias y que sus críticos más enconados han llegado a afirmar que la obra de Walter Alva ha pervertido el hallazgo del monarca lambayecano  convirtiéndolo en exultante recurso para el  marketing, algo así como una criatura de Walt Disney que devora nuestra identidad cultural. No me parece. En todo caso, milito abiertamente en la causa de la modernización de las experiencias culturales. O de su edificante vulgarización. Pienso que los consumidores, que son finalmente los que financian estos productos, están hartos (y de allí sus reticencias cada vez mayores a someterse al estrés de los museos o sitios arqueológicos) de las visitas intonsas, tan llenas de lugares comunes. No estoy de acuerdo con los manejos pre-perestroicos que vengo observando en infinidad de lugares bajo la custodia del INC. Lo he dicho en voz alta para el caso de Chavín y de esto ya han pasado dos años sin que todavía se observen los grandes cambios prometidos. Los defensores de este estaticismo cultural deberían tomar un curso de Caral (o de Sipán) y someter su aprendizaje al escrutinio del público, de esos miles de turistas que han empezado, gracias a la gestión de la Dra. Shady, a recorrer las provincias de Huacho y Supe, impulsando, cómo no, su desarrollo. O de ese otro público que supo convertir a Lambayeque en uno de los destinos turísticos más pujantes de todo el Perú. Fabuloso.

Ese es otro de los puntos a favor de la propuesta de la Dra. Shady. El Proyecto Especial Arqueológico Caral-Supe (PEACS), tiene entre sus objetivos contribuir al desarrollo socioeconómico de las poblaciones del distrito de Supe y la provincia limeña de Barranca; incentivando el turismo y otras actividades económicas. Ello implica necesariamente la recuperación del entorno natural, tan venido a menos en los últimos años. El proyecto viene trabajando en la recuperación de otros sitios arqueológicos como el de Chupacigarro y el de Miraya, precisamente este último acaba de ser presentado a la prensa el fin de semana que pasó en el marco de las celebraciones por el décimo segundo aniversario de Caral.  Conozco personalmente a la Dra. Ruth Shady y tengo un profundo aprecio por su trabajo arqueológico y sus altas dotes como gestora cultural. Si somos capaces, y en esto le toca jugar un rol importantísimo a la Dra. Cecilia Bákula, la recientemente nombra directora del INC, de repotenciar las experiencias exitosas que han empezado a germinar en  nuestro país y se les da a sus “gerentes” el apoyo –y el marco legal- necesarios, mucho habremos de avanzar en esto que los expertos denominan  “políticas culturales”.

      Buen viaje.

 

Madeinusa en el debate

Estoy totalmente de acuerdo con las críticas que hace Rafo León a Madeinusa, la película de Claudia Llosa, en Somos (y que reproducimos en Viajeros OnLine). Rafo no juzga el filme por su veracidad, porque, como él mismo se apura en aclarar, se trata, como todo acto creativo, de un ejercicio ficcional. La literatura y el cine, ya lo han dicho otros, suelen construir universos paralelos que toman las más de las veces situaciones de la realidad. Eso está claro. Nadie pretende cuestionar el acto creativo que la joven realizadora peruana ha ejercido con todo derecho. Lo que sí resulta revelador es su visión –tan común en Lima- sobre las fiestas populares y el mundo andino en general. Borrachos consuetudinarios, mentirosos por naturaleza, incestuosos y sumisos, los indios de la Llosa no se parecen en mucho a los que uno ve en plazas, caminos, festividades y villorrios del interior. Se trata de la reproducción de un estereotipo made in Lima (o made in Eisha, como dice con su acostumbrada sorna el creador de la China Tudela, ¿otro estereotipo?) peligroso en tiempos de revueltas indígenas en río Corrientes o en el Purus.

No niego el carácter inocente de la propuesta de Madeinusa, por cierto una de las películas peruanas que más premios ha recibido en los festivales de cine (independiente) donde suelen galardonar  nuestra filmografía. Sin embargo, cualquier espectador impactado por las idas de boca de ciertos grupos dominantes  a propósito de las últimas elecciones presidenciales, podría interpretar que el filme de marras es una pieza más de una ofensiva conservadora (y autoritaria) que intenta demostrar que sobre los 2500 metros de altura habitan las masas humanas embrutecidas capaces solamente de engendrar Ilaves…o botar por Humala. Esa es la visión madeineisha que denuncia Rafo León, yo también.

Diana Tamashiro dejó PromPerú

La salida de Diana Tamashiro, de PromPerú, ha causado profunda desazón en el sector turismo. La hasta hace unos días gerente de turismo interno de la entidad estatal demostró probidad y pasión, mucha pasión, en un cargo de suma importancia para el desarrollo de nuestro sector. Diana, no lo dudamos, retornará al sector privado y los peruanos habremos perdido a una funcionaria prolija, creativa y sumamente comprometida con las nuevas tendencias del turismo planetario y, sobre todo, con las comunidades de base. Estamos convencidos que su reemplazante en el cargo, la también dinámica Clelia Durant, sabrá continuar su tarea: finalmente detrás de ese trabajo supimos alinearnos todos. Buena suerte a ambas.

El sueño de Pichón en los Himalaya

El equipo de Perú 8 Mil pudo coronar exitosamente la ascensión al esquivo Shisha Pangma, la cumbre de 8014 metros que en el 2000 no pudieron derrotar. Se trata del triunfo más resonante del montañismo peruano en lo que va del año y en lo personal una revancha para Pichón Málaga, uno de los amigos más entrañables de Renzo Uccelli y compañero de ruta también de los hermanos De los Heros, todos ellos tempranamente desaparecidos. El Grupo Viajeros estuvo al lado de los muchachos  de esta primera expedición peruana en vencer un ocho mil y supo compartir con ellos la desazón que les dejó el poco apoyo económico recibido y las urgencias que tuvieron que superar –que fueron miles- para alcanzar el sueño. Es bueno que se mencione todo esto porque es importante entender que el proyecto de los Perú 8 Mil no se agota con este merecido triunfo sino que pretende seguir clavando la bicolor en otros techos del mundo, única manera de recuperar nuestra condición de país montañero y lleno de picos emblemático. Este y el triunfo en el Aconcagua de los guías de la escuela Don Bosco son las dos victorias más trascendentes del montañismo cholo en el 2006.

“Para hablar (seriamente) de Turismo”, segunda parte

El año pasado organizamos desde nuestra trinchera de lucha en la Universidad Antonio Ruiz de Montoya el conversatorio “Para hablar (seriamente) de turismo” que tuvo la virtud de reunir durante dos días a un grupo de periodistas viajeros con el público que se ha venido agrupando en lo que algunos venimos llamando turismo sostenible. Rafo León, Pocho Ochoa, Cecilia Raffo, Sonaly Tuesta, Karina Garay, Álvaro Rocha, Walter Wust fueron los invitados de ese evento y lo que se logró fue muy interesante: por primera vez los mencionados líderes de opinión cruzaban discursos personales con el fin de construir una agenda de trabajo compartida. ¡Vaya si no se ha avanzado en ponerla en ejecución!

Pues bien, el Diplomado de Turismo de la UARM, que por cierto me honro en dirigir, y la Asociación Peruana de Turismo de Aventura y Ecoturismo (APTAE), vienen dando los últimos toques a la segunda versión de esta singular “marca” académica. El “Para hablar (seriamente) de turismo”, versión 2006, reunirá este año a un grupo de empresarios peruanos del circuito norte y del sur del país para revisar lo que ha venido haciendo en materia de nuevos emprendimientos y buena gestión. Los invitados a la conversa son de primera: Juan Stoessel, Kurt Holle, Alfredo Ferreyros, John Herdin, Heinz Plenge, Lucho Vereau, Mario de Col, los comuneros de Tingana, Valentín Quispe; en fin, una constelación de buenas estrellas. La cita es el miércoles 22 y jueves 23 de noviembre en la universidad jesuita.

 

 

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Publicado el septiembre 3, 2008 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. 1 comentario.

  1. Guillermo Reaño

    Les dejo este notable artículo de Vargas Llosa sobre Caral y Ruth Shady, G
    http://www.elpais.com/articulo/opinion/Viaje/fuentes/elpepuopi/20110227elpepiopi_13/Tes

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