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78. Noticias desde la frontera norte

Noviembre 30, 2009

(Las Pocitas, Máncora, Piura) Empiezan a rugir los motores en Máncora, Vichayito, Órganos y Cabo Blanco. La temporada de verano está a un tris de empezar y pese a las admoniciones sobre Niños y lluvias fuertes para inicios del 2010, encontramos a la gente del extremo norte más  animosa que nunca.  El fin de semana que pasó nos tomamos unos días de relax en Las Pocitas, el célebre balneario-resort de Máncora que suele recibirnos cada tanto y nos sirve de inspiración y sosiego.

Algún día vamos a ocuparnos detenidamente del crecimiento turístico en el extremo norte de Piura, una región que venimos recorriendo desde hace mucho. Lo digo, entre otras cosas, porque en mis clases de la Ruiz de Montoya cuando menciono a Máncora y sus localidades anexas como buenos ejemplos de desarrollos turísticos, mis alumnos se alborotan y no lo pueden creer. Para ellos, como para el común de los mortales, Máncora es solo una ilusión, un campamento ocasional en medio de la nada. No le tienen fe; para todos Máncora acaso solo sea una versión menos alborotada de los balnearios limeños de Asia.

Por si acaso me estoy refiriendo a desarrollo turístico, no a desarrollo turístico sostenible. De eso, obviamente, no estoy hablando cuando menciono el boom turístico que se viene dando en el extremo norte de Piura desde fines de los ochenta, cuando la caleta de pescadores se convirtió en paradero surfer y nació Las Pocitas. Hoy, según lo que me acaba de contar el hijo de Harry Schuller, de hotel Punta Ballenas, en la zona debe haber más de trescientos cincuenta hoteles y alojamientos. Y en la zona también, en el 2010, comenzará a levantarse un Decameron y con ello se iniciará el tiempo de los all inclusive. Mismo Caribe.

No podemos, sea cual sea la intención, negar el despegue de un “distrito” turístico que dejó de ser emergente para convertirse en un territorio turístico con todas sus características consustanciales. El producto Máncora vive y en el extremo norte los excesos de su crecimiento no planificado se dejan ver por doquier. Lo acabo de conversar con Santiago Solari en su casa de Vichayito: en este extremo la ley de la selva pervive como en Guacamayo, Huayetúe y Delta Uno, los campamentos de minería informal que destruyen la selva de Madre de Dios. Por supuesto que exagero, Piura no es Madre de Dios. Pero en estos desiertos al borde del mar, donde se alza un bosque único y sumamente frágil, las historias de fechorías y atentados ambientales están a la orden del día.

Dos perlas, nada más. La plaga de moscas que ha empezado a golpear Máncora no tiene que ver con la inminencia de un Niño. Sucede que, a vista y paciencia de la autoridad municipal, los informales de la industria de pota secan su producción sobre la tierra baldía de un bosque que está allí para dar servicios ambientales de calidad a la gente y no servir de fábrica para quemar especies hidrobiológicas. Tampoco es coherente que una asociación de campesinos que nunca cultivó nada, se oponga a la concesión que se está pidiendo para crear un área de conservación privada que salvaguarde más de mil hectáreas de bosque primario y de la mejor calidad. Todo en aras del vil negocio: tener en propiedad unas tierras que de venderse a precio de turismo podría darle a sus propietarios más renta de la que ya obtuvieron rematando otros lotes.

¿Quién vigila los despropósitos y daños contra el futuro que perpetúan por igual ricos y pobres? En el extremo norte (Máncora por ponerle un nombre a este territorio entre Cabo Blanco y Punta Sal) ninguna institución u organización de la sociedad  civil, tampoco de la universidad peruano, ha llegado para imponer cordura. En estos parajes el que puede puede; aquí reina el capitalismo salvaje, las leyes del mercado omnipotente. Todo se desarrolla pensando en la rentabilidad inmediata y los negocios al borde de la carretera o al lado del mar aparecen y desaparecen dejando su estrepitosa huella  ambiental cuando no a una cohorte de nuevos ricos que empiezan a buscar “tierra fértil” para seguir ampliando sus inversiones.

En estos confines turísticos no existe el control social adecuado que ponga coto a tanta sinvergüencería. Y los bienes comunes se despilfarran, también las posibilidades de crecer ordenadamente. Hay que poner el ojo en este territorio exuberante donde han surgido asentamientos poblacionales tan importantes como Máncora o Los Órganos, ciudades pobladas de jóvenes con expectativas y deseos de mirar de otra manera el porvenir. O Máncora reconvierte su modelo de desarrollo o el polvorín social devorará su interesante vocación turística.  Es cuestión de tiempo, nada más.

Buen viaje…

77. Más de lo mismo. Bagua, otra historia de sangre y desconocimiento

Junio 7, 2009

(Villa, Lima). Estoy profundamente conmovido por lo que ha sucedido en Bagua. Me resigno a creerlo, todavía no doy fe a lo que leo en las webs de RPP, Andina, Viajeros. Repaso y repaso las fotos de La República y los gruesos titulares de casi toda la prensa escrita limeña y sigo en tinieblas. Lo de Bagua de tanto ser una tragedia anunciada se había convertido, al menos para mí, en una situación imposible, en algo que no podía ocurrir. Y se lo comenté a Antonio Brack en un Enfoque de los Sábados de hace un par de semanas, “ministro, le dije, evitemos otro Pómac, póngase a la cabeza del diálogo, confiamos en usted”. 

Crédito: dhperuCrédito: dhperu

Pero nada de eso pasó, digamos que la voluntad del gobierno estaba escrita desde el momento en que el secretario general del partido aprista anunció en La Hora N que no se podía reconocer el derecho indígena porque sino la dirigencia de ADEISEP iba a seguir impugnado el ideario del segundo alanismo en materia de explotación y uso de los recursos naturales. Y como aquello podía servir a los indígenas y con ello al cuco (Humala, CONACAMI, Cumbre de los Pueblos, CGTP, SUTEP, etc), que se active la mecedora y se estigmatice a los dirigentes de los grupos amazónicos en rebeldía. Total, solo son indios con lanzas y caras pintadas. Qué horror, qué vergüenza.

El general Custer llegó y venció. Copio la metáfora de García-Hierro, consecuente y mejor informado defensor de la causa indígena que, por cierto, es también la causa en favor del medio ambiente y el futuro. Eso debe quedar claro y al margen de la intención de los que se colaron en la demanda para ganar agua para sus molinos. Que son muchos y fácilmente reconocibles. Más allá de los paracaidistas, la insurgencia amazónica cuestionaba –y cuestiona- lo que todos venimos pensando y pocos diciéndolo a viva voz: la destrucción del territorio amazónico en aras de un progreso esquizofrénico que solamente le hace favores al consumismo universal, que en su versión chola significa más super inversiones en infraestructura para los ricos, es una mentira. Una tremenda farsa. Otra más. Cómplice los medios de comunicación tradicionales y la clase política enquistada en el congreso y los demás órganos de gobierno. Cómplices los que siguen creyendo que los indígenas amazónicos se quedarán tranquilos con la derogatoria de los decretos infames y regresaran a casa a seguir aguantando el genocidio histórico.

Conozco Bagua, una copia fiel de Macondo; cuando la visité me sorprendió su fealdad, su condición de capital del fin del mundo. Lo comenté con mi hijo, entonces un jovencito de doce años que no entendía el porqué de las adolescentes de su edad cargando a sus hijos en la espalda. Nos conmovió Bagua Grande y la violencia contenida en sus calles repletas de mototaxistas gritando cualquier cosa y su mercado cercado por ladronzuelos de ocho años de edad y putas de un poco más.

Bagua, la ciudad que exhibía un cartel municipal de antología: “ciudadanos, cuidemos al turista, el turismo es el futuro”, se hará conocida por esta tragedia y miles de artículos se escribirán para describir el horror. Como meses atrás sucedió con Pómac. ¿Quién se acuerda hoy de los muertos de aquel episodio? Nadie y lo curioso es que los mismos ministros que no supieron qué decir entonces son los que declaran a la prensa despropósitos como los que he escuchado esta mañana a la ministra de Justicia que sigue creyendo que atrapando a Pizango se acabará la grita indígena.

Crédito: dhperu

Crédito: dhperu

No es hora de buscar responsables inmediatos; es momento de abrirle paso a la Defensoría del Pueblo o la Iglesia Católica, las dos instituciones que con más comprensión del fenómeno se han manifestado públicamente sobre esta coyuntura tan difícil. Que no se nos diga que el salvajismo de los nativos fue el detonante de la explosión. Ni que fue la policía la culpable. Los responsables no usan plumas, se mueven en las ciudades resguardados por autos de la policía, la misma que fue enviada al matadero para justificar la barbarie de los indígenas amazónicos. Custer vive en Lima y es experto en zafarranchos de combate y otras mañas.

Buen viaje…

De mis cuadernos de campo

Bagua, lunes 28 de julio de 2003

“Estoy en Bagua después de tremendas peripecias. Anoche, antes de llegar a Bagua, cruzamos el Marañón a la altura de Corral Quemado, el cruce que representó durante siglos el más difícil escollo que tuvieron que afrontar los intrépidos para trasmontar la en su camino a la selva. En la actualidad la exultante floresta que debió existir en estas soledades es solamente una mueca triste que nos habla de una depredación total. Nada refleja la naturaleza de antaño”

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“Nos instalamos en un hotel de poca monta y salimos a recorrer una ciudad tomada por las masas: Calcuta. Nunca había visto un poblado tan tugurizado. El gentío no tiene comparación con nada que haya visto antes. Y debo decirlo, aunque suene mal: cuanta fealdad en las fachas de los que recorren las calles y avenidas de Bagua Grande”.

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“Bagua representa una buena introducción sociológica sobre la Amazonía peruana”.

76. Conchucos, las OGD y el turismo nacional

Abril 27, 2009

(Hotel Konchucos Tambo, San Marcos, Áncash). Tranquilo Pino, las OGDs no han sido copadas por esa Hidra que intenta pergeñar “uno más de sus ingeniosos relanzamientos para doblarnos las manos desde las estructuras mismas de nuestros estados” como lo manifiestas -con la franqueza de siempre- en un comentario a un artículo mío publicado en esta misma columna. O blog. Tranquilo, el monstruo del Norte no siempre logra embutirse todo lo que se quiere comer con tanto afán.

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Y lo digo desde el convencimiento de quien viaja y viaja intentando encontrar las claves que nos permitan enderezar el rumbo de un país que no quiere seguir siendo una chacra. O un páramo. O una fogata, siempre siguiendo la clarísima advertencia de Basadre. No creo ser un escriba despistado o un festejante de sucesos nimios. Las Organizaciones de Gestión del Destino (OGD) –o los Entes de Gestión de Destino (EGD), en la terminología del PENTUR- son, o deberían ser, a mi juicio, las instancias de gestión que se articulan, desde la sociedad civil y los gobiernos locales, en los territorios donde se ubican nuestros destinos turísticos más importantes para, precisamente, manejar, organizar, gestionar dichos espacios. No hay otra forma de entender el buen gobierno. O para decirlo utilizando conceptos propios de la conservación, para crear gobernanza.

 

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A pesar de no tener muchos ejemplos para demostrar lo que digo, sigo creyendo en que necesitamos forjar una institucionalidad fuerte, vigorosa, que responda al interés de crear una visión de desarrollo compartida que pueda colocarse al inicio de cada emprendimiento. No creo en el poder omnímodo del Estado, tampoco en la magia del capital individual. Creo en el ensamble de pareceres, en la gestión unitaria. En el caminar buscando consensos. En la democracia forjada por los ciudadanos y no por los mesianismos de las ONG, el Estado regalón o el dinero de las grandes transnacionales. Y qué mejor posibilidad de armar el rompecabezas que tenemos los peruanos por delante, que convocando, ya que hablamos de turismo, a todos los actores de un territorio para ir construyendo esta especie de comité de gestión que hemos tenido a bien llamar OGD.

 

He recorrido durante varios días el callejón de Conchucos y sus alrededores, de la mano, lo he dicho en otra columna, de dos buenos funcionarios de un proyecto de desarrollo en la zona que está impulsando la creación de una OGD en el callejón de Conchucos. Y veo claro que su búsqueda es importante. En Conchucos se da la paradoja de que en materia de turismo todos –o casi todos- se han mojado, en algún momento. Todos menos el Estado. Los pobladores locales hace mucho que esperan los beneficios de la actividad y no sentaditos, como se pudiera creer; muchos de ellos se han capacitado, han asistido a talleres, a pasantías y, lo más importante, vienen invirtiendo de lo poco que tienen mucho dinero en hotelitos, albergues, alojamientos. Igual los gobiernos locales y la Asociación Áncash, la institución que canaliza la inversión social de la minera Antamina. Se ha convocado a algunas instituciones foráneas para que depositen algo de su expertice en la zona y vaya si han hecho. En Conchucos se ha levantado un Museo que no tiene nada que envidiar a los encumbrados museos de Lambayeque y se acaba de lanzar el Chavín de Noche, la visita nocturna al complejo arqueológico más valioso del norte peruano.

 

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Con humanas desigualdades, todos se han puesto las pilas y a pesar de ello el negocio, el negocio turístico, no despega y no logra despuntar como todos quisieran. ¿Qué está faltando? Se lo dije a Dora Camino y Alejandro Solís, mis dos compañeros de ruta durante el viaje por el callejón, mientras no haya dirección el progreso tendrá sus bemoles. De allí la importancia de una OGD, de un comité de gestión. Es indudable, lo he comentado en un artículo anterior, que las OGD tienen que trasladar el conocimiento que hemos ido adquiriendo como colectivo a todos sus miembros. Eso es lo que me quedó claro de mi participación en el taller sobre la OGD Puno el año pasado. Pero también deben ejercer liderazgo. Y en una coyuntura (política y social)  tan compleja como la de Conchucos este liderazgo debe ejercerse con autoridad y firmeza. En estos valles tan prósperos se juega la vida el turismo del que venimos hablando. La promesa que se ha lanzado a los pueblos del callejón empieza a pasar factura en tiempos de crisis para la minería, que era, pese a quien le pese, el sector económico que más renta generaba.

 

Liderazgo, sobre todo, para exigirle al Estado central y también al regional y al provincial, que pongan su parte y construyan de una vez la carretera que el callejón –desde Yanama hasta Chavín y desde allí a Cátac, en el callejón de Huaylas- necesita para generar desarrollo. Un producto turístico sin conectividad apropiada no llega a cuajar del todo o se desgasta muy rápido. Lo podemos afirmar después de cinco años de trabajo académico en una universidad limeña y varios lustros de observar la realidad turística nacional.

 

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Lo vuelvo a mencionar: en Conchucos todos se han mojado, o casi todos. Salvo, en la proporción que se necesita, el burocratismo estatal. Ese refugio donde los reyezuelos locales hacen lo que quieren, gobiernan sin opinión pública. O al menos sin ciudadanía atenta y entonces prospera el despilfarro del billete de todos, que en estos territorios se suele gastar en palacios municipales y otras cojudeces. Por eso, querido Pino, considero que hay que dejar los temores de lado y asegurar que se articule, a partir de las OGD que vayamos creando, la resistencia cívica. Qué importa que en este juego se utilicen dineros de afuera. Hay que promover la construcción de una superestructura que permita el crecimiento orgánico de cada uno de los actores comprometidos en el hecho turístico, desde los que conforman el núcleo empresarial privado hasta el propio Estado. Todos los actores, las comunidades vinculadas al turismo, las ONGs que trabajan en el campo, la Iglesia, que tanto hace en algunas regiones para crear desarrollo, las universidades, los institutos técnicos. Todos.

 

 

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Si cada territorio turístico estuviera gobernado por su propia gente y que todo el mundo tuviese claro el papel que le toca jugar, como ciudadanos y organizaciones de un país que necesita crecer –sobre todo económicamente hablando- para poder torcerle el pescuezo a la pobreza extrema, otro sería el cantar. Tendríamos productos turísticos afinados por el consenso y la planificación, coherencia en la búsqueda de un objetivo común y desarrollo de verdad. Y eso solo se encuentra si es que nos juntamos de verdad y derrotamos de una vez al “sálvense quien pueda”, ese malsano grito de guerra que siempre sucede al miedo y que en nuestras llactas reemplazó hace mucho a ese ideal comunitario del que nos hablan los libros de historia del Perú. Por eso pienso que las OGD pueden convertirse en ese refugio de gobernanza que debemos encontrar en cada ayllu (imaginario) del país que soñamos. Saludos, Pino, desde Lima y empaca maletas para reencontrarnos en Tinajones.

75. En Barranco, luces…en Quebrada Verde, tinieblas

Febrero 9, 2009

(Titilaca, península de Chucuito, Puno) Estuve en la marcha que los vecinos de Barranco llevaron a cabo el miércoles pasado para denunciar el maltrato que vienen recibiendo desde hace meses de sus autoridades edilicias, responsables como son de la destrucción de las principales calles y avenidas del tradicional distrito sureño, dizque para la ejecución del megaproyecto del Metropolitano. Barranco ya no es más el espaciado rincón para la bohemia y el pasear; hasta hace unos días, solo por mencionar una de las tantas perlas del carnaval de su alcalde, transitaban por la avenida San Martín 837 vehículos de transporte público por hora y, al decir del especialista Jorge Ruiz Huidobro, ocho mil automóviles cada sesenta minutos, que se duplican los fines de semana, atraviesan un distrito histórico que por sus características debería tener un plan de transporte compatible y amigable con su condición, reconocida por propios y extraños, de distrito monumental, arquetípico.

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Nada de eso se hizo, como me lo comentó en su momento Adriana León, una de las impulsoras del movimiento cívico Salvemos Barranco, espontánea movilización que logró convocar a miles de barranquinos, hartos todos del desatino, la improvisación y la falta de respeto edilicia, quienes lograron que el municipio de Lima volviera a brir la avenida Bolognesi comprometiéndose además a dar solución a los problemas señalados. Para Adriana, el alcalde Mezarina sucumbió hace buen tiempo a los buenos deseos del burgomaestre limeño, quien contra viento y marea viene impulsando la ejecución del llamado Corredor Segregado de Alta Capacidad, el tristemente célebre Metropolitano. No estamos en contra de las obras públicas que pongan coto de una vez el desorden del transporte de Lima; por el contrario, qué vivan la modernidad y la lucha contra la informalidad de quienes manejan buses, combis, caldinas y mototaxis.

El tema es otro. Tanto en las ciudades del interior como en el campo y, en la congestionada Lima también, debe prevalecer el respeto al ciudadano común. Ergo, los proyectos edilicios (o de cualquier otra índole) deben ser consultados a la gente; tienen que ser, sobre todas las cosas, un ejercicio básico de democracia donde la información relevante, de calidad, sobre el proyecto en cada una de sus partes, está puesta sobre la mesa de los contribuyentes directamente afectados/beneficiados por la obra en ciernes. Así de sencillo, los barranquinos y este servidor solo le pedimos eso al alcalde. De igual manera, piden lo mismo los comuneros de Majaz o los de Quispicanchi. El triunfo de Salvemos Barranco demuestra que cada vez queda menos espacio para el caballazo y el “arrímate nomás”. Eso parece no haberlo entendido Castañeda Lossio y Mezarina Tong.

En fin, los convocados por el colectivo Salvemos Barranco, liderado por exalumnos del colegio Los Reyes Rojos (en primera fila puede ver, orgulloso, a Paloma Duarte, Adriana León, Andrea Lértora, Pepa Duarte, Elisa Canziani), exigen ahora la inmediata implementación de una mesa de diálogo vecinal que garantice la aprobación de un estudio de impacto ambiental serio y, también, la reformulación ¡ya¡ del proyecto de marras. Quieren salvar a Barranco de la destrucción, postulan, al igual que los muchachos del movimiento Barrio, algo muy sencillo: calles ganadas para la convivencia ciudadana y el disfrute. Nada más.

Lo mismo exigen los jóvenes del Centro Poblado Rural Quebrada Verde quienes desde hace varios días duermen en las lomas de su jurisdicción atentos a cualquier nuevo atentado de los obreros de Cemento Lima. Como se sabe, un día después del éxito ciudadano en Barranco, un piquete de trabajadores de la cuestionada compañía cementera, inició, sin consulta alguna, la construcción de una zanja que ha puesto en riesgo la salud de las lomas de Lúcumo, allí donde se venía gestando, desde mediados de los noventa, el más interesante proyecto de turismo sostenible que tenemos para mostrar los habitantes de Lima. El Circuito Ecoturístico Lomas de Lúcumo-Quebrada Verde, inaugurado en el 2003, recibe a miles de turistas cada año, los que con su presencia permiten sostener las economías de un grupo de familias que han visto en el cuidado del ecosistema donde viven una opción de trabajo digna y sumamente ejemplar.

La respuesta a tan brutal atropello no se ha hecho esperar. Piquetes de alumnos de la Universidad Nacional Agraria han prometido mudarse a las lomas para defenderlas de la arbitrariedad y por Internet se ha iniciado una cruzada cívica que crece conforme pasan las horas. Voceros de Cementos Lima, han manisfetado su extrañeza por las obras y han prometido explicaciones. De verdad las esperamos, en Barranco o en Pachacamac, necesitamos autoridades que se pongan al servicio de sus electores, no cacasenos que le tienen miedo al progreso y creen que la razón está siempre del lado de los poderosos. El país ha cambiado, los jóvenes, principalmente, se aferran en creer en el futuro. Y ese es el gran cambio que estábamos esperando…a pesar de los nubarrones que de vez en cuando nos afligen tanto.

74. Sobre héroes y tumbas: el caso Pómac

Enero 23, 2009

(Villa, Lima) Para nadie era un secreto que en Pómac se venía cocinando un menjunje peligroso, explosivo, difícil de manejar. En VOL, por lo menos desde mediados del 2005, hemos venido informando a nuestros lectotres a través de Enrique Angulo, conocido periodista ambiental que con paciencia de santo no se cansó de llamar la atención sobre lo que se estaba jugando en el contencioso entre el Estado, representado por la fiscal del turno y los invasores del ahora célebre bosque lambayecano. Para los que nos siguen y para todos aquellos que suelen espectar el devenir de los sucesos ambientales por medios como El Comercio y La República, por citar solo dos casos de diarios muy sintonizados con el problema originado por los invasores en el Santuario Histórico, el tema venía de lejos, quizás desde el 2001 cuando se inició la incursión que nos toca lamentar.

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No se trataba, por tanto, de un asunto nuevo o de una noticia de connotaciones imprevisibles. Para nada. Lo ocurrido en Pómac, más bien, olía/sabía a lo mismo que venimos observando en otras áreas naturales protegidas. Un Estado débil para ejercer la ley, una población mal informada que no se toma ninguna molestia al momento de invadir zonas que considera abandonadas o de nadie. Una policía al garete. Idem que en Puerto Maldonado o en Aguas Calientes, digamos.

Por eso hubiera sido maravilloso enterarnos que el desalojo de los invasores en Pómac se produjo sin muertos de ningún lado. Como en Santa Anita, el año pasado. Lamentablemente dos humildes policías murieron y eso, más allá del paso adelante que significa haber recuperado legalmente tierras ocupadas por la fuerza, le resta méritos al esfuerzo. Sé que el movimiento conservacionista comentará en positivo lo avanzado y que la clase política volverá sobre el tema de los derechos humanos y todo lo demás. Alguien le pedirá explicaciones al ministro del Interior y otros más le exigirán que renuncie. Y punto.

Ojalá, por el bien de la institucionalidad ambiental que venimos construyendo, que la reflexión nos lleve -también- por otros caminos. Me sigue resultando inadmisible haber constatado que un día antes de la acción policial en Pómac, la sociedad civil, representada por el Comité de Gestión del propio bosque, se tuviese que reunir para convocar a una “chanchita” que le de solución al problema de alimentar y dar de beber a mil quinientos efectivos policiales trasladados a Lambayeque para el operativo de desaolojo. Increíble. Esta bien que estemos a favor de la división de poderes y que los mandatos judiciales deban cumplirse por el peso mismo de la ley. Pero ¿y la coordinación entre el Ejecutivo y el Poder Judicial?. ¿No se había dicho que un ministerio del Ambiente nos iba a permitir una representación eficiente en el Consejo de Ministros?. ¿Quién debió exigir, al más alto nivel del Estado, un acompañamiento firme a la decisión judicial de erradicar de invasores Pómac, evitando al mismo tiempo que ocurran muertes y otros desenlaces?.

Aunque voy a discrepar con Antonio Brack pienso que a él le cupo una acción más decidida. Debió nuestro ministro del Ambiente presionar para que el mandamás del Interior y el propio Yehude Simon, que de esto estaba más enterado que cualquiera, le dieran garantías sobre el éxito de la acción policial. O por lo menos le aseguraran compañía, con vituallas y cercanías, al contingente de policías que fue mandado al matadero. Vuelvo a decirlo, como en Santa Anita, donde la defensa de los terrenos invadidos también rayaba en lo delincuencial y era evidente un choque armado.

No fue así. Y por eso no tenemos muchos motivos para celebrar. En todo caso, fue una victoria pírrica. Sigo creyendo que la vida de un ser humano (y en este caso fueron dos) vale más que cualquier acción que precie de ser justa y necesaria. El fin no justifica los medios. En Pómac pecamos de ingenuos, o de despistados. El ministerio del Ambiente que estamos construyendo, sepámoslo de una vez, no solo debe ser entendido como un ente técnico, regulador, que de confianza. Es, ante todo, un espacio de definiciones políticas. Y la política se mide en resultados y en Pómac murieron dos inocentes. Qué lamentable.

73. Las OGDs en el debate, publicado el 6 de octubre de 2008

Octubre 6, 2008

Chucuito, Puno) En Puno el sol brilla todo el día, la gente sigue bailando y el lago espera -quietecito- mejores tiempos. No se lo habíamos comentado, pero hace unos días llegamos a la capital del Titicaca apuraditos para integrarnos a una de las mesas de trabajo del Taller de Pares “Peer Review” que durante toda una semana revisó los avances del Proyecto “Subprograma de Fomento de un Turismo Responsable en la Macro Región Sur del Perú, segunda fase”, iniciativa que financia la Secretaría de Estado de Economía de Suiza (SECO) y ejecuta Swisscontact. En nuestro país, todos lo sabemos, la cooperación internacional hace buen tiempo que le ha puesto el ojo al turismo debido a las fortalezas que tiene para convertirse en una de las herramientas más sólidas que tenemos para enfrentar con mejores ímpetus a la pobreza extrema y todas sus exclusiones.

 

Apenas instalados en el salón de reuniones del Hotel Taykipala Lago, nos topamos con viejos conocidos en estas lides. Se trataba, lo vamos diciendo, de una reunión técnica, muy exigente, para evaluar lo caminado en la constitución de las Organizaciones de Gestión de Destino (OGD) del llamado circuito del macro sur peruano. Lieve Coppin, estaba allí en nombre de la GTZ alemana; Sandra Doig, en representación del Servicio Holandés de Cooperación al Desarrollo (SNV); Verónica Noriega por el FONCHIP (Fondo de Cooperación Hispano-Peruano), nuestra querida Marta Giraldo representando al Gestur, Jocelyn Ostolaza y Anna Tan, del equipo de SECO. Por el lado del Estado, Liz Chirinos, de MINCETUR y María del Sol Velásquez, de Prom Perú. De Bolivia Jazmín Antonio, directora de la OGD Puno-Beni y del lado de Swiss Contact, Cecilia Rivera, Mario Ortiz de Zevallos y María Antonieta Yanque.

Seguramente me olvido de alguno, son cosas que pasan. Lo importante, lo volvemos a recalcar, es valorar el esfuerzo de la cooperación extranjera por promover desarrollo y desarrollo de calidad. El turismo en el sur andino peruano y en la costa centromeridional (Ica y Arequipa principalmente) hace tiempo que camina y lo hace a buen paso; sin embargo, los beneficios socioeconómicos de la actividad aún no son del todo visibles y la espera, como siempre, desespera. Esa es una de las tantas razones para que la cooperación suiza entró a tallar con una propuesta que tiene a las Organizaciones de Gestión de Destino (OGD) como fundamento principal del trabajo…

Una Organización de Gestión de Destino (OGD) es una organización sin fines de lucro que agrupa a los diferentes actores de un determinado territorio turístico, tanto públicos como privados, para crear una visión compartida del desarrollo, y desde allí gestionar en conjunto la mayor cantidad de políticas que se puedan consensuar. No es un gremio, sí, tal vez una mesa de concertación cuyas patas se ven fortalecidas por la conjunción de los intereses de los empresarios y demás actores privados (gremios, instituciones académicas, MYPES, etc.) con el sector público a través de sus diversas esferas: locales, regionales y nacionales.

Suena bien, ¿no?. Desde el 2003, la cooperación suiza viene confiando en el modelo. En un primer momento intentó crear una macro OGD en el circuito turístico del sur, luego enfiló sus baterías en la tarea de fortalecer OGDs regionales en Apurímac, Arequipa, Cusco, Moquegua, Tacna, Puno y Madre de Dios. Proyecto ambicioso que en la actualidad lidera Swisscontact, una organización suiza que trabaja desde 1966 en el Perú y que ha confiado la responsabilidad de dirigir la tarea en Mario Ortiz de Zevallos, experimentado hombre de turismo sureño con quien mantenemos una cariñosa amistad. Mario desde hace casi treinta años viene batallando por el crecimiento del turismo en el sur peruano y su conversión en una actividad que genere desarrollo entre los más pobres y combata las exclusiones sociales.

El modelo de las OGDs que se quiere desarrollar no encaja con la pauta que desde las regiones y el gobierno central se tiene de la actividad turística, algunas veces anclada en las Direcciones Regionales de Comercio Exterior y Turismo (DIRCETURs), otras en los Consejos Regionales de Turismo. Tampoco en la lógica de los gremios empresariales, agobiados como están debido a la crisis de representatividad en la que están inmersos las asociaciones de todo tipo en el Perú. Así las cosas, las OGDs que se han activado principalmente en Arequipa, Cusco, Puno, Moquegua y Tacna han colisionado, más allá de la buena voluntad de sus directivos, con el establishment local, reacio a aceptar soluciones audaces como las de convocar a las partes para desarrollar democracia y participación en el turismo más casero.

Y de eso hablamos mucho los participantes en el evento puneño. Sobre todo Lieve Coppin y Martha Giraldo, gente de turismo y de larga data. Para Lieve las OGDs tienen un encargo mayor todavía: generar conocimiento que logre convertirse en beneficioso para sus propios miembros; en especial para aquellos actores que llegaron con ilusión al sector y que van perdiendo energías debido a las complejidades propias de una actividad que cada vez se tecnifica más y se hace tremendamente compleja. Lieve Coppin fue la encargada de presentar al pleno las apreciaciones del grupo que visitó Amantaní y lo que dijo habría que apuntarlo: se debe definir de mejor manera el papel de las comunidades en las OGDs y seguir incentivando en las áreas rurales las demás actividades productivas.

Pienso como ella. Para que el turismo que soñamos cuaje, deberíamos ser capaces de garantizar OGDs que incluyan a las comunidades de base (a sus líderes más conspicuos, a sus asociaciones con mayor liderazgo) como actores con derecho a voz y voto, no solamente como piezas del decorado. Algo más todavía: para que las OGDs vuelen alto, se deberían sumar las universidades; vale decir. el mundo académico. Sino se suman a la causa las universidades y/o las instituciones académicas que batallan dentro del sector, las OGDs corren el riesgo de convertirse en gremios que agrupan a los interesados en seguir viendo una parte del problema, seguramente la que les conviene mejorar para seguir obteniendo regalías.

Por eso es que nos quedamos con los avances de la OGD Tur Tacna, que entre sus tantos logros está el haber creado una página web concertada (www.turismotacna.com) además de la gestión del Circuito Turístico Santa María-Tarata-Candarave, el Hotel Municipal Apu Komayte, el plan de manejo sostenible de los Humedales de Ite, entre otras acciones.

En conclusión un taller muy productivo que sirvió para darle al tema de las OGDs una nueva lectura. Digamos que en nuestro país en asuntos de mesas de concertación y trabajo en común, es necesario hilar fino, definir mejor la ruta. ¿Siguen siendo válidas las OGD en un escenario tan cambiante como el peruano? Claro que sí, generar clusters turísticos y gestionar desde sus bases la tarea turística es consustancial a la misión que nos hemos propuesto de generar turismo sostenible. Hay que seguir dándole fuerte al concepto, aclarar las dudas de nacimiento y tener claro que no estamos en La Paz (donde la OGD La Paz-Beni parece caminar bien), tampoco en Europa. Creación heroica, que le dicen. Nada más.

 

72. De paso por el Museo Nacional de Chavín, publicado el 21 de setiembre de 2008

Septiembre 22, 2008

Me quedo con la sonrisa enorme de Yuliana Trejo Rodríguez, natural de Huántar y graduada hace poco en turismo por un instituto de Huaraz. Ella fue quien nos guió por cada una de las siete salas del recientemente inaugurado Museo Nacional de Chavín y la encargada también de relatarnos, con lujo de detalles, los pormenores del descubrimiento de los pututos que John Rick y su equipo de la Universidad de Stanford hallaron en las inmediaciones de la plaza circular en el maravilloso Castillo Chavín. Yuliana tiene veinte años y muchas ganas de recorrer el mundo. Y como tantos en Conchucos, cree fehacientemente que el turismo traerá desarrollo para su pueblo.

Las diecinueve caracolas de Strombus galeatus que Rick encontró en el 2001 confirman lo que la mayoría de estudiosos de la civilización Chavín suele mencionar sobre este pueblo que rindió culto a dioses feroces y dominantes: el uso de las huayllaquepas o trompetas confeccionadas con estos moluscos en rituales y sacrificios sirvió tanto como las cabezas clavas y otros artificios para la creación de una escenografía estremecedora que permitió la consolidación de un modelo de desarrollo social que pervivió en nuestro territorio durante miles de años.

Es evidente, estimado lector, que no todo está dicho sobre esta civilización que utilizó como ninguna otra la piedra para dejarnos el testimonio del segundo andar de la cultura peruana. Las investigaciones que viene realizando el equipo de Stanford y los trabajos de campo de los especialistas del INC habrán de depararnos nuevas sorpresas. “Cuando se ingresa al templo de Chavín, se tiene la sensación de entrar en un mausoleo lleno de fantasmas feroces”, señala Lumbreras en su clásico libro Los Orígenes de la Civilización en el Perú. Cuando se ingresa al Museo Nacional de Chavín, moderno gabinete que agrupa lo mejor de la dispersa producción lítica de una civilización que impuso condiciones en las alturas de los andes centrales y que ha sido levantado a pocos metros de la actual localidad de Chavín gracias al esfuerzo de la cooperación internacional, la empresa privada y el Estado, se siente reverencia y ganas de recorrer de nuevo cada rincón del fastuoso templo al pie del río Mosna, en el callejón de Conchucos.

Una nueva historia

Para mi es claro que los monumentos y demás vestigios del pasado por sí solos no lograránn generar la fascinación que en la actualidad despiertan museos de sitio como los de Sicán o Túcume, en el norte peruano. No son las piedras las que producen la admiración de los visitantes en Raqchi o en Ollantaytambo: son las historias que se cuentan alrededor de ellas las que terminan por sorprender al viajero y lo introducen en la vida cotidiana de las civilizaciones que vinieron a conocer. En Tumbas Reales de Sipán o en el museo de Leimebamba, el relato bien logrado es lo que importa, no la aglomeración de información o la simple exhibición de piezas en medio de la penumbra de un museo cualquiera.

Viajar hasta Chavín por un camino que arredra a cualquiera para introducirse entre los laberintos del templo del mismo nombre, lo he comentado más de una vez, no garantizaba el éxito de una visita arqueológica a la capital de los hombres que sucumbieron a Dioses tan particulares. El gasto de energía y la altura, el sol quemando en todo momento y la poca información confiable que se le daba al visitante, jugaban en contra de una visita que solía terminar en un gesto de desencanto. “Mejor quedarse en el Callejón de Huaylas y hacer lo de siempre: Llanganuco, Pastoruri y un poco de compras”, era la conclusión para los que se animaban a desafiar la ruta por el Callejón de Conchucos.

Felizmente los tiempos son otros y a pesar de que la carretera sigue siendo un estorbo y el sol continúa maltratando los sentidos, el Castillo de Chavín luce renovado. La Asociación Ancash, verdadero dínamo regional, ha invertido buen gusto y algo de dinero en iluminar el sitio para posibilitar lo que hasta hace unos meses era tan solo sueño reprimido, la visita nocturna al laberinto Chavín. Formidable: con Rafael Aguilar, funcionario de la mencionada institución, recorrí las plazas principales del adoratorio más importante de los andes centrales y caí sucumbido al sortilegio que envuelve a estas piedras cinceladas por una raza que supo engatusar a miles de campesinos de medio Perú actual con sus promesas y amenazas divinas.

La reja de fierro que protegía el ingreso a la habitación donde descansa el Lanzón Monolítico ha sido remplazada por una de vidrio, más amigable y provocativa. Los carteles de espanto que decoraban la visita también fueron retirados y en su lugar se han puesto paneles mejor definidos y con información más a la mano. ¿Es posible mejorar aún más la experiencia Chavín, en Chavín de Huántar y alrededores? Claro que sí, la voluntad de la población de Conchucos parece indicarnos que han entendido que es menester agrupar voluntades para brindarle al visitante una estadía más cordial y prolongada.

El Museo Nacional de Chavín, una invitación a quedarse…

Estirar la estadía y provocar el pernocte. Esa es la grita de ocasión que cualquier tratado de turismo recomendaría después de repasar lo que Conchucos ofrece. Y eso se está logrando, de a poco y con mucha voluntad. La Asociación Ancash, utilizando los fondos que la actividad minera le provee, se ha propuesto -entre otras acciones- recuperar el trazo original de las plazas principales de Chavín, Huántar y Huari para convertir sus casonas en alojamientos para todos los bolsillos y en epicentro de la actividad turística que viene llegando.

Imagínese este bocadillo: en la mañana caminar en los bordes del río Mosna, invicto y tronante. Visitar luego los talleres artesanales de Chavín, en algunos de ellos todavía se cultiva el arte lítico que hizo famoso a los ancestros. Enseguida ingresar al Castillo Chavín y tomar las primeras impresiones de un adoratorio que sirvió de sede al primer gran desarrollo teocrático del antiguo Perú. Darse un tiempo, después, para tomar el camino de San Marcos y Huari, de repente la laguna de Purhuay, en uno de los últimos confines del Parque Nacional Huascarán. Regresar en la noche para volver a sumergirse en las tinieblas del Castillo Chavín y gozar de un espectáculo único, extraordinario.

Pernoctar en uno de los tantos hoteles de la plaza central de Chavín o, por qué no, tomar por asalto una de las habitaciones del Konchucos Tambo, el hotel más emblemático de este primer segmento del callejón. Despertar por la mañana del segundo día en la zona y visitar Carhuayoc y Carash, en una de las quebradas que se lanzan sobre Conchucos, para conocer a Doña Anatolia Rubina, pequeña empresaria textil y prototipo del nuevo habitante de estos paisajes tan ricos de futuro. Anatolia administra un taller de tejido tradicional que ha logrado imponer condiciones en Lima y que pronto internacionalizará su propuesta por todas partes…

Y poco antes de regresar a casa, ingresar al Museo Nacional de Chavín para cerrar con broche de oro una visita que no debe dejar de hacerse. En Chavín nació, decía Tello mucho antes de que Caral emergiera como foco cultural, la civilización que eclosionó en los Andes, la cultura peruana. Cierto o no, en estos pliegues cordilleranos, vibra una historia que debemos conocer y que empezamos a develar gracias al turismo que se impone en muchos de los pueblos de nuestra inmensa geografía. Yuliana Trejo lo sabe bien, “este callejón se llenará de progreso y habrá trabajo para todos”. Claro, si es que decidimos dejar la modorra citadina y ponemos en nuestra agenda de viajes el paradero Conchucos como la próxima opción.

71. Mundo Moche (2), en el bosque de Pómac, publicado el 1° de agosto de 2008

Septiembre 3, 2008

De esa navegación por territorio tan boscoso guardo dos recuerdos imborrables: una prolongadísima lluvia de luciérnagas a poco de dejar atrás la casa de los Aurich, en Batán Grande y el encuentro intempestivo con una huayrona en pleno trabajo de convertir el algarrobal en carbón para pollerías y otros negocios. Una huayrona para los que no están familiarizados con el lenguaje forestal de las localidades del bosque seco, es un horno que sirve para quemar troncos y convertirlos en carbón. Simple. Una cocina donde se obtiene el preciado combustible.

La Zona Reservada de Batán Grande entonces abarcaba trece mil hectáreas de bosques y tenía muchos menos problemas poblacionales que hoy en día. En junio de 2001 e Estado dispuso la creación del Santuario Histórico de Pómacsobre un área de 5,887.38 Ha., con el objetivo de conservar la unidad paisajística y cultural que conforma el bosque con el Complejo Arqueológico de Sicán, y de esta manera garantizar la calidad de la formación de bosque seco tropical. Es necesario mencionar que este hábitat antiguo y bueno (en sus intersticios se pueden encontrar 26 especies de aves, 7 de mamíferos y comunidades saludables de sapotes, algarrobos, faiques y vichayos) se encuentra dentro de la Zona de Endemismo Tumbesina, una de las áreas más ricas en endemismos del planeta.

¿Qué está pasando en Pómac? A los problemas irresueltos del carbón ilegal y el sobrepastoreo de cabras y otros depredadores dentro de sus linderos y periferias, debemos sumar la ignominiosa afrenta que significa para un Área Natural Protegida, la convivencia con un grupo de invasores de tierras que se ha apoderado de extensas zonas que el Estado definió como intangibles y amenaza con seguir transponiendo los débiles vallados legales que aún existen. El poder judicial ya determinó la ilegalidad de la presencia de los invasores; sin embargo, las demoras en aceptar el desalojo que la ley prevé, nos hace pensar que su intención es apropiarse a la mala de lo que no les pertenece.

Es evidente que detrás de la tozudez de esta ocupación ilegal se esconde el deseo de quienes quieren seguir utilizando el bosque como ese gran depósito de carbón vegetal que también es. Inaudito: en las actuales circunstancias Pómac vale más cómo bosque para carbón que como bosque para el futuro. Nuevamente lo inmediato (y privado) imponiendo condiciones sobre los bienes comunes. Sobre los bienes de todos.

Como dice el periodista Enrique Angulo, el Santuario Histórico de Pómac, junto con la Zona Reservada de Laquipampa, el Área de Conservación Privada Chaparrí y los Humedales de Puerto Eten, forma parte de un importante eje turístico-cultural que debemos alentar porque contribuyen de manera acelerada en la ardua tarea de derrotar la pobreza existente en nuestro país.

En Pómac se encontraron los restos y el ajuar funerario del Señor de Sicán. En honor de soberano tan magnífico, se levantó en Ferreñafe el Museo Nacional de Sicán, uno de los más completos que existen en nuestro país y artífice, junto con el de Sipán y Túcume, de la revalorización turística de la región Lambayeque. En otra oportunidad hablaremos de los trabajos que desde 1978 impulsa el arqueólogo japonés Izumi Shimada, en la actualidad profesor de la Southern Illinois University.

¿Cuánto está produciendo el negocio del carbón en Pómac y cuánto produce el turismo arqueológico-vivencial en la triada Pómac-Laquipampa-Chaparrí? Seguro que las disparidades son inmensas a favor de la actividad extractiva. La desidia y la falta de autoridad están permitiendo que se valorice más el oro que produce el carbón que el oro que produce la biodiversidad de unos bosques, los del norte peruano, antaño reguladores del clima de una región intensa y que con seguridad nos van a hacer falta (si desaparecen del todo) en la lucha impostergable que tenemos que dar contra el calentamiento global y los excesos poblacionales.

Tenemos que hacer algo por Pómac, y ya. Comprendo la rabia que trasunta el comentario de Enrique Angulo en la columna Punto de Vuelo de VOL (http://www.viajerosperu.com/new_columna3.asp) cuando se refiere a los invasores de la Asociación Agropecuaria Santa Clara (235 Ha. suyas a la fuerza) o a los de la Asociación Asentamiento Rural Ganadero Agrícola La Palería (1400 Ha, ganadas al Santuario). Sin embargo, es tiempo de exigirle a las autoridades más cercanas al problema, en este caso el Gobierno Regional de Lambayeque, celeridad en la lucha por Pómac. Y si no tienen la fuerza y el ingenio de llevar adelante la causa de todos, unámonos, como nos unimos en la gesta por Candamo, en una campaña que salve Pómac.

70. Mundo Moche, primeras conclusiones del seminario TSI, publicado el 12 de julio de 2008

Septiembre 3, 2008

Lo he comentado en las páginas de Solo para Viajeros, el informativo que desde hace ochos semanas venimos animando por internet y que ha sido, debo admitirlo, el causante del temporal quiebre en la regularidad de mis colaboraciones para Boleto de Ida. El turismo que estamos construyendo en nuestro país con tanto esfuerzo (y a veces con tantos encontronazos) debe sostenerse, en lo fundamental, sobre dos pilares básicos: innovación y competitividad.

Sin esos dos atributos poco es lo que podrán avanzar los “emprendimientos” que se están gestando tanto en la ciudad como en el campo. Innovación para concebir productos que impacten en una demanda turística por lo general distraída en circuitos más desarrollados y competitividad para poder triunfar en un mercado cainita y definido por el peso específico de las grandes mayoristas.

Innovación y competitividad, además, en un escenario donde el enfoque de sostenibilidad prime y defina al mismo tiempo una gestión determinada por la eficiencia y los números en azul. Como lo he venido diciendo desde el 2004 en el Diplomado de Innovación y Gestión del Turismo de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya, el turismo es ante todo una actividad económica. Una actividad económica, eso sí, vinculada como ninguna con aspectos de la vida en sociedad de las comunidades donde se desarrollan sus operaciones y por ende, entroncada como pocas actividades humanas con el desarrollo social y el cuidado del ambiente.

Con esa claridad conceptual es que dimos inicio, el 25 de junio último, al “Seminario Internacional Turismo y Desarrollo: la experiencia peruana como alivio a la pobreza extrema”, evento que convocó a once estudiantes del segundo año de Turismo Saint Ignasi, el instituto de formación turística de la Universidad Ramón Llull de Barcelona. Con ellos visitamos el Cusco, lo hemos comentado en Solo para Viajeros y de allí partimos a recorrer parte del Circuito Turístico del Norte.

Atardecer en Tingana

Instalados en el CTN no podíamos dejar de visitar la experiencia ecoturística del Aguajal-Renacal Tingana. Tingana es un refugio de vida natural y turismo rural comunitario, lo he comentado en otros artículos, sensacional: un alojamiento vivencial en uno de los bordes del último refugio de vida silvestre del Alto Mayo. Allí los muchachos de TSI fueron atendidos por Juan y Emerson Isuiza, viejos amigos de la ruta.

Gracias al apoyo de la GTZ, Cáritas y el PEAM, en Tingana se ha ido elaborando una propuesta de ecoturismo de polendas. No nos cansaremos de recomendarla. Vimos monos ardilla trepados en gigantescos renacos, comimos de la selva su sabor, conversamos escuchando al mismo tiempo los sonidos de los insectos y pájaros nocturnos, navegamos por el río Avisado sin prisa, fuimos felices entre tanta sencillez y naturalidad.

¿Debilidades? Aunque parezca mentira, y aquí vamos a ser totalmente sinceros con los amigos de Tingana y los grupos que lo apoyan: no hemos visto muchos avances en la construcción del producto desde nuestra última visita a la zona en el 2006. No puede ser que los salvavidas no alcancen para atender a un grupo de menos de quince personas o que la visita sea, en lo esencial, idéntica, sin cambios, estática. ¿Cuál es la causa de esta modorra? No lo sabemos a ciencia cierta, pero en la reunión de cierre del seminario, los estudiantes estuvieron de acuerdo en lo siguiente: cuando la mesa está servida, los comensales no se apuran en mejorar el servicio. Recordemos, innovación y competitividad.

Mundo Moche

Estoy de acuerdo con lo que afirman Fernando y Enrique Angulo sobre la importancia aviar del Santuario Histórico de Pómac. Sin embargo, deberíamos ir mucho más allá. En los bosques secos de Lambayeque, donde se ubica el Santuario Histórico en mención, surgieron civilizaciones -entre el 200 DC y la conquista incaica de estos territorios- fabulosas, que, si les encontramos el valor histórico-cultural debido, podrían servirnos para autonomizar el norte de los demás circuitos turísticos, sobre todo del sur, tan preñado por la impronta inca.

Lo he visto durante nuestra visita, en el contexto del seminario que venimos comentando, a los sitios arqueológicos de Sipán, Sicán y Túcume, en la región Lambayeque. La potencia (en bruto) que tienen estas civilizaciones norteñas es notable y salta a la vista del visitante que se anima a recorrer sus testimonios. Lamentablemente, los guías y las guías turísticas se disputan la primacía de una cultura sobre las demás: “qué Sipan fue la máximo, que Sicán fue primero, qué Túcume es LA cultura, etc”. Un verdadero pandemonio.

Si nos atrevemos a juntar creativamente estos patrimonios culturales en uno SOLO, el norte podría empezar a soñar en convertirse en lo que todos queremos: un circuito bien constituido y sólido. Un producto turístico unificado por su pasado cultural, evidentemente resignificado. Lo vamos a decir de la siguiente manera: en los bosques de Lambayeque y La Libertad prosperaron -cada uno en su tiempo- los Moche, los Sipán o Lambayeque, los Túcume y los Chimú, posteriormente. Es más, habría que añadir en este cuadro a otras culturas e influencias culturales (Vicus, Wari, etc.) valiosísimas.

Para el profano, un turista interno o uno que llegó de afuera, tantos nombres representan una dificultad. Una barrera interpretativa. Lo repetimos: para el profano, para cualquiera de nosotros de paso por el norte peruano. Por eso es que proponemos, de cara a una estrategia de turismo sensata, definir de mejor manera tamaño edificio cultural encontrando para ello una “marca” más clara y que bajo ese paraguas se agrupen los desarrollos culturales-históricos que hemos definido (incluido el Chachapoya).

Sabemos que lo que decimos resulta una herejía académica…y lo es, pero en estas páginas hablamos de turismo y el turismo es una construcción, una creación interesada. Una apropiación que se impone en los imaginarios colectivos. Así nació el Inti Raymi, el Inca Trail, la bandera del Tahuantinsuyo, el Valle Sagrado de los Incas y tantas otras ficciones tan beneficiosas en la construcción de lo que hemos convenido en llamar ORGULLO PERÚ.

Si eso se diera tendríamos en el sur a los Incas y en el norte al ¿mundo moche, a la cultura Sipán, a la civilización Sicán? El nombre importa, sí, pero lo realmente trascendente es apropiarnos de una marca que nos convierta en un país que guarda en sus entrañas dos grandes ejes civilizatorios, el que se forjó en el norte peruano y el que prosperó en el sur. Como en Mesoamérica, por un lado los Mayas, por otros los Aztecas. En creativa convivencia, creando beneficios actuales a los descendientes de tamañas culturas… ¿Qué les parece?

69. Bienvenido Ichic Willkawain, publicado el 27 de mayo de 2008

Septiembre 3, 2008

Una de las curiosidades que debemos empezar a asumir los que hablamos de futuro y de futuro biodiverso, es que el gran descubridor de la riqueza natural del Perú, el sabio Raimondi, era un estudioso de la minería planetaria y antes de escribir su libro cumbre sobre nuestro país -el maravillo El Perú del que tanto habla el profesor Brack- había publicado un tomo sobre la riqueza mineral del departamento de Áncash. Qué paradoja, el científico inmortal había empezado sus devaneos peruanos auscultando el potencial minero de la República.

 

No estamos aquí para juzgar ni defender al capital minero. En este tema donde la mayoría se queda en el lugar común y en el discurso fácil, la nuestra ha sido una propuesta, pensamos, menos alambicada: utilicemos los recursos económicos -que son cuantiosos- que la minería está reportando para impulsar otros sectores de la economía y dejar de depender de su incómoda presencia. Saquémosle la vuelta a esa industria para convertir a las nuestras (a las que venimos defendiendo desde hace tanto tiempo) en industrias prósperas y competitivas. Pasemos del grito destemplado a la planificación estratégica. Utilicemos las remesas que nos provee la minería para transformarnos en un colectivo que se avienta a utilizar, sosteniblemente, su capital histórico, que desde tiempos de la antigua ocupación fueron sus recursos naturales y su biodiversidad.

Y en materia de turismo, en las zonas donde se asienta la actividad minera, Áncash una de ellas, utilicemos sus aportes para construir una ciudadanía capaz de crear nuevas iniciativas y los productos apropiados que dinamicen los mercados del turismo interno y del llamado turismo receptivo. Todo ello, obviamente en beneficio de las poblaciones locales y del futuro. Desarrollo sostenible, en suma.

En el 2006, Benjamín Morales Arnao, a la sazón director departamental del Instituto Nacional de Cultura (INC), me habló de esta estrategia. Para el correcto aprendiz de burócrata la relación que acababa de forjar con minera Brarrick debía tener esa sustancia. Gracias al apoyo de gente responsable como Mónica Alpaca de la minera en mención, su institución acababa de firmar un convenio que le permitiría a los hauracinos poner en valor el Parque Lítico de la avenida Mariscal Luzuriaga, el vecino Museo Regional de Arqueología y el Conjunto Funerario Ichic Willkawain, en las cercanías de Monterrey, una de las más hermosas laderas de la Cordillera Blanca, a un ladito de los nevados Churup, San Bartolomé y San Juan. El Parque Lítico ya camina, es un espacio ganado al abandono para el sentido común y ojalá, pronto, para la cultura y la bohemia (bien entendida) de esta ciudad que ha crecido a pasos agigantados.

Hoy escribo en el restaurante del Hotel El Tumi, después de haber participado en la inauguración del renovado Ichic Willkawain, el conjunto funerario wari que el maridaje entre empresa privada y Estado acaba de poner en circulación. Y que data del 600 d.C. Y hago estas anotaciones sumamente complacido después haber visto a tanta gente emprendedora que se ha juntado en Huaraz para hacer cosas y dejar de lado la verborrea a los políticos de ocasión que en nombre del pueblo medran con sus expectativas. Gente como el nuevo director del INC-Áncash, el atentísimo y buen cantante popular, Jose Antonio Salazar o el sacerdote Gregorio Mezarina, alcalde del distrito de Independencia. O Juan Paredes, el arqueólogo responsable de tamaña intervención. O el obispo de Áncash, monseñor José Eduardo Velásquez, quien dio la bendición al proyecto que esta mañana empezó a caminar.

El complejo funerario Ichic Willkawain, y aquí sigo al pie de la letra la información que he recogido de los paneles interpretativos que han preparado los técnicos del proyecto, es parte del gran centro poblado Willkawain, desde hace mucho un atractivo muy concurrido del destino Huaraz y una ruta apreciadísima para el trekking entre los turistas que no tienen tiempo como para ir a la ruta del Santa Cruz o quieren aclimatarse antes de cumplir retos mayores. Está rodeado de un muro cuadrangular que encierra en el interior 15 chullpas donde reposaron antaño las momias o mallquis de personajes importantes de una población considerable y que a la fecha parece advertirnos de la necesidad de invertir mucho más esfuerzo en el afán de desenmarañar el mundo wari, un pueblo poderoso que sufrió, a posterori, la destrucción de la mayoría de sus insuperables testimonios arqueológicos.

El sol iluminó el día y las montañas de la Cordillera Negra parecían saludar tamaña osadía. Porque no es fácil en el Perú, al menos por ahora, construir proyectos compartidos. Y menos si estos vienen de la mano de los remanentes que la actividad minera viene produciendo en tantos territorios sumidos en la pobreza y la falta de ideas para combatirla con eficiencia.

Ojalá que se cumpla el sueño del padre Mezarina y que Willkawain e Ichic Willkawain se llenen de visitantes en la próxima temporada de turismo y que los ancashinos tengan dos productos más -a parte de los trajinadísimos Llanganuco y Chavín- que le hagan frente a los vaivenes de una industria, la del turismo, tan cambiante y complicada. Confiemos en la buena voluntad de esta gente enamorada de su tierra. Bienvenido Ichi Willkawain, bienvenido, nuevamente, el futuro.

Buen viaje…