83. Lima está de fiesta…

Enero 26, 2010 por boletodeida

Y no porque haya cumplido un año más de vida, que ya van 475 desde su fundación española. Está de fiesta porque por primera vez en estos últimos cincuenta años empieza a recibir elogios por su bien estar y evidentes mejorías. Increíble, la misma ciudad capaz de aterrar a cualquiera durante sus célebres horas punta y espantar al más osado por su inseguridad ciudadana, recibe elogios, desde adentro y desde afuera, por ser ejemplo en Latinoamericana de capital progresista y bien encaminada. Es la ciudad de los chorros de agua, de la culinaria más exquisita del mundo y de las grandes inversiones inmobiliarias. Por primera vez en décadas, sus habitantes la miran con cariño y dicen, al menos eso nos cuentan las encuestadoras, que no la cambiarían por otra. Para los limeños del nuevo milenio Lima es como Nueva York, Buenos Aires o Santiago de Chile. Una ciudad para quedarse.

No compartimos tanto exceso, tanto ditirambo. Sí y en eso coincidimos con Augusto Ortiz de Zevallos, nos da ilusión constatar ciertos cambios micro en una ciudad macro. Lo dijimos hace tres semanas cuando nos referirnos al buen momento de Barranco y lo volvimos a decir en nuestro último editorial de SOLO PARA VIAJEROS al hablar de Chorrillos: algunas partes de la ciudad parecen de otro mundo, calles organizadas alrededor de parques verdísimos y árboles que crecen pretendiendo tapar el cielo panza de burro de la Gran Ciudad, veredas amplias y bien cuidadas, calles creciendo con propiedad. En materia de orden y cierta planificación algunos rincones de la ciudad son realmente únicos. Y exhiben su nueva ornamenta con distinción y salero. Los acantilados sobre la Costa Verde, desde San Miguel hasta Chorrillos, lucen un esplendor desconocido y algunos distritos clasemedieros, nuevamente Chorrillos, San Miguel, Magdalena, Pueblo Libre, se han recuperado del todo y estrenan novedades. Ni qué decir de Los Olivos o las zonas liberadas del descontrol del Callao, que tiene en su centro histórico un teatro maravilloso y muchas posibilidades de ser La Habana Vieja.

Vivimos, yo también lo afirmo, dice Ortiz de Zevallos un momento de inflexión. O nos calcutizamos y devenimos en un barrio más de Sinaloa o Oaxaca, donde los cárteles del terror, cualquier terror, vomitan asesinatos cada día o empezamos a organizar la vida ciudadana de tal forma que del caos se genere el orden, el cosmos urbano que tanto reclamamos. O la Edad Media o el sueño de una metrópoli sostenible y bien pensada; donde habitan ciudadanos que se enorgullecen de serlo. Donde el gris no importa tanto porque el olor a la felicidad todo lo puede…

Buen viaje…

82. Chorrillos, un elogio…

Enero 19, 2010 por boletodeida

(Pantanos de Villa, Chorrillos) Nos hemos referido  hace unos días a Barranco, el distrito bohemio de Lima, ahora nos vamos a ocupar de Chorrillos, un poquito más al sur, casi en el borde de la Gran Ciudad. Chorrillos, otrora comuna de pescadores, en la actualidad barrio de todas las sangres, de pobres emergentes, clasemedieros en vías de recuperación, ricos y ricos en extremo, resulta, en el diseño de la urbe postmoderna en la que vivimos, un distrito modélico, ejemplar. Diremos más, una localidad agresivamente pujante. Un modelo para tener en cuenta al momento de hablar de ciudades amigables, que invitan a quedarse, que no espantan. Raro, ¿no?

 

El discurso popular en Chorrillos es antiguo. Se trata, no hay que olvidarlo, del distrito del varias veces elegido alcalde Pablo Gutiérrez, simpático personaje que en los ochenta, antes y también después, supo introducir en  la agenda municipal el tema de los servicios para todos: panadería vecinal, velatorio municipal, maternidad para las mujeres más pobres, biblioteca popular, playas exentas de vallados excluyentes, calles ganadas para la gente. Polémico como pocos, Pablo, así lo llamaban los vecinos, gorrito en bandolera y al timón de tractores y camiones edilicios, se dejaba ver en cuanta obra su municipio iniciaba. Se enfrentó al Regatas y en su afán de romperle el cuello hizo dinamitar un pedazo del Morro para  poder ganar nuevas playas para la gente. Conclusión: las piedras de tamaño estropicio fueron a parar al mar y de allí, empujadas por la marea, a La Herradura, la mejor playa de la Costa Verde y desde entonces un laberinto pétreo. Pero esa es otra historia.
 
En Chorrillos el alcalde Augusto Miyashiro Yamashiro va por su tercer mandato. Y ha sembrado de progreso todo el territorio del inmenso distrito capitalino. En las faldas del Morro y en los cerros Zigzag, los parques, pistas y campos deportivos se reproducen con insistencia para solaz y felicidad de la familia chorrillana. Igual en La Campiña, Matellini y Los Cedros de Villa. Nosotros, que venimos caminando la zona desde el ochentaitrés, cuando llegamos al AA. HH. Héroes del Pacífico de Villa con el afán de construir un colegio libertario, somos mudos testigos de cómo en estos últimos dos quinquenios la modernidad se instaló en estos villorrios para transformar el arenal en verdor,  movimiento y calidad de vida. Y aquí no estamos haciendo proselitismo político, no conocemos al burgomaestre en mención y casi toda la plantilla de Viajeros vota en otros distritos, Miraflores, Barranco, Surquillo, Villa El Salvador…
 
Miyashiro ha sabido invitar a los inversionistas privados al distrito, eso está claro. Plaza Lima Sur es un ejemplo de ello, pero también Tottus y últimamente Plaza Vea. Que estas tiendas por departamentos no signifiquen necesariamente progreso, que lo digan los chorrillanos pobres que abarrotan sus espacios y se bacilan de lo lindo en sus escaleras mecánicas o detrás de sus escaparates. No los “matatono” que le encuentran a todo su lado perverso. La empresa privada, nos imaginamos, decidió instalarse en Chorrillos atraída por las nuevas reglas de juego que la municipalidad puso en el tintero. También, no nos queda ninguna duda, por la seguridad ciudadana que se respira en sus calles y la obra municipal a toda luces enorme. Un solo ejemplo: en un pampón donde hasta hace un tiempo los niños jugaban fútbol tratando de esquivar un poste en el centro de la misma cancha, hoy se levanta un complejo deportivo con tribunas muy bien puestas y grass como en el antiguo Nacional. Algo verdaderamente espectacular.
 
La zona del malecón chorrillano, tan linda y ahora epicentro de un verdadero boom inmobiliario, sigue siendo un espacio para el encuentro de la familia y la buena mesa. En efecto, Chorrillos debe ser uno de los distritos de Lima Metropolitana con mayores ofertas gourmet que van desde los chiringuitos de siempre hasta el majestuoso restaurante Puntarenas. Como para que el turismo llegue en cantidad y  los amantes de la buena mesa, también. ¿Y la avenida Huaylas? Mutatis mutandi, la avenida Larco del distrito. No, mejor aún: las Ramplas de la nueva ciudad. Gente por todos lados recorriéndola al son de la salsa. No podemos olvidar que  Chorrillos es el barrio de Radio Mar, claaro, del Ronco Gámez y el Chorri Palacios; de la Curva, el estadio de los Muertos, La Encantanda, el club Villa, Agua Dulce y la caleta de pescadores. Un potpurrí de rostros, de sensaciones, de colores y olores. Como debería ser el Perú.
 
¿Qué le falta al distrito sureño? Controlar de algún modo ese mismo crecimiento. Invertir en remediar los impactos ambientales que produce la modernidad.  Resignificar la ciclovía que hace algún tiempo se diseñó y que ahora solo sirve como estacionamiento público. Seguir plantado palmeras, que sirven para mejorar el aire que se respira en el distrito y también para darle identidad. Exigir reparaciones a Castañeda Lossio & Cia, por los arboricidios que el Metropolitano de marras ha producido desde que llegó a Chorrillos.  Integrar a la ciudad sus pantanos y playas que tantos servicios ambientales producen. Que Miyashiro entienda, si es que quiere un nuevo mandato, que el signo de los tiempos no es otro que el de las ciudades ecoeficientes, sostenibles, amigables hasta el exceso. Va por buen camino, no nos queda ninguna duda. Y si no está en sus planes la reelección, que les quede a los chorrillanos la agenda del cambio. Se puede vivir dignamente en medio del páramo (urbano).

81. SOS por la Reserva de Biosfera de Tumbes

Diciembre 31, 2009 por boletodeida

La alarma nos la acaba de trasladar el biólogo Renzo Piana,  quien durante casi dieciocho meses  ha venido realizando una investigación sobre le ecología de las comunidades de aves rapaces diurnas en los bosques del nor oeste del Perú. Vale decir, en el damero compuesto por la Reserva Natural de Tumbes, el Parque Nacional  Cerros de Amotape y el Coto de Caza del Angolo. Las tres ANPs constituyen, por si no lo saben, la Reserva de Biosfera del Nor Oeste: una superficie de 230,000 mil hectáreas donde se  protegen ecosistemas y especies de flora y fauna silvestre únicos en el Perú y el mundo. 

Wikipedia lo explica con sencillez: “son las áreas geográficas representativas de los diferentes hábitats del planeta, abarcando tanto ecosistemas terrestres como marítimos. Se seleccionan por su interés científico, basándose en una serie de criterios que determinan si un espacio se incluye en el programa. La función principal de estos espacios es obviamente la conservación y protección de la biodiversidad. Sin embargo, también se persigue el desarrollo económico y humano de estas zonas, así como la investigación, la educación y el intercambio de información entre las diferentes reservas, que forman una red mundial”. En el mundo existen 553,  tres de las cuales se encuentran en nuestro país: las reservas de biosfera de Manu, Huascarán y Tumbes. De las dos primeras ya nos hemos ocupado en otras publicaciones; de hecho nuestra opción personal por Conchucos se debe, entre otras cosas, a la importancia que tiene este corredor al pie de la Cordillera Blanca para el desarrollo regional, nacional y mundial.
 
Nos lo contó brevemente el propio Piana en un intermedio de la presentación del último libro de Alberto Chirif sobre la tragedia del caucho en el Putumayo. El Estado, que por ley debiera ser la autoridad jurisdiccional sobre estos territorios, hace tiempo que dio un paso atrás y el abandono en las tres ANPs es una lamentable constante. En los 580 puntos evaluados durante su investigación, Piana encontró en todos presencia de ganado, tanto así que llega a decir en su informe que es el vacuno el mamífero más característico en la Reserva de Biosfera del Nor Oeste. Increíble. “Los ganaderos, asentados (en muchos casos de forma permanente) al interior de la reserva continúan talando bosques en pie para su conversión en pastizales e inclusive realizan de forma continua el anillamiento de árboles para poco a poco ir ganando espacio y contar con más superficies para la siembra de pastos”, relata Piana.
 
Pero los problemas no solo tienen que ver con la ganadería extensiva y sus subproductos (uno de ellos la caza de fauna silvestre que suministra carne a los campamentos ganaderos); también es grave la tala de bosque para el acopio de madera que va a parar a las huayronas de carbón y el ingreso cotidiano de cazadores ecuatorianos que están diezmando las poblaciones de loros de la Reserva de Biosfera del Nor Oeste. Concluye Piana: “La RBNO alberga al menos cuatro especies de loros;  estas cuatro especies son endémicas tumbesinas y se encuentran protegidas por el convenio CITES del cual el Perú es país signatario. De las cuatro especies, el loro de mejillas grises (o macareño como le llaman en Ecuador – Brotogeris pyrrhoptera) y el loro de ala bronceada (localmente conocido como lora negra o maicera – Pionus chalcopterus) son objeto de extracción ilegal mediante la remoción de pichones de sus nidos”. Atroz.
 
Lo venimos diciendo: la crisis planetaria no aguanta más irresponsabilidades como la que comentamos. La denuncia de Piana es grave y se hace en un contexto de aparente preocupación por los bosques peruanos, cuya quema indiscriminada contribuye a la generación de gases que estimulan el calentamiento global y la consecuente crisis planetaria. En Ecuador estos bosques han sido devastados casi en su integridad; en nuestro país, en cambio, es mucho lo que aún se puede hacer si sumamos voluntades. Es urgente una cruzada nacional por nuestros bosques tumbesinos. Sí se puede.

80. En la Ruiz de Montoya para hablar de turismo sostenible

Diciembre 28, 2009 por boletodeida

Hace unos días tuve la suerte de asistir a la presentación de los proyectos de investigación que los estudiantes del Diplomado en Innovación y Gestión del Turismo de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya prepararon para graduarse después de un año de estudios y mucha discusión. Marìa Antonia Pamies, catalana y experta en turismo sostenible, es la actual directora de un diplomado que ya llegó a su quinta versión y puede darse el lujo de contar entre sus graduados con gente de reconocida trayectoria en nuestro medio. En las aulas de la universidad jesuita se han diplomado pesos pesados del sector como Lucho Vereau, Conan Muñoz, Fernando Vera, la periodista Nelly Rojas, César Becerra, Pilar Cantella, Edwin Gonzáles, Ricardo Bohl…y muchos profesionales más.

 
 

 

Lejanos parecen los días en que, convocados por Vicente Santuc, rector de la universidad, nos reunimos para hablar de turismo Rafo León, Cecilia Raffo, Lida García, por entonces en Prom Perú y yo. Y después de varias semanas de discusiones sesudas y reflexiones sobre el devenir de nuestra “industria”, parió Paula, los comisionados nos animamos a proponer la activación, primero, de un diplomado en turismo sostenible y, después, la creación de una facultad que aterrizara los conceptos que empezábamos a manejar como colectivo y fuese capaz de poner proa en dirección del interior del Perú, principalmente. La Ruiz de Montoya, entonces solo tenía dos facultades, ambas muy prestigiosas por cierto, la de Filosofía y la de Educación; sin embargo, se lanzó al ruedo sin medias tintas ni complejos. Contaba con el invalorable apoyo del instituto Turismo Saint Ignasi (TSI), de la Universidad Ramón Llull, de Barcelona. De allí proceden visitantes ilustres en el diplomado de la UARM: Jordi Ficapal, José Enrique López Viguria, Carmina Solá, Marta Munté, Xavier Vicens y, por cierto, Marìa Antonia Pamies.
 
En marzo del 2005 empezaron las clases del primer Diplomado en Innovación y Gestión del Turismo y desde entonces la propuesta de turismo de la UARM no ha hecho otra cosa que consolidarse. ¿Quiénes han dictado en el diplomado? La lista es interminable y conjuga a empresarios, académicos, conservacionistas y entusiastas del desarrollo sostenible; algunos de ellos profesores visitantes, otros miembros del staff permanente. Solo hay que echar una mirada a este cuadro de honor para comprobar la validez de la propuesta de los jesuitas: Pedro Solano, Rafo León, Sonaly Tuesta, Roberto Haudry, Gustavo Suárez de Freitas, Kurt Holle, Luis Repetto, Elmer Barrio de Mendoza, Tony Zapata, Iñigo Maneiro, Luis Zapater, Diana Tamashiro, Miriam Torres, Mario de Col, Carlos Gonzales, Fernando Vera y un largo etcétera. Todos ellos pasaron por la Ruiz en algún momento de estos últimos cinco años.
 
En el 2008 los directivos de la Ruiz se atrevieron a dar el segundo paso y pusieron en marcha la primera carrera de Turismo Sostenible en nuestro país. Iñigo Maneiro, por entonces en Casa Andina, fue el profesional encargado de elaborar la malla curricular, que por cierto debe ser una de las más firmes en “trabajar” el concepto de sostenibilidad que tanto venimos desatacando.  Cuarenta y cinco jóvenes estudian en la actualidad en las aulas de la universidad que dirige Vicente Santuc, que, como es sabido, le da a los cursos de humanidades un peso mayor al que le dan otros centros de estudios superiores. En estos tiempos de Alas Peruana la garantía que ofrecen los jesuitas en cuanto a formación académica se refiere, es de por sí un valor agregado.
 
Por si fuera poco, los de la Ruiz han organizado, en alianza con TSI-Ramón Llull, un par de seminarios internacionales donde participaron dos grupos de estudiantes catalanes que llegaron a nuestro país para conocer productos turísticos sostenibles tanto en el norte como en el sur del territorio nacional. Y varias reuniones académicas como los simpáticos conversatoiros “Para hablar (seriamente) de Turismo”. La pasé bien en la sede de los jesuitas en Pueblo Libre, allí laboran viejos conocidos como Erika Delgado y Bertha de la Portilla, del área de post grados, pero también Vicente, Marìa Antonia, Lupe Guinand, Rocío Silva Santisteban, todos profesionales serios y avocados a la tarea de formar individuos libres, gente de bien. Larga vida al intento de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya por sentar las bases de un turismo serio, serio y con filo. Salud.

79. La Ruta del Loncco Arequipeño

Diciembre 14, 2009 por boletodeida

(Mirador  de Yanahuara, Arequipa) Innovar, en turismo, resulta el verbo clave. En turismo y en cualquier otro  oficio que esté atento a la generación de nuevos productos. O a mejorarlos para que sigan vivos. Innovar: introducir novedades o alterar una realidad cualquiera con el afán de hacerla mejor, más desarrollada. En Arequipa, mientras nos dirigíamos al Colca, conocimos a José Lombardi, antropólogo y “arequipeñista” tacneño que dirige desde hace varios años El Taller, una muy activa ONG local que está al frente de un consorcio interinstitucional dedicado a rescatar la identidad regional para promover desarrollo. Fabuloso.

Characatos de Arequipa
De niños aprendimos que a los arequipeños se les debía llamar, con cariño, characatos. Bonita expresión que aludía a campiña, picanterías, revoluciones y miradas recias de caballeros de sombreros de ala ancha y rasgos mestizos. Lo characato resultaba consustancial a lo arequipeño, como el carácter convulso de sus hijos amamantados por la fuerza del Misti. Fatalmente con la urbanización de la ciudad y  el traslado  de lo rural (en el imaginario compartido) al Colca o a otros confines -Cotahuasi o la campiña de Majes- lo characato se fue diluyendo al compás de una puneñización de la población departamental que definió, al toque, un nuevo mestizaje.
 
Raíces del hombre arequipeño
Entonces Arequipa, la ciudad digo, se transformó en una “villa” colonial y los rezagos de un hispanismo que a duras penas sobrevivía se impuso para salvarla de la perdición. O de la amenaza chola. Arequipa se convirtió en Santa Catalina, en sus casonas de blanco sillar y susurros virreinales, en Caima y Yanahuara. Las picanterías dejaron su lugar a una dulcería preñada de mazapanes y chocolates de indudable buena calidad. El rumor del Chili, los aromas de sus huertas y huertos se fueron diluyendo dramáticamente.  Lo characato entró en extinción…
 
Una feliz iniciativa
Precisamente para evitar la desaparición de esa “especie”, un grupo de instituciones y municipalidades locales se ha consorciado para salvar una ruta cultural, la que conforma la  cuenca regulada del río Chili, utilizando un nombre típicamente characato, La Ruta del Loncco. Como lo atestigua el propio Lombardi en el libro “La Ruta del Loncco, raíces del hombre arequipeño”, de los estudiosos Jorge Bedregal y Américo Martínez, “el vocablo loncco, además de hacer mención al hombre mestizo del campo, trata de connotar la antigua relación del hombre arequipeño con la tierra, el agua y el paisaje (…) El loncco hace referencia al origen andino y al carácter mestizo del poblador arequipeño”. Andino y mestizo. Lo colonial, en suma, como parte y no como todo de un proceso cultural antiguo y definido por lo local. Lo loncco como metáfora de lo characato de los viejos tiempos y también de los nuevos.
 
Por la ruta del Loncco arequipeño
La ruta tiene como eje el conjunto de los pueblos que van desde Sabandía a Polobaya, integrando las campiñas de Socabaya y Paucarpata, extendiéndose a Chiguata y al Santuario de Chapi. En sus linderos encontramos pueblos tradicionales como Characato, Mollebaya, Yarabamba, Pocsi y Quequeña. Y andenes, comidas típicas, peleas de toros, petroglifos, iglesias coloniales, testimonios por todas partes de lo loncco.
 
Rutas culturales
Interesante la idea de las rutas culturales, como la del pisco que algunos productores del aguardiente peruano no hace mucho implementaron en los valles del sur de Lima. Como dice el logrado libro sobre La Ruta del Loncco que nos envío José Lombardi, “hablar de rutas implica la búsqueda de integradores comunes de diversos espacios, como componentes temporales (específicamente históricos y culturales), continuidades económicas, ecológicas, étnicas y sociales; además de redes viales que permiten un diseño practico que implique la definición de “territorio”, y un  camino que posibilite su circulación, el que llamamos ruta”. Vamos a recorrer la zona pronto. Se trata, finalmente, de un producto cultural (y turístico) innovador. Y necesario en el afán compartido de ir generando territorios geográficos con identidad propia. (Guillermo Reaño)

78. Noticias desde la frontera norte

Noviembre 30, 2009 por boletodeida

(Las Pocitas, Máncora, Piura) Empiezan a rugir los motores en Máncora, Vichayito, Órganos y Cabo Blanco. La temporada de verano está a un tris de empezar y pese a las admoniciones sobre Niños y lluvias fuertes para inicios del 2010, encontramos a la gente del extremo norte más  animosa que nunca.  El fin de semana que pasó nos tomamos unos días de relax en Las Pocitas, el célebre balneario-resort de Máncora que suele recibirnos cada tanto y nos sirve de inspiración y sosiego.

Algún día vamos a ocuparnos detenidamente del crecimiento turístico en el extremo norte de Piura, una región que venimos recorriendo desde hace mucho. Lo digo, entre otras cosas, porque en mis clases de la Ruiz de Montoya cuando menciono a Máncora y sus localidades anexas como buenos ejemplos de desarrollos turísticos, mis alumnos se alborotan y no lo pueden creer. Para ellos, como para el común de los mortales, Máncora es solo una ilusión, un campamento ocasional en medio de la nada. No le tienen fe; para todos Máncora acaso solo sea una versión menos alborotada de los balnearios limeños de Asia.

Por si acaso me estoy refiriendo a desarrollo turístico, no a desarrollo turístico sostenible. De eso, obviamente, no estoy hablando cuando menciono el boom turístico que se viene dando en el extremo norte de Piura desde fines de los ochenta, cuando la caleta de pescadores se convirtió en paradero surfer y nació Las Pocitas. Hoy, según lo que me acaba de contar el hijo de Harry Schuller, de hotel Punta Ballenas, en la zona debe haber más de trescientos cincuenta hoteles y alojamientos. Y en la zona también, en el 2010, comenzará a levantarse un Decameron y con ello se iniciará el tiempo de los all inclusive. Mismo Caribe.

No podemos, sea cual sea la intención, negar el despegue de un “distrito” turístico que dejó de ser emergente para convertirse en un territorio turístico con todas sus características consustanciales. El producto Máncora vive y en el extremo norte los excesos de su crecimiento no planificado se dejan ver por doquier. Lo acabo de conversar con Santiago Solari en su casa de Vichayito: en este extremo la ley de la selva pervive como en Guacamayo, Huayetúe y Delta Uno, los campamentos de minería informal que destruyen la selva de Madre de Dios. Por supuesto que exagero, Piura no es Madre de Dios. Pero en estos desiertos al borde del mar, donde se alza un bosque único y sumamente frágil, las historias de fechorías y atentados ambientales están a la orden del día.

Dos perlas, nada más. La plaga de moscas que ha empezado a golpear Máncora no tiene que ver con la inminencia de un Niño. Sucede que, a vista y paciencia de la autoridad municipal, los informales de la industria de pota secan su producción sobre la tierra baldía de un bosque que está allí para dar servicios ambientales de calidad a la gente y no servir de fábrica para quemar especies hidrobiológicas. Tampoco es coherente que una asociación de campesinos que nunca cultivó nada, se oponga a la concesión que se está pidiendo para crear un área de conservación privada que salvaguarde más de mil hectáreas de bosque primario y de la mejor calidad. Todo en aras del vil negocio: tener en propiedad unas tierras que de venderse a precio de turismo podría darle a sus propietarios más renta de la que ya obtuvieron rematando otros lotes.

¿Quién vigila los despropósitos y daños contra el futuro que perpetúan por igual ricos y pobres? En el extremo norte (Máncora por ponerle un nombre a este territorio entre Cabo Blanco y Punta Sal) ninguna institución u organización de la sociedad  civil, tampoco de la universidad peruano, ha llegado para imponer cordura. En estos parajes el que puede puede; aquí reina el capitalismo salvaje, las leyes del mercado omnipotente. Todo se desarrolla pensando en la rentabilidad inmediata y los negocios al borde de la carretera o al lado del mar aparecen y desaparecen dejando su estrepitosa huella  ambiental cuando no a una cohorte de nuevos ricos que empiezan a buscar “tierra fértil” para seguir ampliando sus inversiones.

En estos confines turísticos no existe el control social adecuado que ponga coto a tanta sinvergüencería. Y los bienes comunes se despilfarran, también las posibilidades de crecer ordenadamente. Hay que poner el ojo en este territorio exuberante donde han surgido asentamientos poblacionales tan importantes como Máncora o Los Órganos, ciudades pobladas de jóvenes con expectativas y deseos de mirar de otra manera el porvenir. O Máncora reconvierte su modelo de desarrollo o el polvorín social devorará su interesante vocación turística.  Es cuestión de tiempo, nada más.

Buen viaje…

77. Más de lo mismo. Bagua, otra historia de sangre y desconocimiento

Junio 7, 2009 por boletodeida

(Villa, Lima). Estoy profundamente conmovido por lo que ha sucedido en Bagua. Me resigno a creerlo, todavía no doy fe a lo que leo en las webs de RPP, Andina, Viajeros. Repaso y repaso las fotos de La República y los gruesos titulares de casi toda la prensa escrita limeña y sigo en tinieblas. Lo de Bagua de tanto ser una tragedia anunciada se había convertido, al menos para mí, en una situación imposible, en algo que no podía ocurrir. Y se lo comenté a Antonio Brack en un Enfoque de los Sábados de hace un par de semanas, “ministro, le dije, evitemos otro Pómac, póngase a la cabeza del diálogo, confiamos en usted”. 

Crédito: dhperuCrédito: dhperu

Pero nada de eso pasó, digamos que la voluntad del gobierno estaba escrita desde el momento en que el secretario general del partido aprista anunció en La Hora N que no se podía reconocer el derecho indígena porque sino la dirigencia de ADEISEP iba a seguir impugnado el ideario del segundo alanismo en materia de explotación y uso de los recursos naturales. Y como aquello podía servir a los indígenas y con ello al cuco (Humala, CONACAMI, Cumbre de los Pueblos, CGTP, SUTEP, etc), que se active la mecedora y se estigmatice a los dirigentes de los grupos amazónicos en rebeldía. Total, solo son indios con lanzas y caras pintadas. Qué horror, qué vergüenza.

El general Custer llegó y venció. Copio la metáfora de García-Hierro, consecuente y mejor informado defensor de la causa indígena que, por cierto, es también la causa en favor del medio ambiente y el futuro. Eso debe quedar claro y al margen de la intención de los que se colaron en la demanda para ganar agua para sus molinos. Que son muchos y fácilmente reconocibles. Más allá de los paracaidistas, la insurgencia amazónica cuestionaba –y cuestiona- lo que todos venimos pensando y pocos diciéndolo a viva voz: la destrucción del territorio amazónico en aras de un progreso esquizofrénico que solamente le hace favores al consumismo universal, que en su versión chola significa más super inversiones en infraestructura para los ricos, es una mentira. Una tremenda farsa. Otra más. Cómplice los medios de comunicación tradicionales y la clase política enquistada en el congreso y los demás órganos de gobierno. Cómplices los que siguen creyendo que los indígenas amazónicos se quedarán tranquilos con la derogatoria de los decretos infames y regresaran a casa a seguir aguantando el genocidio histórico.

Conozco Bagua, una copia fiel de Macondo; cuando la visité me sorprendió su fealdad, su condición de capital del fin del mundo. Lo comenté con mi hijo, entonces un jovencito de doce años que no entendía el porqué de las adolescentes de su edad cargando a sus hijos en la espalda. Nos conmovió Bagua Grande y la violencia contenida en sus calles repletas de mototaxistas gritando cualquier cosa y su mercado cercado por ladronzuelos de ocho años de edad y putas de un poco más.

Bagua, la ciudad que exhibía un cartel municipal de antología: “ciudadanos, cuidemos al turista, el turismo es el futuro”, se hará conocida por esta tragedia y miles de artículos se escribirán para describir el horror. Como meses atrás sucedió con Pómac. ¿Quién se acuerda hoy de los muertos de aquel episodio? Nadie y lo curioso es que los mismos ministros que no supieron qué decir entonces son los que declaran a la prensa despropósitos como los que he escuchado esta mañana a la ministra de Justicia que sigue creyendo que atrapando a Pizango se acabará la grita indígena.

Crédito: dhperu

Crédito: dhperu

No es hora de buscar responsables inmediatos; es momento de abrirle paso a la Defensoría del Pueblo o la Iglesia Católica, las dos instituciones que con más comprensión del fenómeno se han manifestado públicamente sobre esta coyuntura tan difícil. Que no se nos diga que el salvajismo de los nativos fue el detonante de la explosión. Ni que fue la policía la culpable. Los responsables no usan plumas, se mueven en las ciudades resguardados por autos de la policía, la misma que fue enviada al matadero para justificar la barbarie de los indígenas amazónicos. Custer vive en Lima y es experto en zafarranchos de combate y otras mañas.

Buen viaje…

De mis cuadernos de campo

Bagua, lunes 28 de julio de 2003

“Estoy en Bagua después de tremendas peripecias. Anoche, antes de llegar a Bagua, cruzamos el Marañón a la altura de Corral Quemado, el cruce que representó durante siglos el más difícil escollo que tuvieron que afrontar los intrépidos para trasmontar la en su camino a la selva. En la actualidad la exultante floresta que debió existir en estas soledades es solamente una mueca triste que nos habla de una depredación total. Nada refleja la naturaleza de antaño”

.….

“Nos instalamos en un hotel de poca monta y salimos a recorrer una ciudad tomada por las masas: Calcuta. Nunca había visto un poblado tan tugurizado. El gentío no tiene comparación con nada que haya visto antes. Y debo decirlo, aunque suene mal: cuanta fealdad en las fachas de los que recorren las calles y avenidas de Bagua Grande”.

….

“Bagua representa una buena introducción sociológica sobre la Amazonía peruana”.

76. Conchucos, las OGD y el turismo nacional

Abril 27, 2009 por boletodeida

(Hotel Konchucos Tambo, San Marcos, Áncash). Tranquilo Pino, las OGDs no han sido copadas por esa Hidra que intenta pergeñar “uno más de sus ingeniosos relanzamientos para doblarnos las manos desde las estructuras mismas de nuestros estados” como lo manifiestas -con la franqueza de siempre- en un comentario a un artículo mío publicado en esta misma columna. O blog. Tranquilo, el monstruo del Norte no siempre logra embutirse todo lo que se quiere comer con tanto afán.

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Y lo digo desde el convencimiento de quien viaja y viaja intentando encontrar las claves que nos permitan enderezar el rumbo de un país que no quiere seguir siendo una chacra. O un páramo. O una fogata, siempre siguiendo la clarísima advertencia de Basadre. No creo ser un escriba despistado o un festejante de sucesos nimios. Las Organizaciones de Gestión del Destino (OGD) –o los Entes de Gestión de Destino (EGD), en la terminología del PENTUR- son, o deberían ser, a mi juicio, las instancias de gestión que se articulan, desde la sociedad civil y los gobiernos locales, en los territorios donde se ubican nuestros destinos turísticos más importantes para, precisamente, manejar, organizar, gestionar dichos espacios. No hay otra forma de entender el buen gobierno. O para decirlo utilizando conceptos propios de la conservación, para crear gobernanza.

 

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A pesar de no tener muchos ejemplos para demostrar lo que digo, sigo creyendo en que necesitamos forjar una institucionalidad fuerte, vigorosa, que responda al interés de crear una visión de desarrollo compartida que pueda colocarse al inicio de cada emprendimiento. No creo en el poder omnímodo del Estado, tampoco en la magia del capital individual. Creo en el ensamble de pareceres, en la gestión unitaria. En el caminar buscando consensos. En la democracia forjada por los ciudadanos y no por los mesianismos de las ONG, el Estado regalón o el dinero de las grandes transnacionales. Y qué mejor posibilidad de armar el rompecabezas que tenemos los peruanos por delante, que convocando, ya que hablamos de turismo, a todos los actores de un territorio para ir construyendo esta especie de comité de gestión que hemos tenido a bien llamar OGD.

 

He recorrido durante varios días el callejón de Conchucos y sus alrededores, de la mano, lo he dicho en otra columna, de dos buenos funcionarios de un proyecto de desarrollo en la zona que está impulsando la creación de una OGD en el callejón de Conchucos. Y veo claro que su búsqueda es importante. En Conchucos se da la paradoja de que en materia de turismo todos –o casi todos- se han mojado, en algún momento. Todos menos el Estado. Los pobladores locales hace mucho que esperan los beneficios de la actividad y no sentaditos, como se pudiera creer; muchos de ellos se han capacitado, han asistido a talleres, a pasantías y, lo más importante, vienen invirtiendo de lo poco que tienen mucho dinero en hotelitos, albergues, alojamientos. Igual los gobiernos locales y la Asociación Áncash, la institución que canaliza la inversión social de la minera Antamina. Se ha convocado a algunas instituciones foráneas para que depositen algo de su expertice en la zona y vaya si han hecho. En Conchucos se ha levantado un Museo que no tiene nada que envidiar a los encumbrados museos de Lambayeque y se acaba de lanzar el Chavín de Noche, la visita nocturna al complejo arqueológico más valioso del norte peruano.

 

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Con humanas desigualdades, todos se han puesto las pilas y a pesar de ello el negocio, el negocio turístico, no despega y no logra despuntar como todos quisieran. ¿Qué está faltando? Se lo dije a Dora Camino y Alejandro Solís, mis dos compañeros de ruta durante el viaje por el callejón, mientras no haya dirección el progreso tendrá sus bemoles. De allí la importancia de una OGD, de un comité de gestión. Es indudable, lo he comentado en un artículo anterior, que las OGD tienen que trasladar el conocimiento que hemos ido adquiriendo como colectivo a todos sus miembros. Eso es lo que me quedó claro de mi participación en el taller sobre la OGD Puno el año pasado. Pero también deben ejercer liderazgo. Y en una coyuntura (política y social)  tan compleja como la de Conchucos este liderazgo debe ejercerse con autoridad y firmeza. En estos valles tan prósperos se juega la vida el turismo del que venimos hablando. La promesa que se ha lanzado a los pueblos del callejón empieza a pasar factura en tiempos de crisis para la minería, que era, pese a quien le pese, el sector económico que más renta generaba.

 

Liderazgo, sobre todo, para exigirle al Estado central y también al regional y al provincial, que pongan su parte y construyan de una vez la carretera que el callejón –desde Yanama hasta Chavín y desde allí a Cátac, en el callejón de Huaylas- necesita para generar desarrollo. Un producto turístico sin conectividad apropiada no llega a cuajar del todo o se desgasta muy rápido. Lo podemos afirmar después de cinco años de trabajo académico en una universidad limeña y varios lustros de observar la realidad turística nacional.

 

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Lo vuelvo a mencionar: en Conchucos todos se han mojado, o casi todos. Salvo, en la proporción que se necesita, el burocratismo estatal. Ese refugio donde los reyezuelos locales hacen lo que quieren, gobiernan sin opinión pública. O al menos sin ciudadanía atenta y entonces prospera el despilfarro del billete de todos, que en estos territorios se suele gastar en palacios municipales y otras cojudeces. Por eso, querido Pino, considero que hay que dejar los temores de lado y asegurar que se articule, a partir de las OGD que vayamos creando, la resistencia cívica. Qué importa que en este juego se utilicen dineros de afuera. Hay que promover la construcción de una superestructura que permita el crecimiento orgánico de cada uno de los actores comprometidos en el hecho turístico, desde los que conforman el núcleo empresarial privado hasta el propio Estado. Todos los actores, las comunidades vinculadas al turismo, las ONGs que trabajan en el campo, la Iglesia, que tanto hace en algunas regiones para crear desarrollo, las universidades, los institutos técnicos. Todos.

 

 

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Si cada territorio turístico estuviera gobernado por su propia gente y que todo el mundo tuviese claro el papel que le toca jugar, como ciudadanos y organizaciones de un país que necesita crecer –sobre todo económicamente hablando- para poder torcerle el pescuezo a la pobreza extrema, otro sería el cantar. Tendríamos productos turísticos afinados por el consenso y la planificación, coherencia en la búsqueda de un objetivo común y desarrollo de verdad. Y eso solo se encuentra si es que nos juntamos de verdad y derrotamos de una vez al “sálvense quien pueda”, ese malsano grito de guerra que siempre sucede al miedo y que en nuestras llactas reemplazó hace mucho a ese ideal comunitario del que nos hablan los libros de historia del Perú. Por eso pienso que las OGD pueden convertirse en ese refugio de gobernanza que debemos encontrar en cada ayllu (imaginario) del país que soñamos. Saludos, Pino, desde Lima y empaca maletas para reencontrarnos en Tinajones.

75. En Barranco, luces…en Quebrada Verde, tinieblas

Febrero 9, 2009 por boletodeida

(Titilaca, península de Chucuito, Puno) Estuve en la marcha que los vecinos de Barranco llevaron a cabo el miércoles pasado para denunciar el maltrato que vienen recibiendo desde hace meses de sus autoridades edilicias, responsables como son de la destrucción de las principales calles y avenidas del tradicional distrito sureño, dizque para la ejecución del megaproyecto del Metropolitano. Barranco ya no es más el espaciado rincón para la bohemia y el pasear; hasta hace unos días, solo por mencionar una de las tantas perlas del carnaval de su alcalde, transitaban por la avenida San Martín 837 vehículos de transporte público por hora y, al decir del especialista Jorge Ruiz Huidobro, ocho mil automóviles cada sesenta minutos, que se duplican los fines de semana, atraviesan un distrito histórico que por sus características debería tener un plan de transporte compatible y amigable con su condición, reconocida por propios y extraños, de distrito monumental, arquetípico.

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Nada de eso se hizo, como me lo comentó en su momento Adriana León, una de las impulsoras del movimiento cívico Salvemos Barranco, espontánea movilización que logró convocar a miles de barranquinos, hartos todos del desatino, la improvisación y la falta de respeto edilicia, quienes lograron que el municipio de Lima volviera a brir la avenida Bolognesi comprometiéndose además a dar solución a los problemas señalados. Para Adriana, el alcalde Mezarina sucumbió hace buen tiempo a los buenos deseos del burgomaestre limeño, quien contra viento y marea viene impulsando la ejecución del llamado Corredor Segregado de Alta Capacidad, el tristemente célebre Metropolitano. No estamos en contra de las obras públicas que pongan coto de una vez el desorden del transporte de Lima; por el contrario, qué vivan la modernidad y la lucha contra la informalidad de quienes manejan buses, combis, caldinas y mototaxis.

El tema es otro. Tanto en las ciudades del interior como en el campo y, en la congestionada Lima también, debe prevalecer el respeto al ciudadano común. Ergo, los proyectos edilicios (o de cualquier otra índole) deben ser consultados a la gente; tienen que ser, sobre todas las cosas, un ejercicio básico de democracia donde la información relevante, de calidad, sobre el proyecto en cada una de sus partes, está puesta sobre la mesa de los contribuyentes directamente afectados/beneficiados por la obra en ciernes. Así de sencillo, los barranquinos y este servidor solo le pedimos eso al alcalde. De igual manera, piden lo mismo los comuneros de Majaz o los de Quispicanchi. El triunfo de Salvemos Barranco demuestra que cada vez queda menos espacio para el caballazo y el “arrímate nomás”. Eso parece no haberlo entendido Castañeda Lossio y Mezarina Tong.

En fin, los convocados por el colectivo Salvemos Barranco, liderado por exalumnos del colegio Los Reyes Rojos (en primera fila puede ver, orgulloso, a Paloma Duarte, Adriana León, Andrea Lértora, Pepa Duarte, Elisa Canziani), exigen ahora la inmediata implementación de una mesa de diálogo vecinal que garantice la aprobación de un estudio de impacto ambiental serio y, también, la reformulación ¡ya¡ del proyecto de marras. Quieren salvar a Barranco de la destrucción, postulan, al igual que los muchachos del movimiento Barrio, algo muy sencillo: calles ganadas para la convivencia ciudadana y el disfrute. Nada más.

Lo mismo exigen los jóvenes del Centro Poblado Rural Quebrada Verde quienes desde hace varios días duermen en las lomas de su jurisdicción atentos a cualquier nuevo atentado de los obreros de Cemento Lima. Como se sabe, un día después del éxito ciudadano en Barranco, un piquete de trabajadores de la cuestionada compañía cementera, inició, sin consulta alguna, la construcción de una zanja que ha puesto en riesgo la salud de las lomas de Lúcumo, allí donde se venía gestando, desde mediados de los noventa, el más interesante proyecto de turismo sostenible que tenemos para mostrar los habitantes de Lima. El Circuito Ecoturístico Lomas de Lúcumo-Quebrada Verde, inaugurado en el 2003, recibe a miles de turistas cada año, los que con su presencia permiten sostener las economías de un grupo de familias que han visto en el cuidado del ecosistema donde viven una opción de trabajo digna y sumamente ejemplar.

La respuesta a tan brutal atropello no se ha hecho esperar. Piquetes de alumnos de la Universidad Nacional Agraria han prometido mudarse a las lomas para defenderlas de la arbitrariedad y por Internet se ha iniciado una cruzada cívica que crece conforme pasan las horas. Voceros de Cementos Lima, han manisfetado su extrañeza por las obras y han prometido explicaciones. De verdad las esperamos, en Barranco o en Pachacamac, necesitamos autoridades que se pongan al servicio de sus electores, no cacasenos que le tienen miedo al progreso y creen que la razón está siempre del lado de los poderosos. El país ha cambiado, los jóvenes, principalmente, se aferran en creer en el futuro. Y ese es el gran cambio que estábamos esperando…a pesar de los nubarrones que de vez en cuando nos afligen tanto.

74. Sobre héroes y tumbas: el caso Pómac

Enero 23, 2009 por boletodeida

(Villa, Lima) Para nadie era un secreto que en Pómac se venía cocinando un menjunje peligroso, explosivo, difícil de manejar. En VOL, por lo menos desde mediados del 2005, hemos venido informando a nuestros lectotres a través de Enrique Angulo, conocido periodista ambiental que con paciencia de santo no se cansó de llamar la atención sobre lo que se estaba jugando en el contencioso entre el Estado, representado por la fiscal del turno y los invasores del ahora célebre bosque lambayecano. Para los que nos siguen y para todos aquellos que suelen espectar el devenir de los sucesos ambientales por medios como El Comercio y La República, por citar solo dos casos de diarios muy sintonizados con el problema originado por los invasores en el Santuario Histórico, el tema venía de lejos, quizás desde el 2001 cuando se inició la incursión que nos toca lamentar.

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No se trataba, por tanto, de un asunto nuevo o de una noticia de connotaciones imprevisibles. Para nada. Lo ocurrido en Pómac, más bien, olía/sabía a lo mismo que venimos observando en otras áreas naturales protegidas. Un Estado débil para ejercer la ley, una población mal informada que no se toma ninguna molestia al momento de invadir zonas que considera abandonadas o de nadie. Una policía al garete. Idem que en Puerto Maldonado o en Aguas Calientes, digamos.

Por eso hubiera sido maravilloso enterarnos que el desalojo de los invasores en Pómac se produjo sin muertos de ningún lado. Como en Santa Anita, el año pasado. Lamentablemente dos humildes policías murieron y eso, más allá del paso adelante que significa haber recuperado legalmente tierras ocupadas por la fuerza, le resta méritos al esfuerzo. Sé que el movimiento conservacionista comentará en positivo lo avanzado y que la clase política volverá sobre el tema de los derechos humanos y todo lo demás. Alguien le pedirá explicaciones al ministro del Interior y otros más le exigirán que renuncie. Y punto.

Ojalá, por el bien de la institucionalidad ambiental que venimos construyendo, que la reflexión nos lleve -también- por otros caminos. Me sigue resultando inadmisible haber constatado que un día antes de la acción policial en Pómac, la sociedad civil, representada por el Comité de Gestión del propio bosque, se tuviese que reunir para convocar a una “chanchita” que le de solución al problema de alimentar y dar de beber a mil quinientos efectivos policiales trasladados a Lambayeque para el operativo de desaolojo. Increíble. Esta bien que estemos a favor de la división de poderes y que los mandatos judiciales deban cumplirse por el peso mismo de la ley. Pero ¿y la coordinación entre el Ejecutivo y el Poder Judicial?. ¿No se había dicho que un ministerio del Ambiente nos iba a permitir una representación eficiente en el Consejo de Ministros?. ¿Quién debió exigir, al más alto nivel del Estado, un acompañamiento firme a la decisión judicial de erradicar de invasores Pómac, evitando al mismo tiempo que ocurran muertes y otros desenlaces?.

Aunque voy a discrepar con Antonio Brack pienso que a él le cupo una acción más decidida. Debió nuestro ministro del Ambiente presionar para que el mandamás del Interior y el propio Yehude Simon, que de esto estaba más enterado que cualquiera, le dieran garantías sobre el éxito de la acción policial. O por lo menos le aseguraran compañía, con vituallas y cercanías, al contingente de policías que fue mandado al matadero. Vuelvo a decirlo, como en Santa Anita, donde la defensa de los terrenos invadidos también rayaba en lo delincuencial y era evidente un choque armado.

No fue así. Y por eso no tenemos muchos motivos para celebrar. En todo caso, fue una victoria pírrica. Sigo creyendo que la vida de un ser humano (y en este caso fueron dos) vale más que cualquier acción que precie de ser justa y necesaria. El fin no justifica los medios. En Pómac pecamos de ingenuos, o de despistados. El ministerio del Ambiente que estamos construyendo, sepámoslo de una vez, no solo debe ser entendido como un ente técnico, regulador, que de confianza. Es, ante todo, un espacio de definiciones políticas. Y la política se mide en resultados y en Pómac murieron dos inocentes. Qué lamentable.